hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

lunes, 14 de febrero de 2011

¿La saga de Guaicaipuro?

Elías Pino Iturrieta / El Universal

Si nos atenemos al discurso presidencial, los sucesos que ahora se describirán remontan a la época de la resistencia indígena, cuando los antepasados autóctonos pelearon contra los antepasados conquistadores con el objeto de evitar una invasión inesperada y ventajista. Para entender lo que ahora sucede habría que retornar hacia esas auroras dolorosas, de acuerdo con uno de los mensajes más caros para el primer magistrado. Pero también existe la posibilidad de entenderlos mediante una referencia reciente que, en cierto modo, nos obliga a pensar en fenómenos del pasado que se niegan a pasar: la huelga de hambre emprendida por el jesuita José Korta en noviembre de 2010, para llamar la atención sobre las penalidades del pueblo yukpa establecido en Perijá. El gesto produjo reacciones en la comunidad internacional y, de retruque, movió el corazón del Gobierno. La “revolución” se había hecho de la vista gorda sobre el tema, había dejado de lado su retórica sobre los derechos ancestrales de la autoctonía, pero entonces, mientras Korta detenía su ayuno voluntario, se comprometió a buscar soluciones.
La huelga del jesuita quería hacer del dominio público la situación de injusticia y explotación experimentada por los yukpas, cuyo ámbito sufre cada vez más una penetración de elementos foráneos, en especial de factores económicos ajenos a lo comarcal y a los valores genuinos de la comunidad, capaz de desembocar en situaciones de irreversible y monstruoso menoscabo. Los antecedentes próximos de la situación se localizan en 1920, cuando la dictadura gomecista entregó a una familia de blancos “racionales” 45.000 hectáreas de superficie en el piedemonte de la Sierra de Perijá. Desde entonces suceden situaciones de enfrentamiento entre los colonos autorizados por el gobierno y los pobladores originarios, cuya presencia en el lugar data de la primera mitad del siglo XVII y contra la cual se ha procedido por medios violentos: amenazas veladas y expresas, asalto de predios, incendio de conucos, mudanzas forzosas y delitos de homicidio. De la violencia surgió hace poco un líder, el cacique Sabino Romero, quien se opuso a la dominación de las propiedades de sus semejantes y llegó al extremo de recuperar por la fuerza lo que la fuerza les había arrebatado. Cuando crecía la fama del cacique ocurrió un hecho pavoroso: su padre, un anciano mayor de cien años, fue muerto en una salvaje agresión en torno a la cual no se han hecho averiguaciones. Debido a numerosas turbulencias algunos miembros de la comunidad yukpa se distanciaron de la influencia de Sabino y llegaron a agredirse a la recíproca. En una de tales escaramuzas ocurrió la muerte de dos personas, hecho atribuido a Sabino pese a que se encontraba desarmado cuando sucedió el episodio, y por el cual se le ha sometido a proceso en un tribunal del estado Trujillo.

Circula un “Pronunciamiento del Hermano José Korta”, respaldado por los colectivos Causa Amerindia y Universidad Indígena de Venezuela, en el cual manifiestan sorpresa ante la diligencia de las autoridades para procesar al cacique, mientras la sucesión de crímenes y el imperio de la impunidad son habituales en la región. La conducta del CICPC, de la Guardia Nacional, del Ejército y del Ministerio Público se caracteriza por “el sorprendente empeño” puesto en el caso, aseguran. Pero hacen denuncias más escandalosas, en especial la relativa a la connivencia de los funcionarios de la “revolución” en la campaña contra la comunidad yukpa. Hablan del apoyo que el Ministerio del Interior y Justicia ha dado a los ganaderos en su lucha contra los indígenas, y de las presiones descaradas que ejercen para impedir que se imponga la equidad ante una larga y férrea cadena de depredaciones. Más todavía: señalan la posibilidad de que intereses “transnacionales” aupados por el régimen actúen tras bastidores, debido a que quieren pescar en un río revuelto de carbón y otros minerales. En suma, se ha gestado un panorama de violencia y confusión que ha llevado a la Sociedad Homo et Natura a proponer la creación de una Comisión de la Verdad, para buscar salida transparente a un estado de violencias y trampas que clama al cielo.

Los religiosos consideran que Sabino Romero es “el Guaicaipuro del siglo XXI”. Además, comparan a los ganaderos de la región con los encomenderos del período colonial respaldados por un régimen cuya actitud se parece a la de los monarcas españoles de entonces. La analogía haría del Hermano Korta y de sus compañeros de causa unos sucesores del padre Las Casas, se pudiera agregar. Seguramente la enormidad del anacronismo no conduzca a buen puerto, pero no deja de ser interesante. Funciona para poner al descubierto la falacia del discurso del presidente Chávez y de sus acólitos, quienes se han vendido como defensores de los pueblos autóctonos y como enemigos de los colonialismos. Del discurso se desprenden bravatas como la demolición de la estatua de Colón, episodio de relumbrón para encandilar a la galería, pero nada de real importancia en función de un cambio equitativo de las cosas. Una lectura tan absurda de la realidad no permite el arreglo de los entuertos, sino apenas la alternativa de correr la arruga mientras se multiplican situaciones como la que se ha descrito. Tal vez el Hermano Korta y los apóstoles que le acompañan en la denuncia del caso del pueblo yukpa se hayan extralimitado en el manejo de analogías desfasadas, pero su voz suena como una clara campana.