hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

lunes, 28 de septiembre de 2015

Adios al chavismo

Roland Denis. Al paso por calles y campos, si en algún momento cualquiera de nosotros ha tenido que ser parte de la historia reunida en estos últimos 20 o 30 años, sin duda alguna se encontrará con caras malgastadas, frustradas, rabiosas, despidiéndose de una historia que al fin y al cabo es la de ellos y ellas, la historia por muchos años apasionada de lo que se ha llamado el chavismo. Una despedida que no es formal, se mueve entre la duda y hasta el llanto, en otras con la alegría de descargarse de un peso insoportable, pero despedida al fin de la historia que no se pudo. Este escrito ya desde hace mucho tiempo ha debido hacerse, pero ya es hora de echarlo sobre la rueda pública, palabras que en realidad tienen una connotación tan personal como política. Poco importa, porque ni en lo más íntimo dentro de todos los perfiles de una vida controversial siempre se van uniendo irremediablemente los asuntos personales y los políticos, las cargas sociales y propias que llevamos por dentro. Es por eso que las cosas en definitiva “hay que decirlas” si algo todavía tiene sentido decirse. La revolución son tonterías románticas, utópicas, quizás, pero que cobran toda su razón de ser cuando vemos como el corazón se une a la cantidad de sueños que han atravesado nuestras vidas, y que muchas veces han tenido que sufrir la atrocidad de las bestias represivas; dolor y querencia allí está la confrontación imposible de resolver. Y así como han tenido que sufrir al bárbaro también han sentido la maravilla de la apoteosis colectiva en su propio grito. Seres desplegados pidiendo el olvido a toda la maldición centenaria de la esclavitud, la pobreza y la sumisión para al fin hacerse dueños de sus cuerpos y tierras, que quisieron en su momento decirle adiós para siempre a esa historia odiada. Esa era la revolución y seguirá siéndolo pero en su senda perdida; la premonición de un gran fracaso que se revienta ante nuestros ojos, y que en mi caso lo pude percibir desde muy temprano. “Prefiero decir un NO” como dice la canción de la diva a seguir convalidando circunstancias que son algo que nos niega dentro de cualquiera que sea el sentido que le hemos dado a los pasos que uno a uno se han hecho entre luchas y sueños, ese es el mensaje latente que se siente tras bastidores de miles y miles de gentes que aún hacen lo posible de darle algún sentido a alguna franela roja que les sobra en el armario. Venezuela es un país mediano, sin connotación alguna dentro de la risa imperial que no sea su inmensa masa de recursos minerales y biocarburos, pero lleno de recordatorios legendarios que la vuelven una ensalada entre los mitos repetidos y las presencias de certeros engañadores a la zaga de la riqueza pública concentrada entre el BCV y PDVSA. Curioso país que no tiene nada que ofrecer en lo que acontece a su actualidad pero es el bolsón originario de todos los heroísmos nuestramericanos. Un meollo al fin sin síntesis posible entre grandezas pasadas y la realidad más inanimada sujeta al mando de quienes jamás entendieron lo que es un paso a favor de la alegría colectiva, ni tampoco les interesó en lo más mínimo. Cuando no hay visión de nación, no hay colectividades profundamente morales y mucho menos de una nación que propone al mundo una vida radicalmente distinta a la que nos impuso el devastador capitalismo, cuando ella es simplemente una guerra que se mueve entre discursivas grandiosas de heroísmos pasados y las ansias desesperadas por tomar el control de las rentas de riqueza que deja el subsuelo sortario, entonces pueden estar seguros que la “razón revolucionaria y emancipadora” rápidamente se esfuma, como ciertamente ha pasado y con ella lo mejor del chavismo. El chavismo se fraguó como una apuesta subversiva que supo en su momento recoger todas las fuerzas que quedaron pendientes luego de los grandes fracasos de las izquierdas armadas y reformistas, al mismo tiempo que una jugada con seres gansteriles que supieron entender que lo mejor era entremezclarse con la diáspora rebelde que desde mediados de los años ochenta no tuvo manera de contenerse, poniendo bajo la mesa muy bien escondida el verdadero conservadurismo que unía en una misma cofradía conspirativa al gánster con el ser más reaccionario, unidos al vuelo subversivo de los soñadores. Desde esa majestuosa ensalada donde no hay sabor que se combine, es que se entiende que el nuevo apogeo revolucionario tenía que asumir las formas de una gesta caudillesca como en efecto pasó. De hecho era imposible para aquel entonces una dirección colectiva, ideológicamente homogénea, más bien las apologías “a la diversidad, a la horizontalidad” que una y otra vez repetimos, en nuestro caso particular paradógicamente no eran más que una bienvenida al caudillismo, un rechazo al nosotros unificado y organizado y una raro retraimiento al “pueblo” liso y pobre comandado por su hijo elegido, de siglos pasados. Por estas mismas razones, era inaceptable la emergencia de un caudillo imponente y despótico, sino un aprendiz de la base popular que dio vida; la maravillosa senda y personalidad de Chávez. El también tenía que ser “diverso y horizontal”, es decir, igualitario, algo que Chávez entendió y militó en ello, aunque me haya pateado en la cara el libro de “Los Fabricantes de la Rebelión”, por indudable soberbia. Desgraciadamente ese mismo aprendiz de multitudes, de sus sueños y de sus programas, de la radicalidad extrema a la hora de proponer un nuevo horizonte a nuestro país, de esa fantasía inicialmente maravillosa del poder popular, del vomitar cualquier pasado para hacer cierta la posibilidad de algo que se asemeje a la realización material bolivariana, al mismo tiempo convirtió en tesis de gobierno arrastrar esa ensalada gansteril que poco a poco se fue comiendo no solo las antesalas burocráticas de la presidencia y ministerios sino a colectivos, dirigentes, cuadros históricos de la lucha revolucionaria. Si hay un legado de Chávez realmente oscuro es el no haberse sacado de encima el caudillo que lo obligaron a ser para convertirse en el dirigente con disposición a utilizar el mando de Estado en contra del sustrato gansteril que lo acompañó en su fase conspirativa y posteriormente democrática. Esta maraña de situaciones tengo años tratando de entenderla después de sufrirla, en algunos casos de escribirla, sin mayores éxitos, lo cierto es que tenía que suceder lo que hoy sucede para tomar el paso del cual muchos sencillos seres de mi país hacen sin mayores complejidades mentales, aunque sean muy intensos sus sentimientos: el adiós al chavismo. Una revolución supone situaciones de dura decisión que llevan consigo todos los riesgos de la historia, sin esas decisiones es absurdo, cobarde y mentiroso hablar de ella y mucho menos dirigir en nombre de ella. Si aquí no se hizo desde los inicios que era indispensable entonces desde hace mucho tiempo hemos debido hablar en estos términos. El chavismo muere con Chávez al igual que el fidelismo muere con la ida de Fidel de la dirección de Estado. Cuba y Venezuela han sido las últimas utopías de Estado revolucionario encarnadas en los héroes que le dieron paso. Chávez al no romper con el caudillo que le crearon alrededor suyo, no tuvo otra salida que gritar la necesidad de la ruptura cuando su vida se sabía acabado, pero aún así, y personalmente sin entender aún porque no se atrevió a ello, dejo intacto el sustrato gansteril. No entiendo porque más miedo se le tiene al poder que te rodea que a la propia muerte. ¿Es que las estructuras de burocráticas de Estado son tan inmensamente poderosas que aún frente a la evidencia de la muerte se imponen?. Aquí hay algo que no entiendo, es un fondo metafísico desconocido o simplemente alguna información que me falta, o será que soy un imbécil. A partir de allí ha venido un desastre que harto estamos de denunciarlo en sus efectos y orígenes material-económicos, políticos, sociales, pero en este caso no se trata de repetir lo gritado. Un amigo me decía que en estos días en uno de estos programas de chismes contra la oposición de Diosdao Cabello, el amigo ya no solo habla de chismes acompañados por cualquier cantidad de discursos de Chávez, sino que ahora, asemejando al caudillo, hace programas junto a civiles y militares que lo aplauden. Pero burlándose de su héroe y comandante, hace poco monta un programa donde su público militar y civil, aplaude nada menos que una hora de televisión presentando a su familia. No es la familia de su cachifa que las deben tener a montones la que vale, no es la familia haciendo colas condenada a un sueldo pírrico que no es más que explotación pura de una fuerza de trabajo que paga con su esfuerzo lo que otros han desfalcado, es su familia, padres, tíos, hijos, hermanos, y dele, gozando las consecuencias infectas de una historia. Su goce es el retrato perfecto de la burla a nuestra explotación como pueblo. Pero en fin, más que el aborrecimiento que personalmente me da semejante manipulación mediática con valores fotográficos gomecistas o propios de las culturas pictóricas de la oligarquía del siglo XIX, quiero simplemente acotar que el “adiós al chavismo” no es solo del honor indignado del pobre, es también de los que se gozan con televisión al frente, todas las divinidades del poder. Si mi familia es lo bonito, el caudal de una fama política heredada, entonces mi amigo usted quedó absorbido del todo dentro de una equivalencia sonámbula de que su familia pueda ser el retrato de algún placer que dignifique al ser nacional. ¡Que locura egocéntrica, reaccionaria y edonista!...¡adiós al poco chavismo realmente profuso y de pueblo que queda!...y súmenle una cuota simbólica evidente: militares aplaudiendo el acto, es al mismo tiempo un mensaje de terror que bajo sus sonrisas compradas nos están añadiendo haciendo uso familiar del orden mediático que controlan. El poder corrompe, si claro pero más allá de todo el poder es una creación histórica desde que un hombre se puso por encima de otro creando las diferencias sociales, algo que solo desde Maquiavelo se entendió cuan poco tenía que ver con lo moral sí mucho de la capacidad de mover las técnicas de la manipulación de circunstancias en la relación amigo-enemigo. Fue genial su aprendizaje o lo que inspiró, dejó en claro de que se trata la política frente a un mundo que se preparaba para invadir el mundo bajo su modelo mercantil-explotador que habrían de llamar “democracia”. El chavismo como a todos le tocó también corromperse, reproduciéndose en un legado de digna manipulación maquiavélica donde a diferencia de tantas memorias revolucionarias pasadas no deja materialmente nada. No deja nada que suponga inteligencia, productividad, ciencia, organización colectiva, de lo cual podamos estar orgullosos a pesar de todo. Es un legado vacío y meramente simbólico, donde solo los pocos que han podido resistir al cerco violento y burocrático al que han condenado este país, quedan medrando un grito revolucionario y autogobernante posible: comunidades, comunas, ordenes de control obrero decaídos, sin posibilidad alguna de unificarse para despedazar esta infernal burla. Eso ahora es imposible, mas tarde quizás pero los pasos de unión habrá que darlos, y son muchos y largos. El “adiós al chavismo” es el adiós a un extraordinario sueño que frente a nuestras caras se nos convirtió en una pesadilla, en una especie de maldición a la cual todas las tendencias que se dicen revolucionarias día a día le proponen una salida; unas mas principistas, otras más pragmáticas, otras valientemente se despegan del comando político oficial. Pero así mismo, todos los días esto va perdiendo más y más sentido, ya que el chavismo dejó de tenerlo, siendo inútil proponerle salidas cuando su esencia quedó totalmente ahogada en el fichaje gansteril que gobierna el gobierno, gobierna sus bases, gobierna el saqueo monumental que han generado. Los afiches del recuerdo chavista y del mismo Chávez se desmoronan ante la indiferencia colectiva, para pasar a la nada, al símbolo sin contenido propio de los capitalismos informáticos, esa “estética del vacío” que inauguraron ya hace unos años nuestros espléndidos escuálidos. Y esa es precisamente la razón por la cual el chavismo muere condenando a todo un pueblo a la improductividad, fascinado por la capacidad de manipulación que le ha dejado su comandante-presidente y que se la arrebatan después de muerto, pero deshaciéndose a su vez en esta fascinación mediatizada. Se olvidaron de hacer el cálculo en el tiempo de cuánto funciona semejante imposición al subconsciente colectivo. Ya llegó su fin, ya llegó el adiós que millones le estamos dando. Estoy seguro no obstante, que este adiós, y los que se van a ir acotando, no son solo un final de frustraciones dejando castrada la aventura revolucionaria. Precisamente ese enorme vacío, ese contexto de radical improductividad con que deja tirado el chavismo este país, puede ser al mismo tiempo, el punto de partida de un nuevo brote soñador, sin caudillos ni ordenes simbólicos preestablecidos, de relaciones directas, horizontales, comunicantes y productivas entre comunidades de seres trabajadores donde resplandezca de nuevo la “moral del alzado”. Sin nos fijamos en el proceso de pacificación de las FARC y probablemente el ELN en Colombia, también podría decirse que muere lo que fue un gran sueño lleno de sangre. O la misma Cuba de donde renace el placer de la usura y la acumulación, después de décadas de increíbles esfuerzos, combinada a la amistad con los EEUU. Puede ser que generaciones que ya hemos pasado los años nos quedemos atrapadas en esta frustración, trataré que no sea mi caso. La sangre nuestramericana no se va a quedar quieta, y mucho menos entre nosotros venezolanos donde el chavismo al irse finalmente al carajo, nos deja todo por hacer, vivitas las utopías de quien no acepta morir entre afiches y propagandas; la nada nos forzará a la creación. Un mundo nuevo sigue por crearse y la belleza vital del Che que todavía muerto parecía en vida, lo sigue inspirando, mientras tanto váyanse al coño de lo que sea grandísmos farsantes, ladrones, mentirosos, traidores, que el pueblo venezolano y nuestramericano pide paso, y si no se lo dan será de nuevo con su sangre que sabrá dárselo, ¡no hay pueblo vencido!. Si te interesa el artículo...Pincha aquí

martes, 21 de julio de 2015

Las definiciones lapidarias de Nicolás Fundamentos de Gobierno Popular: la claridad de Maduro Por: Roland Denis

¿Si hablamos de Gobierno Popular en que nos fundamentamos?. Partamos de una declaración tan simple como brutal de parte de Nicolás Maduro: “la clase obrera no esta en capacidad de asumir el control de la economía nacional”, palabras dichas precisamente el 1 de Mayo frente el movimiento obrero. Como Poder que emite un juicio absolutamente arbitrario, estas palabras de Nicolás pueden haber sido dichas en el nacimiento de los Estados hace 500 años por cualquier rey europeo decidiendo frente a las cortes quien de los campesinos libres estaba en condición de asumir propiedad de tierras. En su lógica y razón como poder que monopoliza la soberanía de un pueblo, el Estado sigue siendo exactamente el mismo, con reyes coloniales o presidentes socialistas. No hay viejos Estado coloniales, luego unos capitalistas, unos imperialistas, hasta llegar a unos especies de Estados salvadores socialistas; como estructuras que se colocan al margen de toda obediencia frente a un supuesto soberano que les da legitimidad para ejercer el mando, el Estado es exactamente el mismo desde su invención hasta hoy: hay gobernantes y hay gobernados, igual que hay trabajadores y hay patrones, y punto, ese es el orden de división social del poder y del trabajo. No hay mas o menos Estado que la tuerca que aprieta y garantiza este ordenamiento mundial del poder. En este caso Nicolás determinó, porque le dio la gana y el Estado le da el poder para ello, que los trabajadores no pueden ser sus propios patrones y punto, no están en capacidad y punto. Que luego tenga la desverguenza de seguir llamándose socialista y “presidente obrero”, es otra cosa. La de Nicolás es una frase lapidaria que sirve para entender en este caso la enorme distancia que hay entre el poder de Estado, como estructura única de mando absoluto y el sujeto político que precisamente ha sostenido y corporizado -es el cuerpo vivo- de la voluntad de quebrantamiento por lo cual un hombre como Nicolás dispone de la presidencia de la República, siendo un hombre que en principio actúa de acuerdo a un legado revolucionario específico. En otras palabras representa algo que desde el Estado debe matar: la revolución social, y esto no solo le ocurre a Nicolás, en igual medida fue el vaso de agua en que se ahogó el propio Chávez. Pero es también una frase que ha podido decirla cualquier jefe comunista o socialdemócrata en los últimos noventa años, desde el momento en que comienza a ser reemplazado el poder soviético de base en la URSS, por los funcionarios del partido-Estado de Stalin, o cualquier gobierno socialdemócrata reprimiendo a la clase obrera mientras el fascismo inundaba Europa. La evolución del movimiento socialista mundial indujo políticamente a los estallidos antisistémicos comunistas a “asaltar el poder” y hacerse Estado, con la ilusión de tomar en sus manos una estructura política creada por la burguesía emergente desde el siglo 15-16, para acelerar el tránsito de su liberación. Es el equivalente a lo que hubiesen sido unos siervos y artesanos comerciantes tomándose las monarquías y los mandos eclesiales, y con reyes y cardenales puestos por ellos, acabar con el feudalismo. Ya la burguesía luego de ensayar los dominios de estos poderes antaños, a la final supo que esto era un absurdo, había que inventar un aparato de poder distinto, para eso consagraron el principio del Estado-Nación. Pero el movimiento comunista salvo las tendencias consejistas y anarquistas que quedaron marginadas, no (indistintamente de todas las advertencias hechas por sus creadores Marx, Engels, Lenin, Gransci, Mariátegui, Trostky, Mao, etc). Hicieron lo que ya la burguesía supo que era un absurdo y por lo cual destronó a los reyes y acabó por completo con el poder monáquico-feudal, mientras que socialistas y comunistas conservaban lo que la burguesía inventó. Un perfecto absurdo que ha terminado históricamente en un gran fracaso, no solo acá en todos lados si de revolución social y libertaria hablamos. El jefe de Estado, o el Estado en su conjunto, decide, por derecho a monopolio de juicio, lo que somos y lo que podemos ser. El poder constituido antes de ser un simple monopolio de armas y recursos, es el que define las condiciones y posibilidades de una realidad, de acuerdo por supuesto a su entendimiento e interés, que en ningún momento habrá de fundirse con el sujeto político que le delegó su soberanía. Todo Estado -ya los teóricos del fascismo lo sabían perfectamente y ahora lo ratifican muchos de los filósofos mas radicales como Agabamen, es un “Estado de facto”-, es la “la nuda vita” romana, donde unos cuantos decidirán la condición de vida del conjunto colectivo. Aquí esta la prueba, en este caso Nicolás decidió: somos demasiado imbéciles para gobernarnos a nosotros mismos y producir colectivamente lo que necesitamos...amén, se ha dicho; la democracia queda para los lloriqueos y pataleos sucesivos después que el poder defina de facto; a la final un juego a estas alturas totalmente mediatizado y terriblemente impotente; mientras el voto, déjenlo tranquilo que es un comercio más. Pareciera por tanto que tenemos una tarea, llámenla o no de la “revolución bolivariana”, y es demostrarnos a nosotros mismos y frente a todas estas élites que han tomado el mando sobre el poder de Estado (los “hijos puta de Pancho Villa”), que por el contrario el único “buen gobierno” posible es el que se haga por fuera totalmente del desastre capitalista y estatista que ellas representan, y para lo cual como oposición o gobierno se toman y se riñen la maquinaria de Estado. Maduro no dijo algo propio, simplemente de una manera brutalmente sincera, asumió de lleno lo que han sido en todos los fracasos del socialismo real e irreal en el mundo. La misión restauradora, el “termidor” permanente que han significado los grupos representativos de las clases subalternas frente a sus diversos procesos de liberación, una vez ubicados en el poder de Estado y sin “otro poder” que los limite y le imponga obediencia a ese Estado. Hay solo una salvedad que tenemos que tomar en cuenta. Los socialismos estatistas históricamente, más o menos despóticos, comunistas o socialdemócratas, abrieron las condiciones de un desarrollo industrial formidable absorbiendo una enorme masa de trabajo que aceleró lo que ya Marx hablaba como “subsubsión real del trabajo al capital”, cuando todo el trabajo entra a formar parte dentro del sistema de valorización del capital y no solo una minoritaria masa obrera. Es el goce que hoy viven las élites capitalistas en Rusia, Europa del Este, Vietnam o China después del heroico despliegue productivo del socialismo estatal y las luchas de liberación nacional, a lo mejor dentro de poco mas pequeñitos vendrán los cubanos y coreanos. Mientras que por el lado de nuestro “socialismo burocrático-bachaquero” se ha hecho todo lo contrario. Se ha desconectado por completo el trabajo, destrozando su organización social industrial, destrozando el enorme potencial creativo y productivo planteado en un principio, llevándonos de más en más a una situación del “salvese quien pueda”, la hegemonía de los capitalismos corrupto-mafiosos, las organizaciones paraestatistas, la violencia endógena y pare de contar. Un fracaso terrible en el doble sentido: el desarrollo de una sociedad y su despliegue libertario, donde lo único que les queda por aclamar e inflar publicitariamente son resultantes de una inversión de gasto público que hoy con el desfalco, la hiperinflación y el deficit fiscal, se viene al piso poco poco. Con mucha más razón y derecho tenemos que construir un sistema de Gobierno Popular por fuera de esta maquinaria del desastre que ya no le quedan sino unas casas nuevas que reivindicar, y que muchos vivos se las llevan por cierto. Y esto no se puede justificar diciendo que somos una sociedad rentista, corrupta, individualista, porque todos los capitalismos y por tanto -dada la globalización- todas las sociedades son así en sus condiciones específicas. Es el fracaso gerencial y ético de una dirección política, y que en los últimos 3 años ha terminado de defenestrar lo que ya era una camino plagado de errores, con visos en muchos casos personales de ser unos “soberanos traidores” que hoy conservan el poder a punta de lealtad sumisa, monopolio mediático, pistola y dinero. ¿Todo el poder para el pueblo? Llegados a estas condiciones debemos estar conscientes que el camino, sino se quieren fracasos definitivos, y el “salpique” productivo y autogobernante que aún tenemos tenga algún sentido, pues convirtámoslos no en aventuras marginales, sino en una propuesta estratégica para un proceso mucho las largo y duro de lo que se suponía. La experiencia que hemos tenido como izquierda (y extrema izquierda) en el poder de Estado, al menos aquí, solo ha servido para confirmar lo que ya en medio de advertencias teóricas, deducciones e intuiciones, frutos de las pequeñas experiencias revolucionarias que vivieron, nos dijeron los grandes movimientos y cabezas proféticas del movimiento comunista respecto al Estado burgués. El hecho es que por muy frustrante que sea el presente, y yendo mucho más allá del del marxismo en sí, sobretodo sacándonos de encima el panfletario marxista-leninista tanto revisionistas como extremos, podemos seguir situándonos dentro del espíritu de esas consignas que nacieron en los años ochenta y noventa: “no hay pueblo vencido...todo el poder para el pueblo”. La consignas originales son esas verdades que nace de irrupción de masas que mas adelante apuntan a una estrategia general: ya llegó la hora de comenzar el debate para su establecimiento. Partamos de un hecho fundamental: el movimiento de resistencia antisistémico, es decir, comunista, sigue vivo. Chiapas zapatista y Rojava en el Kurdistán son sus joyas mas hermosas, combativas y creativas en estos momentos. Las premisas son las mismas que hace 170 años cuando nació: una irrupción libertaria proletaria-rebelde y en armas, un escenario igualitario de construcción de nueva sociedad infinitamente múltiple, un poder asambleario, desconcentrado hacia abajo y concentrado en su dirección colectiva, y un intrincado entramado de alianzas, solidaridades y relaciones que construyen la hegemonía del sujeto revolucionario más allá de sus territorios de control. Pero por doquier, ese movimiento antisistémico se hace presente, piensa, resiste y fabrica nuevas realidades, redefine sus caminos convirtiéndose en una escuela mundial de la liberación. Mucho se ha buscado en Venezuela el escenario de concreción del propósito mundial emancipatorio. Del mundo entero han venido acá tratando de encontrarse con esa promesa hecha por nosotros mismos como artesanos de la revolución bolivariana. No es exactamente una medalla de oro la que hemos obtenido, algunos reconocimientos y solidaridades frente a experiencias de poder popular interesantes, pero de más en más es la izquierda institucionalizada mundialmente la que se pronuncia por y desde Venezuela. Esa “otra sociedad”, es decir, esa “otra política”, ya no existe real y oficialmente, es su la retorica izquierdista, antinorteamericana mas que anticapitalista, enlazada con la geopolítica comandada por China y Rusia las que les interesa, aunque últimamente con el apoyo por la diplomacia venezolana en las Naciones Unidas al genocidio en el Yemen por parte de Arabia Saudita y el apoyo de EEUU, eso también está cambiando. Venezuela ha mermado en extremo su lugar profético para convertirse en un apoyo táctico, débil y dudoso para muchos, de una izquierda envejecida que todavía respira desde los códigos de la guerra fría. Un proyecto soberanista en última instancia que es lo que le queda como izquierda de Estado, y que por supuesto hay que resguardar, pero pierde gran parte de la trocha alcanzada como revolución social. Esto nos obliga a reimpulsar el proceso revolucionario original, hecha y fracasada la experiencia estatista, distributiva, rentista, por parte de una izquierda aliada al movimiento militar nacionalista que finalmente se los chupó la misma lógica de Estado en su propias características nacionales. Fundamentar este reimpulso supone bajo las premisas de Lenin, “un paso adelante y dos atrás”. Echar atrás y reestructurar el movimiento revolucionario más genuino en función de ordenar un “salto adelante” a mediano plazo que suponga la irrupción generalizada de formas heterogéneas y avanzadas de Gobierno Popular por fuera del Estado y quebrando su lógica vertical y acumulativa. La capacidad que se tenga para articular este inmenso reto nos pondrá en sintonía con un movimiento antisistémico-comunista mundial que va en el mismo sentido atravesando circunstancias muy diversas: este es el verdadero “comunismo del Siglo XXI”. La suerte que tenemos de haber vivido la “toma del poder” y a la vez avanzar dentro de territorialidades que empiezan a profundizar su sentido de autogobierno, es lo que nos da un punto de avance, mínimo aún, sobre otras realidades mucho más aplastantes, como es el caso colombiano, y la irresoluble guerra que aún tienen que enfrentar, o el sin sabor de los gobiernos “progresistas” de Argentina o Brasil que empiezan a ser carcomidos por burocracias sin ninguna disposición de quebrar orden alguno. Los Estados murieron como utopía cualquiera que sea, ya hoy son consulados o principados de una geopolítica imperial que nos come a todos, unos dominates dueños de la corte imperial aunque tensionados por contradicciones interimperialistas, otros con mas fortalezas y por tanto negocian su papel en las cortes imperiales, otros muchos más débiles son juguetes que se pelean las grandes potencias. Pero el principio de “todo el poder para pueblo” posiblemente luego de haber hecho y fracasado en estas inmensas experiencias de Estado, sea mucho más claro que hace 100 años. Los pueblos uno por uno, tendrán que ir montando el tinglado nacional y supranacional de su propia gobernanza y control dentro de una historia que no sabemos para nada en que va a terminar -para el bien o el mal definitivo- y que correrá paralela al progresivo fin de los Estados-nación y el sistema capitalista que protegen. Su expresión siempre será múltiple e infinitamente varianda, precisamente porque no son proyectos unidos a una lógica única y vertical de Estado. “Gobierno Popular” es simplemente una manera nuestra de nombrar lo indefinible para una nueva y otra historia dentro de la cual tenemos nuestro pequeño grano de arena que aportar, teniendo entre manos felizmente un terreno abonado, hecho con esfuerzo y alegría pero también con una sangre que sigue corriendo. Si te interesa el artículo...Pincha aquí