hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

miércoles, 14 de marzo de 2012

Lara: Detenidos por la GNB y torturados con electricidad integrantes del FRIO

laguarura.net
Ayer en horas de la noche fueron detenidos dos compañeros del Frente Revolucionario de Inquilinos y Ocupantes (FRIO) en Barquisimeto, Estado Lara, por oponerse a un desalojo violento que ejecutaba la Guardia Nacional en una Comunidad de ocupantes sin techo en la zona del aereopuerto.
Fueron violentamente golpeados en presencia de los vecinos y aún permanecen detenidos. Esta mañana militantes del FRIO y vecinos de los barrios de la zona se presentaron en la sesión del Concejo Municipal para solicitar un derecho de palabra en el que pedirian la liberación inmedata de los detenidos entre otras reivindicaciones. La Cámara el pleno les negó la solicitud.
En Asamblea se acordó iniciar una Huelga de Hambre en la propia sala de sesiones y cinco compañeros asumieron la responsabilidad de ejecutar esa desición en forma inmediata. La Guardia Nacional procedió a desalojarlos a golpes, patadas y peinillazos y los golpearon con los fusiles.

Ya hechos prisioneros fueron trasladados al comando de esta Fuerza, donde la defensa ha tenido acceso en horas de la tarde, recojiendo evidencia de los maltratos recibidos al momento de la detención, y en el caso de Carlos Sieveres a recibido descargas de electricidad.
Hacemos solidaridad desde el Sistema Comunicacional La Guarura y pedimos a todos nuestros compañeros y a nuestros colectivos autónomos, entrar en alerta denunciando por sus canales públicos este nuevo atropello contra el FRIO, organización hermana que en el estado Lara lucha por el derecho a la tierra urbana y al hábitat, oponiéndose a preservar el orden burgués de nuestras ciudades y adelantando un programa de lucha verdaderamente popular, alejado de las complicidades de la burocracia roja y de la derecha, ambas toldas de un sistema clientelar que sigue imperando en el estado gobierno.
Libertad para todos los detenidos, cárcel para los torturadores de la Guardia, destitución de los inconsecuentes y traidores del Concejo Municipal.
No queremos ser gobierno, queremos gobernar.  Si te interesa el artículo...Pincha aquí

martes, 13 de marzo de 2012

¿Otra campaña?

Edgar Gutierrez

Nota Previa: Este artículo fue escrito el domingo en la noche, antes de que se supiera, por boca del Comandante, su situación de salud. Pensé rescribirlo, sobre todo para evitar alguna suspicacia que nunca falta, pero al final decidí solamente agregar esta nota para ubicar las cosas debidamente y comprometerme, conmigo mismo a escribir otros dos lo más pronto posible, uno sobre “Chávez y la vida” y otro sobre “El entorno del presidente” Mientras tanto insisto en ésta propuesta que afortunadamente no es mía solo, pues ya hay otros compas, que desde otros lugares han lanzado la misma idea. Lo cierto es que “pa´tras ni pa´coger impulso”.
En estos días argumentaba por qué no importa cuantos votos sacaron. Pero ahora hay otra cosa que me inquieta aun más. Evidentemente la campaña ya empezó, todo el país (que no la nación) esta metida de cabeza en ese despelote. Ni siquiera el carnaval permite que se nos olvide. Y esa es mi inquietud. ¿Cuál debe ser la campaña que debe hacer la revolución?
Las cosas parecieran estar claras, de un lado esta el candidato de la burguesía (que no es nacional, pues hoy no existen “burguesías nacionales”) y del otro Chávez, el candidato del pueblo. Parece que el azar nos lleva a un enfrentamiento simple entre el mal (la burguesía) y el bien (el pueblo). Y entonces es fácil la campaña, pues es claro que la burguesía por asuntos no solo de principios sino de supervivencia tiene que ser enemiga del pueblo.
Pero, ¿eso es verdead lo de la campaña fácil? ¿es fácil de verdad la campaña? Bueno, si todo fuese en blanco y negro, es decir simplemente entre buenos y malos, pues sí, sería así de fácil. Pero el rollo es no es así. Evidentemente, todos los que están del otro lado son de allá. Es decir, puede haber votantes confundidos, pero estructuras, esquemas e intereses, están todos perfectamente bien definidos. Pero, y esa es una de las afirmaciones que seguro hacen roncha, ¿todos los de éste lado son de aquí? ¿Cuántos de los de aquí están aquí mientras les conviene, o están aquí sólo porque les conviene? ¿Cuántos de los de aquí están claros de la diferencia entre mantener el poder y hacer la revolución? ¿Cuántos están dispuestos a deponer sus intereses y trabajar por y para el pueblo y no para su propia tribu?
El problema es que una campaña que no sea revolucionaria, es decir que no se haga con la clara intención de cambiar estructuras en lugar de remendar armazones, será profundamente alienante y mercantilizadora. Me cuento entre los que, y tengo que aclararlo para que no quede ninguna duda, vamos a apoyar al Comandante presidente, ahora y más tarde. Pero estoy temiendo que la campaña que ya comenzó se va centrar en: “Chávez si es bueno”… fíjate que te dio una casa y te arreglo la pensión y puso un CDI cerca del barrio y bueno te está haciendo la vida fácil, por ello debes “pagarle” votando por él…
Y por supuesto los otros candidatos menores (gobernadores, alcaldes, etc.) serán tan buenos en tanto puedan mantener un discurso parecido a ese, es decir un discurso basado en el “yo te di, ahora dame tú” Y ustedes me perdonan pero eso es profundamente alienante (y creo que, hasta, contrarevolucionario) pues no representa otra cosa sino continuar en el estilo liberal-burgués de tratar el voto como una mercancía y solo como eso.
Ya lo decíamos en la nota anterior, en esas condiciones la persona no elije, simplemente vota, y nada más. ¿Qué tenemos que hacer para lograr una campaña que comience por decir que Chávez no le da nada al pueblo, solo, y desde su condición de Líder Revolucionario, le devuelve a este lo que el Capital y el mercado le han quitado toda la vida, pues no solo es la pensión, la comida, la salud y la casa, es también el derecho al conocimiento, a la diversión a la seguridad y a todas esas cosas que llamamos “felicidad”? ¿Cómo hacemos para tener una campaña que permita que el pueblo tenga estas ideas cada vez más claras y deje de votar por agradecimiento o por conveniencia? ¿Cómo hacemos para desarrollar una campaña que acreciente en el pueblo la necesidad de la participación, qué enseñe al pueblo a no tener miedo (ni de propios ni de extraños), que le muestre al pueblo que el poder le pertenece y ¡que debe ejercerlo!, y que esa es la única manera realmente válida de “agradecerle” al Líder?
No se, si alguien no tiene formular mágicas soy yo, pero estoy definitivamente creyendo que la forma de que tengamos una campaña así es dejando de lado el modelo liberal-burgués de hacer política y comenzar a pensar en una manera de hacer Política Revolucionaria. Es decir, deberíamos a comenzar a realizar Otra Campaña, otra completamente diferente.
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martes, 6 de marzo de 2012

La izquierda marrón

Eduardo Gudynas (*)

Está quedando en claro que para los gobiernos progresistas o de la nueva izquierda, las cuestiones ambientales se han convertido en un flanco de serias contradicciones.
El decidido apoyo al extractivismo para alimentar el crecimiento económico, está agravando los impactos ambientales, desencadena serias protestas sociales, y perpetúa la subordinación de ser proveedores de materias primas para la globalización.
Se rompe el diálogo con el movimiento verde, y se cae en una izquierda cada vez menos roja porque se vuelve marrón. Una rápida mirada a los países bajo gobiernos progresistas muestra que en todos ellos hay conflictos ambientales en curso.
Es impactante que esto no sea una excepción, sino que se ha convertido en una regla en toda América del Sur. Por ejemplo, en estos momentos hay protestas frente al extractivismo minero o petrolero, no solo desde Argentina a Venezuela, sino que incluso en Guyana, Suriname y Paraguay. En Argentina se registran conflictos ciudadanos frente a la minería en por lo menos 12 provincias; en Ecuador, la protesta local ante la minería sigue creciendo; y en Bolivia, poco tiempo atrás finalizó una marcha indígena en defensa de un parque nacional y ya se anuncia una nueva movilización.
En estos mismos países, los gobiernos progresistas alientan el extractivismo, sea amparando a las empresas que lo hacen (estatales, mixtas o privadas), ofreciendo facilidades de inversión o reduciendo las exigencias ambientales. Los impactos sociales, económicos y ambientales son minimizados. Los gobiernos en unos casos enfrentan la protesta social, en otros la critican ácidamente, y en un giro más reciente la criminalizan, y han llegado a reprimirlas.
La contradicción entre un desarrollo extractivista y el bienestar social acaba de alcanzar un clímax en Perú. Allí, el gobierno de Ollanta Humala decidió apoyar al gran proyecto minero de Conga, en Cajamarca, a pesar de la generalizada resistencia local y la evidencia de sus impactos. Esto generó una crisis en el seno del gabinete, la salida de muchos militantes de izquierda del gobierno, y una fractura en su base política de apoyo. El gobierno se alejó de la izquierda al decidir asegurar las inversiones y el extractivismo. Posiblemente el caso más dramático está ocurriendo en Uruguay, donde en unos pocos meses, el gobierno de José Mujica está decididamente volcado a cambiar la estructura productiva del país, para volverlo en minero. Se propicia la megaminería de hierro, a pesar de la protesta ciudadana, sus impactos ambientales y sus dudosas ventajas económicas.
Paralelamente, se acaba de aprobar un controvertido puente en una zona ecológica destacada, cediendo a los pedidos de inversiones inmobiliarios, y por si fuera poco, ahora amenaza con desmembrar el Ministerio del Ambiente. El gobierno Mujica no está rompiendo promesas de compromiso ambiental, ya que la coalición de izquierda es un caso atípico donde en su programa de gobierno carece de una sección en esos temas, sino que deja en claro que está dispuesto a sacrificar la Naturaleza para asegurar las inversiones extranjeras. 
Estos son sólo algunos ejemplos de las actuales contradicciones de los gobiernos progresistas. Estas resultan de estrategias de desarrollo de intensa apropiación de recursos naturales, donde se apuesta a los altos precios de las materias primas en los mercados globales. Su macroeconomía está enfocada en el crecimiento económico, atracción de inversiones y promoción de exportaciones.
Se busca que el Estado capte parte de esa riqueza, para mantenerse a sí mismo, y financiar programas de lucha contra la pobreza. Bajo ese estilo de desarrollo, la izquierda gobernante no sabe muy bien qué hacer con los temas ambientales. En algunos discursos presidenciales se intercalan referencias ecológicas, aparece en capítulos de ciertos planes de desarrollo, y hasta hay invocaciones a la Pacha Mama.
Pero si somos sinceros, deberá reconocerse que en general las exigencias ambientales son percibidas como trabas a ese crecimiento económico, y que por ellos se las considera un freno para la reproducción del aparato estatal y la asistencia económica a los más necesitados. El progresismo se siente más cómodo con medidas como las campañas para abandonar el plástico o recambiar los focos de luz, pero se resiste a los controles ambientales sobre inversores o exportadores.
Se llega a una gestión ambiental estatal debilitada porque no puede hincarle el diente a los temas más urticantes. Es que muchos compañeros de la vieja izquierda que ahora están en el gobierno, en el fondo siguen soñando con las clásicas ideas del desarrollismo material, y están convencidos que se deben exprimir al máximo las riquezas ecológicas del continente.
Los más veteranos, y en especial los caudillos, sienten que el ambientalismo es un lujo que sólo se pueden dar los más ricos, y por eso no es aplicable en América Latina hasta tanto no se supere la pobreza. Tal vez algunos de esos líderes, como Lula o Mujica, llegaron muy tarde a ocupar el gobierno, ya que esa perspectiva es insostenible en pleno siglo XXI. ¿Estas contradicciones significan que estos gobiernos se volvieron neoliberales? Por cierto que no, y es equivocado caer en reduccionismos que llevan a calificarlos de esa manera.
Siguen siendo gobiernos de izquierda, ya que buscan recuperar el papel del Estado, expresan un compromiso popular que esperan atender con políticas públicas y generar cierto tipo de justicia social. Pero el problema es que han aceptado un tipo de capitalismo de fuertes impactos ecológicos y sociales, donde sólo son posibles algunos avances parciales. Más allá de las intenciones, la insistencia en reducir la justicia social a pagar bonos asistencialistas mensuales los ha sumido todavía más en la dependencia de exportar materias primas. Es el sueño de un capitalismo benévolo.
Parecería que el progresismo gobernante sólo puede ser extractivista, y que éste es el medio privilegiado para sostener al propio Estado y enfrentar la crisis financiera internacional. Se está perdiendo la capacidad para nuevas transformaciones, y la obsesión en retener los gobiernos los hace temerosos y esquivos ante la crítica. Esta es una izquierda al fin, pero de nuevo tipo, menos roja y mucho más progresista, en el sentido de estar obsesionada con el progreso económico.
Este tipo de contradicciones explican el distanciamiento creciente con ambientalistas y otros movimientos sociales, pero también alimentan la generalización de una desilusión con la incapacidad del progresismo gobernante en poder ir más allá de ese capitalismo benévolo.
Muchos recuerdan que en un pasado no muy distante, cuando varios de estos actores estaban en la oposición, reclamaban por la protección de la Naturaleza, monitoreaba el desempeño de los controles ambientales, y apostaban a superar la dependencia en exportar materias primas. Esas viejas alianzas rojo – verde, entre la izquierda y el ambientalismo, se han perdido en prácticamente todos los países.
Llegados a este punto, es oportuno recodar que, desde la mirada ambiental, se distingue entre los temas “verdes”, enfocados en áreas naturales o la protección de la biodiversidad, y la llamada agenda “marrón”, que debe lidiar con los residuos sólidos, los efluentes industriales o las emisiones de gases. La mirada verde apunta a la Naturaleza, mientras que la marrón debe enfrentar los impactos del desarrollismo convencional. Bajo este contexto, el progresismo gobernante en América del Sur se está alejando de la izquierda roja y al obsesionarse cada vez más con el progreso, se vuelve una “izquierda marrón”. La “izquierda marrón” es la que defiende el extractivismo o celebra los monocultivos.
Frente a esa deriva, la tarea inmediata no está en la renuncia, sino en proseguir las transformaciones para que la izquierda sea tanto roja como verde.

(*) Investigador en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social). Si te interesa el artículo...Pincha aquí