hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

domingo, 18 de noviembre de 2012

El voto que fue, desde la razón de todos

Palabra Colectiva

Una vez consolidado el triunfo electoral del Presidente de la República en las elecciones del 7 de octubre de este año, un número significativo de colectivos sociales nos dimos cita para elaborar desde la razón de todos, algunas lecturas necesarias en torno al proceso electoral y el escenario de profundización de nuestras luchas sociales. Conscientes de que el debate no gira en torno a un escenario meramente electoral sino político y estratégico del proceso bolivariano, iniciamos nuestros diálogos preguntándonos sin embargo por la orientación que se le confirió a la campaña presidencial del 7-0 para destacar en ella la participación activa de los colectivos sociales en función de otorgarle una lógica distinta y de ruptura con la abanderada por el Comando Carabobo. Mientras la campaña oficialista se abría paso bajo el tema de la canción Chávez, corazón del pueblo apelando a argumentos sentimentales y superficiales, y en abierto llamado a la conciliación entre los venezolanos, con miras a sumar el voto de la población joven y la incorporación de los votos de la clase media; en distintos espacios comenzó a emerger una campaña de abierta consciencia clasista que rescató la imagen combativa e insurgente del ideal revolucionario, y que de una u otra forma, impactó en la recuperación del voto joven, aunque continuó guardando distancia con el arisco voto de la clase media inconforme con la gestión gubernamental. De acuerdo a los datos aportados por la gran mayoría de las salas situacionales activadas por los colectivos sociales a lo largo y ancho de nuestra geografía nacional, así como por las de los partidos afectos al proceso, el triunfo electoral del 7-0 fue garantizado a última hora, en el momento en el cual el chavismo se manifestó desde las bases reales que lo constituyen como movimiento popular, es decir, rompiendo con toda la lógica aparatera y electorera que había dirigido la campaña y que colocó la contienda electoral a punto del fracaso. Voto clasista, entusiasta, reivindicativo de lo que realmente importa: la continuidad de una gran esperanza condensada en el significante de la revolución socialista. De allí que el tema de la conciliación sea percibido con cautela por muchos colectivos sociales para quienes los acuerdos que se establecen con fundamento en intereses y concesiones político-económicas para la preservación del poder por el poder mismo, no son más que expresión de nuevos pactos que asfixian y cercenan cualquier posibilidad de transformación de las estructuras capitalistas. Cada vez más el pueblo exige la participación prometida. Entiende que las grandes dificultades por las cuales atraviesa nuestro territorio no se circunscriben solamente a un problema de gestión, sino que descansan sobre un sistema injusto y corrupto que definitivamente debemos destruir para encarnar el verdadero espíritu de la democracia participativa y protagónica. Y por ello también ese pueblo ha venido sintiéndose defraudado frente a un conjunto de acciones políticas que insisten en tratarlo como beneficiario, y que no alcanzan siquiera a ser eficientes en el cumplimiento de su papel gerencial. Este descontento, por supuesto, tiene su indicador en cifras: A pesar de que el voto chavista resultó numéricamente suficiente para garantizar el triunfo, revela en la mayoría de los Estados una tendencia al estancamiento; en abierto contraste con el voto opositor, el cual muestra un crecimiento gradual de sus fuerzas electorales. No obstante, los colectivos sociales no nos llamamos a engaños: una cosa es el proceso de lucha del pueblo venezolano que ha demostrado ser históricamente invencible, y otro muy distinto el destino del proceso político del partido de gobierno, contra el cual ya comienzan los colectivos a manifestar la natural repulsión que producen sus prácticas clientelistas, triunfalistas, corruptas y caudillistas, así como la “diversidad” de métodos de ejercicios “democráticos”, entre los cuales incorporan la cooptación. Una compañera militante levanta su voz para afirmar: “Esta revolución se truncó, se desfiguró, cuando el poder se erigió por sobre todos nosotros y decidió el rumbo del proceso sin nuestra participación, pero somos responsables de eso como movimiento popular porque entregamos una vez más al poder constituido, el logro de nuestras luchas como poder constituyente”. Bajo la conciencia de estar frente a una realidad ineludible e impostergable, de la cual somos corresponsables, nos planteamos la necesidad de una organización sólida para profundizar el ejercicio de la democracia participativa y protagónica que reza nuestra Carta Magna, y que bien pudiera expresarse y articularse a través de una amplia jornada asamblearia o a través de vinculaciones orgánicas entre los colectivos. Lo urgente, en todo caso, es que asumamos los siguientes objetivos como acciones concretas en nuestros espacios de lucha: 1. Vencer la batería mediática oficialista que desmoviliza a los colectivos sociales y que intenta crear las bases de un movimiento popular en permanente silencio o autocensura, que disuelve nuestra palabra y la mimetiza con el discurso propagandístico del sistema público y quiebra nuestra propia libertad, nuestra verdad y nuestra razón de lucha. 2. Revertir a partir de una articulación real, la acción de “letargia localista” que ha absorbido a muchos movimientos que se supeditan al desarrollo de una presencia local sin articulación alguna con ninguna totalidad horizontal, situación que impide cualquier mediación orgánica entre la “acción local y la visión global” que tanto reivindicamos discursivamente, pero que en la práctica no consolidamos obviando las nocivas consecuencias de su ausencia, en la medida en que facilita enormemente el cerco dentro de las líneas burocráticas de conducción vertical institucional (movimiento popular administrado), la apropiación de su producción política (explotación de la plusvalía política del colectivo), y beneficia en último término todas las formas de corrupción del mismo movimiento popular que conocemos, condenándonos a existir en una eterna “táctica de sobrevivencia” que embasura nuestros principios y lo despolitiza para finalmente quedar como suplemento de los aparatos desmovilizantes del partido-gobierno. 3. Rescatar la autonomía del movimiento revolucionario popular, secuestrada por el Estado-gobierno que pretende dirigir y administrar consejos comunales, organizaciones obreras, campesinas, indígenas… delimitándolas territorialmente e impidiendo su confederación propia y horizontal, sus manifestaciones como verdadero poder popular distinto y contrario a la lógica del Estado capitalista y corporativo. Comprometidos en continuar los debates, los colectivos sociales nos llevamos varias tareas importantes que tienen que ver con la revisión de nuestras prácticas y la estructuración de mecanismos de articulación de nuestras luchas; pero por sobre todo nos despedimos con la firme convicción de que en este rincón caribeño, desde donde aún se oxigena la rebelión de Nuestra América, no nos está permitido el cansancio, la frustración o la derrota. Estamos obligados por el terreno abonado de nuestra historia a responder certeramente al inmenso, duro y bellísimo reto que tenemos por delante. 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