hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

martes, 21 de junio de 2011

Julián Conrado y Christian Pérez, juglares bolivarianos de la revolución

Jesús Santrich, integrante del Estado Mayor Central de las FARC-EP


“Por muy oscura que sea la prisión, no dejará de brillar la razón”.
Julián Conrado

Qué decir de Julián Conrado, el cantor de la insurrección, que no exprese nuestra admiración y orgullo por su condición de revolucionario pleno de amor por el pueblo y la causa de la emancipación bolivariana. Ese ha sido su delito; es decir, la lucha que hoy desde el imperio y con el coro de los pusilánimes y serviles se estigmatiza con más fuerza que nunca, como terrorismo.

Masticando indignación y contrariedad por su actual condición de prisionero paria respecto a las más elementales normas del humanitarismo que debieran practicar quienes regentan el poder, Julián ignominiosamente ha sido noticiado como guerrillero capturado. Lo cierto es que todos sabemos que en la Venezuela formal de la revolución bonita “no se toleran ilegales”. Todos sabemos que en la guerra debemos cuidarnos de nuestros enemigos. Y aunque parezca absurdo, la experiencia nos enseña que a veces debíamos pensar en que teníamos que cuidarnos también de quienes pudieran parecer amigos.

Sí, desafortunadamente así es la guerra y la lucha por los cambios revolucionarios en favor de los oprimidos; pero aún en esas circunstancias descritas debemos luchar porque no se siga multiplicando la injusticia: ¿porqué no se permite que, después de tantos días, la gente se entere sobre dónde específicamente tienen encerrado e incomunicado a Julián Conrado, el guerrillero cantor, ni porqué se le niegan los derechos que tanto vociferan respetar los Estados neoliberales de hoy?

Qué dolor del alma tener que pensar en que afortunadamente cuando Bolívar arribó a Haití no regían quienes ahora lo hacen en la patria que forjó el Libertador, pensándola como una “gran República de naciones”.

No quiero pensar en cosas tristes…; quiero seguir escuchando la bella música de Julián Conrado, quiero seguir “arando la paz”, haciendo “el canto de los pobres”, llevando su “mensaje fariano”, su “sueño bolivariano”, encendiendo “el candelón”, “cabalgando sobre el amor” y en mi “caleta de guerrillero” ahora, como en su “canto a Venezuela” seguir la huella de Baruta con el bravo pueblo venezolano, con el pueblo yendo por la ruta que lo condujo a ser liberado. Venezuela Venezuela linda, quisiera reiterar, bonita patria venezolana, y pensar en que libre ya de la corona gringa linda más linda eres soberana, y creer que con su presidente valiente quien con la espada de Bolívar con la misma gracia de Midas lo triste convierte en sonriente…

Cuanto anhelamos que Florentino termine venciendo al diablo y que no caiga su dignidad en la caldera del demonio norteamericano.

No quiero pensar en cosa tristes, ni siquiera en este junio que se tienden como camino en el que inexorablemente confluye el recuerdo de la muerte en combate de Christian Pérez, el juglar rebelde. Nada de tristezas, también los cantos y la poesía de Christian, amigo y hermano, artista guerrillero cuyo adiós de batalla se escuchó en las montañas de Colombia, acompañado de los tableteos de su fusil que como su guitarra también coreaban su inapagable trova de emancipación humana.

Un adiós efímero sin embargo es la evidencia de su partida entre la pólvora, porque cada día nos da la bienvenida con su voz que impregna de magia nuestro día a día guerrillero colmándonos de esperanza y certeza de la prolongación en el tiempo de aquellos nuestros que siembran su ejemplo para saciar nuestra marcha con sus dulces frutos de amor.

Sin duda, Christian hermano, “en las calles del futuro”, hemos de despertar temprano, sin gente desocupada, sin desempleo, sin más injusticias, con tus cantos resonando en las voces del pueblo; libres, sí, libres como el río Patía, que es un negro en rebeldía que rompió con furia las piedras; libres como su caudal que se esconde en la selva y la recorre cantando, y una guerrillera negra lo mira desde un barranco…
Christian, sí, hasta en el barro se inspira su corazón guerrillero.

Ahora lo evoco y pongo su voz en mi mente, lo escucho y repito su mensaje juglar: “Con las alas del silencio buscaste la distancia para quedarte solo apretando tu guitarra contra el pecho herido que al recordarla llora… Tanto amor hermano poeta; y tanto fuego insurgente: ya se escucha el grito paisa, ¡alisten la dinamita, échenle mano al fusil!; Dale duro que la vaina se prendió…; tanto fuego y tanta pasión: en cada marcha. Lo recuerdo contigo hermano: en lo apacible de un camino de la sierra, bajo la sombra de un gigantesco campano, en el descanso de una marcha guerrillera…; sí, cuando dejaste el temor y por fin la miraste: sus ojos, silenciosamente el agitado brillo de miles de espadas como los que vimos en los espejos alegres de las lagunas que hay al pie de la Nevada.

Otra vez el páramo solitario y los filos silbando sus piropos a la luna, y los indios sabios adivinando el amor en nuestros pechos, la pasión silenciosa como helecho que quiere a la quebrada, pero el cobarde no le dice nada.

Viejo Christian, aquí está tu canto a la madre del guerrillero, tu puño de ausencia rompiendo el tiempo, el sentimiento…, como una marcha de la humanidad en silencio sintiendo en el adentro la soledad; pero al final y siempre, en los colores de luna de tus recuerdos encontrando ganas para cantar.

Decías que en la distancia mueren los amores como las flores que no ven sol; luego te burlabas viendo la floración del alma. Amigo, hermano, si esta despedida la cantas llorando es que puñales cortan tu voz…; pero aún así, metiéndole al brete para que se concrete el plan, metiéndole duro al arte insurreccional.
Amigo, hermano, ya lo dijiste cantándole a la bella Deisy: si mataron la belleza, no mataron la esperanza, hasta ese lugar del alma, la bala de un fusil no alcanza.

No sé donde está Julián viejo Christian; pero sé que está, y con él, con su verbo en llamarada rebelde, desde el corazón de todos los combatientes y revolucionarios bolivarianos con decoro te cantamos:

Caíste, pero no caíste, feliz más alto has subido, si por la vida moriste, lo hiciste para estar más vivo;
Christian Pérez no se muere, su canción vivo lo tiene;
Christian Pérez no se muere porque su pueblo no quiere;
Desde la sierra Nevada mirando al mar, bajo la sombra de un gigantesco campano convoca al pueblo para que se alce a luchar y así realizar el sueño bolivariano;
Si por el río Magdalena sube y baja un pescador que va pescando poemas con su atarraya de amor, va cantando una canción de aliento a los oprimidos…;
Christian Pérez no se muere, su canción vivo lo tiene.
Viva la dignidad combativa de Julián Conrado, viva su verbo y su canción militante.
Viva la memoria de Christian Pérez, viva su poesía y sus melodías de libertad y amor.
Viva el arte comprometido con el pueblo.
¡Hemos jurado vencer y venceremos!