hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

viernes, 19 de noviembre de 2010

El Ché y sus pasos por las montañas de Sanare

Colectivo Pueblo Sur
Tomado de Caimaneando de Sanare

-«He nacido en la Argentina; no es un secreto para nadie. Soy cubano y también soy argentino y, si no se ofenden
las ilustrísimas señorías de Latinoamérica,
me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica,
como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría
dispuesto a entregar mi vida por la liberación
de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie.» Estas fueron las primeras palabras que escuché a lo lejos. Él venía de Quebrada
Honda de Guache; era un sujeto de barba y cabellos negros. Sudado y cansado,
pero con una gran sonrisa en los labios, se presentó como el Ché, Ernesto Guevara, ciudadano del mundo y sanareño si es necesario. -“Vengo recorriendo este país porque me dicen
que mi nombre suena en muchas partes, que mi rostro
estampa el pecho
de los jóvenes y no tan jóvenes, pero no en el corazón
sino en vulgares
franelas reproducidas
por miles, y que hasta un doble
tengo en la Plaza Bolívar de Caracas. Y déjenme decirles que ardo de la indignación porque mi lucha no fue para que se enriquecieran unos pocos a costa de mi imagen.. Ah, si por lo menos acompañaran el uniforme con alguna práctica concreta al lado de los pobres. Si fueran estudiosos de nuestra
historia, de nuestros problemas, de nuestras esperanzas. Si sólo se pusieran
al frente de las luchas del pueblo para ser, por lo menos, dignos de llevarme
en el pecho como si yo fuera una mercancía que se vacía de contenido y se ofrece al mejor postor”. -“En largas noches de compartir café y chimó con los campesinos de Guapa, Villorín, Miracuy, Las Damas, Caspo y muchos otros pueblos de esta hermosa
tierra, me enteré de que una nueva clase ha aparecido en este pueblo de Bolívar. Son los rojo-rojitos con corazoncito
blanco o los pumarrosa como muy bien los ha bautizado este sabio pueblo. Son esa nueva burocracia que está naciendo al calor de la revolución y que pareciera una plaga disfrazada porque
sus acciones, su práctica, no tienen
nada que ver con la construcción del Hombre Nuevo. Me mientan, usan mi imagen, se ponen cachucha y camisa
roja; dicen representar a los pobres como si nosotros no fuéramos mayores de edad para representarnos solos. Ah, pero ni de vaina los vemos compartiendo
la camionetica de pasajeros, haciendo
la cola de Mercal, la del gas, esperando
ser atendidos en el hospital o el CDI, buscando alargar los churupos para llevar el pan a la casa. Ni siquiera son capaces de acompañar al pueblo en sus luchas porque le tienen miedo. Se creen los elegidos de algún Dios y ni siquiera se dignan mirar a sus vecinos”.-“NO, definitivamente
así no quiero ser reivindicado.
Sueño con que un día los hombres
y mujeres de este Sanare hermoso
tomen las riendas
de su destino y construyan poco a poco, paso a paso, desde cualquier trinchera
(casa, escuela, trabajo, campo, parque,
Consejo Comunal, colectivo) el destino que se merecen. Que sean capaces de temblar ante cualquier injusticia, incluso las cometidas por quienes dicen ser de los suyos. Que se hermanen con sus hermanos de clase; que paran mil periódicos, proclamas, pancartas, murales,
redes y que maten el cáncer que amenaza con destruir este experimento de Patria que camina por América Latina.”
-“Sueño con el día en que este pueblo
de libertadores deje oír su voz de solidaridad con nuestros hermanos indígenas; que exija la libertad del Cacique
Sabino Romero, de Alexander y de Olegario; que recupere cada uno de los espacios arrebatados a la madre naturaleza; que siga cultivando la tierra pero sin agredirla, sin envenenarla con agroquímicos y agrotóxicos traídos de lugares remotos y que nos han hecho abandonar prácticas ancestrales de nuestros antepasados, que amaban y respetaban la tierra. Que tengan voz propia y se den el derecho de ser protagonistas,
no borregos de hombres. Que en definitiva no olvidemos que somos un pueblo de luchadores y que tenemos los recursos, la fuerza y la voluntad
de ser libres”.-

Pero no todos somos así, Ernesto - le responde un campesino que oculta su cara en un sombrero de paja-. Para tu contento, te puedo decir que desde hace muchos, muchísimos años, antes
de que se pusieran de moda esos uniformes con tu cara y con cachuchas rojas, este pueblo ya venía peleando contra los grandes y poderosos. Yo mismo anduve y todavía no abandono estos caminos de esperanza. Mucho gusto. Me llamo Argimiro y me dicen Chimiro; Y éste que está aquí calladito
es Sandalio Linárez, que peleó antes con mi padre, el General Gabaldón. No te desanimes, Ernesto, que por cada disfrazado de revolucionario hay mil anónimos empujando este carro llamado
revolución.Juan José le interrumpe para invitarlo
a tomarse un café y el Ché, cansado pero contento, se despide con una sentencia:
“Ah, viejo vicio que tenemos que combatir todos los días, compañeros, porque el futuro de la revolución está amenazado por el cáncer del burocratismo”.
Y con estas enseñanzas, con el corazón
renovado de esperanza, con camisas
multicolores, le dijimos ¡hasta luego! a este imbatible, querido y recordado combatiente de la libertad. Mañana los burócratas dirán que soñamos este encuentro. Pónganse a creer pa´ que se vuelvan creyones… Ya dirán las luchas de este pueblo si fue fantasía o realidad la visita de Ernesto a las montañas de Sanare.