hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

miércoles, 6 de julio de 2011

5 de julio de 1811: ¿qué hacía el pueblo pobre mientras sus amos gritaban “independencia”?

J.R.Duque

Si nos atenemos a la noción de “pueblo” que define al ser humano pobre, explotado, excluido o segregado, lo primero que es preciso anotar, con las miras puestas en el rescate de la historia del pueblo de Venezuela en el período republicano, es que hacia 1810 el pueblo era cerca de 90 por ciento de la población. Están incluidos acá los esclavos de minas y plantaciones, la servidumbre y los pulperos y pequeños comerciantes. Estos últimos eran mayoritariamente canarios; los primeros, negros y mestizos. No eran todos venezolanos, pero había una circunstancia o característica que los aglutinaba en un mismo grupo social: el profundo desprecio de los dueños del país (blancos peninsulares y criollos) hacia ellos, por su origen y condición.

Aquellos seres humanos hermanados por la miseria, la esclavitud y el odio de los poderosos (pulperos canarios y esclavos) poco después fueron separados y desgarrados mediante un ardid que todavía funciona: el proselitismo, la demagogia, la conducción interesada hacia fines y cataclismos ajenos a los intereses de clase de las mayorías.

Así, poco después del 5 de julio de 1811 asistimos al conocido holocausto en el cual dos porciones del mismo pueblo se despedazaron mutuamente defendiendo u hostilizando en contra de ideas, propuestas o nociones de las cuales no sabía un carajo: ni los “realistas” pobres habían visto nunca a ningún maldito rey y por lo tanto no tenían que profesarle ningún afecto, ni los “patriotas” pobres sabían qué cosa era eso de “patria”, "nación" ni “república”, como no fuera algo que le interesaba mucho al patrón y por lo tanto había que defenderlo o salir a buscarlo.

“La esclavitud honrada y laboriosa…”

La estrofa hímnica puede que haya servido para embaucar a millones durante mucho tiempo:

"¡Abajo cadenas!, gritaba EL SEÑOR
y EL POBRE EN SU CHOZA libertad pidió…"

Pero hoy por hoy todos sabemos, o deberíamos saber, que el rico señor nunca pensará ni anhelará lo mismo que nosotros los pobres en nuestras chozas. Eso es así hoy, y vaya si lo era en julio de 1811.

En un palmario y desgarrador bando de los próceres de la Primera República, hecho público el 26 de julio (15 días después de la firma del Acta de la Independencia) queda constancia de lo que significaba el pueblo pobre para la élite que se hizo con el poder defenestrando a la también criminal España. Ante la preocupación generalizada en las castas gobernantes por la proliferación de esclavos fugitivos que se dedicaron a emboscar a propietarios y comerciantes, el Supremo Poder Ejecutivo creó un cuerpo para neutralizarlos. Traducción para esta época: un cuerpo destinado a cazar a todo negro o pardo que estuviera fuera de las plantaciones. Dice el bando: “LA ESCLAVITUD HONRADA Y LABORIOSA NADA DEBE TEMER de estas medidas de economía y seguridad, con que el Gobierno procura el bien de los habitantes del país".

Celebraciones y rebeliones

En Caracas el pueblo más pobre se inclinó mayoritariamente hacia la facción de los independentistas. La ciudad era más bien pequeña y no había que hacer grandes esfuerzos para que la gente viera y escuchara, en la sede de la Sociedad Patriótica, a los oradores más connotados del momento. Allí se hablaba de patria, independencia y gloria, y por mucho que esos conceptos no significaran nada para un manumiso allí estaban la pasión de Miranda, Bolívar, Ribas y Paúl, entre otros grandes propagandistas y vendedores de ideología, para hacerlos atractivos, convocantes, importantes: necesarios. Todo el influjo magnético y enardecedor que el verbo de aquellos ciudadanos esclarecidos podía ejercer sobre el ánimo de aquel pueblo sin herramientas para argumentar o replicar estalló el día de la ceremonia del 5 de julio de 1811 en la iglesia de San Francisco, sin ir más lejos.

Según la historia que nos impusieron aquel fue un acto pulcro, moderado, recatado, aristocrático, elegante, pasteurizado y homogeneizado. Este testimonio de H. Poudenx da otra visión de la participación del pueblo, desde las ventanas y tribunas que daban al salón donde se discutía si Venezuela se independizaba o no: "Cuando van entrando los diputados a ocupar sus puestos amenazan de muerte a los moderados. Nunca tanta gente se había visto allí, ni jamás se observara en los oyentes el porte descomedido que en la ocasión tuvieron. Vítores y aplausos ruidosos y sin fin resonaban cada vez que tornaba o dejaba la palabra un diputado republicano: las opiniones equívocas eran acogidas con risotadas, silbos y amenazas...".

Lo ocurrido después de pronunciadas las palabras del presidente del Congreso, Juan Antonio Rodríguez (en la que anunciaba que quedaba "declarada solemnemente la Independencia absoluta de Venezuela") es descrito por un espantado José Domingo Díaz: "Aquellos jóvenes (se refiere el autor a los esclavos, servidumbre, pueblo pobre y excluido) en el delirio de su triunfo corrieron por las calles: despedazaron y arrastraron las banderas y escarapelas españolas: sustituyeron las que tenían preparadas, e hicieron correr igualmente con una bandera de sedición a la Sociedad Patriótica (…) En todo el día y la noche las atroces pero indecentes furias de la revolución agitaron violentamente los espíritus sediciosos. Yo los vi correr por las calles en mangas de camisa y llenos de vino, dando alaridos y arrastrando los retratos de Su Majestad, que habían arrancado de todos los lugares donde se encontraban. Aquellos pelotones de hombres de la revolución, negros, mulatos, blancos, españoles y americanos, corrían de una plaza a otra, en donde oradores energúmenos incitaban al populacho al desenfreno y a la licencia. Mientras tanto, todos los hombres honrados, ocultos en sus casas, apenas osaban ver desde sus ventanas entreabiertas a los que pasaban por sus calles. El cansancio, o el estupor causado por la embriaguez, terminaron con la noche tan escandalosas bacanales".

Una carta de Juan Germán Roscio a Andrés Bello reseña un acto de audacia poco conocido o totalmente desconocido: "El mismo día en que se instauró el poder ejecutivo fueron sorprendidos y arrestados algunos pardos en una junta privada que tenia, acaudillada de Fernando Galindo, con el objeto de tratar de materias de Gobierno y de la igualdad y libertad ilimitadas".

Como en toda Revolución, junto a lo más conservador y pacato suele relumbrar (y ser reprimido, aplastado, silenciado) lo más libertario y adelantado a su tiempo. ¿Por qué los venezolanos pobres, el común de la gente, no recordamos con orgullo y gratitud a este Fernando Galindo y a sus pardos en rebelión?

El ejemplo de Caracas… ¿Y por qué no otro?

Por cierto que Vicente Emparan, aquel Capitán General defenestrado en abril de 1810, escribía ese mismo año: "Si ya no están los mantuanos arrepentidos de su desatinada insurrección, muy poco pueden tardarse en arrepentirse; pero siempre será tarde. Como quiera que los mulatos y negros son 10 ó 12 por un blanco, habrán éstos de sufrir la ley que aquéllos quieran imponerles; y siempre están expuestos a los mismos desastres que sufrieron los franceses dominicanos: tal es la felicidad que se han traído los insurgentes de Caracas con su revolución".

La síntesis de este presagio se produjo poco después: la Guerra Social (1813-1814) fue su escenario, y José Tomás Boves el conductor de las rabias del pueblo.

Así que en 1811 el pueblo pobre convocado por los mantuanos de Caracas se volcó en celebración violenta. Pero en otros lugares (incluso dentro de la misma Caracas) la violencia no fue celebratoria sino de rechazo a los nuevos jefes del país, es decir, quienes habían sido sus jefes más cercanos. Otra vez el himno, portavoz de toda una ideología, incita a seguir “el ejemplo que Caracas dio”. Porque los ejemplos de Los Teques (un alzamiento de pulperos canarios) y Valencia (los negros y pardos) fueron distintos: allí no hubo celebración por la independencia tan anhelada por los criollos esclavistas sino turba y saqueo: sacudón puro y simple que luego fue aprovechado por conservadores españoles para alzarse “en nombre del Rey”.

En nombre del Rey: esa misma figura a la que acudieron los independentistas en 1810, aquella “Junta Conservadora de los derechos de Fernando VII”.

Pero los próceres de la independencia nunca serán llamados realistas; sólo los pobres insurrectos, los pobres manipulados, los pobres en rebelión, hemos merecido desde siempre las peores acusaciones e insultos. Historia patria no es historia del pueblo: esta es oscura y narrada en voz baja; la otra es celebrada y glorificada con pompa y escándalo.