hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

sábado, 30 de octubre de 2010

MUJER Y LUCHA DE CLASES

Iñaki Gil de SanVicente

La lucha de clases ha reflejado siempre las contradicciones, opresiones y miserias machistas y sexistas existentes en el movimiento obrero, también en los sindicatos y partidos de izquierda. Pero lo que ha demostrado hasta ahora la experiencia de la lucha de clases es que ella ha conseguido para las mujeres muchas más conquistas y avances prácticos decisivos que la lenta y limitada acción del feminismo reformista y parlamentarista. Cuando la lucha de clases ha adquirido forma y contenido de guerra de liberación nacional, entonces esos logros han sido aún mayores.

El grueso del beneficio capitalista mundial descansa sobre la explotación de la mujer, que a su vez descansa sobre la explotación patriarcal anterior al surgimiento histórico del sistema capitalista. Desde la imposición del patriarcado, anterior a la opresión nacional y de clase, cada modo de producción posterior se ha cimentado en la previa explotación, dominación y opresión de la mujer, adaptándolas a sus intereses específicos.

La lucha de clases es a la vez reflejo y motor, efecto y causa, tanto de la opresión de la mujer como de su liberación. La imbricación dialéctica entre patriarcado y capitalismo, y entre modos de producción precapitalistas y mundialización imperialista, es la que explica que las luchas contra esas barbaridades inhumanas sean a la vez luchas actuales contra la tasa media de beneficio capitalista mundial, que es lo decisivo.

Las mujeres cobran menos que los hombres por el mismo trabajo por el sólo hecho de ser mujeres. En 2005, en la parte occidental de Alemania las mujeres cobraban un 30% menos que los hombres, y en la parte oriental un 10% menos. En el Estado español la diferencia asciende en el sector público al 34,7% y en algunos trabajos del sector privado al 50%. Según el Informe de la Juventud de 2004, las mujeres de entre 15 y 29 años cobraban un 27% menos de salario que los jóvenes de la misma edad. Según la ONU, en los países enriquecidos esta diferencia es del 23% en beneficio de los hombres.

La explotación de las mujeres se endurece, empero, mediante prácticas salvajes en empresas capitalistas en todo el mundo. En las maquiladoras mexicanas se explota a niñas de entre 13 y 15 años de edad, carentes de derechos y sometidas a todas las vejaciones. En el Estado español el 47,8% de las mujeres no cobran nada ni reciben ninguna contraprestación por las horas extras realizadas. Decenas de miles de mujeres emigrantes son sobreexplotadas en las largas horas del trabajo doméstico.
La simbiosis entre patriarcado y capitalismo es tan ágil e interna que la burguesía, supuestamente respetuosa con la mujer, es ferozmente machista. En el Estado español sólo son mujeres el 4% de las consejeras de empresa, y sólo hay 3 mujeres en la dirección de las 119 que cotizaban en Bolsa en 2005. Sólo 5 mujeres son jefas ejecutivas entre los 500 corporativos más importantes del mundo, y pertenecen a las mujeres apenas el 1% de las acciones en Silicon Valley.

Esta simbiosis es tan efectiva que la patronal no tiene en cuenta la superior educación de la mujer. En Alemania la diferencia salarial entre sexos en beneficio de los hombres se mantiene pese a que el 40,6% de las mujeres entre 25 y 30 años han obtenido el bachillerato frente al 37,8% de los hombres de la misma edad. En el Estado español, las mujeres jóvenes que han obtenido un título universitario tienen una tasa de paro triple a la de los jóvenes titulados de la misma edad, y sólo el 12% de las cátedras universitarias están en propiedad de mujeres.

Las cifras se explican por sí mismas: son mujeres trabajadoras el 60% de la clase trabajadora empobrecida mundial; son mujeres el 70% de las personas necesitadas del mundo, y son mujeres el 75% de las personas analfabetas del mundo. Sin embargo, estas mujeres analfabetas y empobrecidas son las que producen más del 50% del PIB mundial con su trabajo invisibilizado, no reconocido legalmente y mucho menos por el arsenal teórico de la economía política capitalista.

Pero es el trabajo doméstico en su globalidad, el realizado fuera de todo control y vigilancia oficial o social, en el interior de los domicilios, casas y familias, es este trabajo el que de forma invisible y subterránea engorda la tasa media de beneficio. La explotación del trabajo doméstico no se reduce sólo al proceso de reciclaje físico de la fuerza de trabajo, sino también al sexual y, cada vez más, al reciclase psicológico, anímico e intelectual de la fuerza de trabajo. También se está extendiendo al mero cuidado psicosomático de personas enfermas debido a la privatización de la medicina y de los servicios básicos anteriormente públicos y sociales.

Aunque el avance tecnológico en algunos electrodomésticos ayuda a reducir el tiempo de trabajo “viejo” –cocina, lavado, limpieza, etc.-, por el lado opuesto tiende a aumentar el “nuevo” tiempo de trabajo dedicado al reciclaje psicosomático e intelectual, a la atención de las personas enfermas o envejecidas y al cuidado de la descendencia al privatizarse las guarderías infantiles. Sin embargo, estas nuevas formas de trabajo doméstico causan también un agotamiento psicosomático nuevo en la mujer, como lo demuestran todos los estudios.

Una de las más efectivas armas que tiene el capitalismo para ocultar e invisibilizar el terrorismo sexista es el mito de la privacidad en el sentido de derecho burgués a la propiedad de la casa, de la familia y de la madre-esposa, derecho que surgió con la formación de la familia patriarco-burguesa desde el siglo XVI, propiedad que le otorga impunidad en el interior de “su” propiedad domiciliaria. Es innegable que este derecho burgués ha cogido apoyo en la familiar judeo-cristiana y en el derecho romano de la patria potestad, añadiéndole la novedad cualitativa de que la familia patriarco-burguesa es hasta ahora un instrumento clave para imponer y ejercer el derecho burgués a la propiedad privada de las fuerzas productivas.

La ideología de la privacidad burguesa en y del trabajo doméstico tal cual lo hemos expuesto tan brevemente, está chocando abiertamente con la emancipación de la mujer y con su asalarización, lo que multiplica las condiciones objetivas para la progresiva toma de conciencia. A fin de frenar y controlar este proceso, las distintas burguesías desarrollan medidas que deben ser criticadas en cada caso pero que tienen la esencia común de no negar la validez del sistema capitalista y de su sostén patriarcal. Tarea especialmente reaccionaria e inhumana cumplen aquí la casi totalidad de las organizaciones religiosas y de sus múltiples tentáculos ya sea dentro del Estado o fuera de él, o relacionados con él.

Volvemos aquí de nuevo al papel clave del poder estatal, paraestatal y extraestatal pero dentro de la totalidad del sistema político-administrativo capitalista. Según sea el país concreto y su historia, esta complejidad de poderes, subpoderes y micropoderes, estructurados siempre alrededor de la tasa de beneficio, se plasmará de una forma u otra, pero en el tema que tratamos el denominador común no es otro que su intervención material en la defensa de la invisibilidad del trabajo doméstico y en no luchar radicalmente contra la violencia que genera

En total, la mujer trabaja más que el hombre si al trabajo doméstico aquí expuesto le añadimos el tiempo de trabajo asalariado, o sea, la doble jornada. En el Estado español la mujer dedica a la casa 561 horas al año y el hombre sólo 157. Como media, el trabajo asalariado ocupa 860 horas al años, pero las horas dedicadas a la cocina familiar son 793 y a la limpieza de la casa otras 558, un total de 1351. Aunque el hombre trabaja asalariadamente 4,39 hora y la mujer 2,30 horas al día, como media, al cabo del día la mujer trabaja casi 5 horas más en casa mientras que el hombre sólo 1,30 horas.

La explotación global expuesta conlleva, más temprano que tarde, el surgimiento de resistencias múltiples por parte de la mujer. La creciente investigación feminista está sacando a la luz estas realidades ocultas o negadas durante siglos. Dado que la explotación de la mujer viene, sobre todo, de su capacidad exclusiva para crear vida, de su importancia para la explotación afectiva y sexual, y de su papel en la formación y reciclaje de la fuerza de trabajo, por esta importancia, las resistencias de las mujeres afecta al núcleo del poder patriarcal y del beneficio burgués.

Por esto mismo, la respuesta machista es brutal: según la ONU, un tercio de las mujeres han sido golpeadas, forzadas a mantener relaciones sexuales o sometidas a abusos. En Argentina, la mitad de las niñas entre 13 y 16 años debutan sexualmente bajo presión masculina. Pero el patriarcado también aplica la represión preventiva: al año tres millones de niñas sufren mutilación genital, y al año entre 113 y 200 millones de niñas mueren por abortos selectivos de niñas o por maltrato, hambre o enfermedades curables. La venta de niñas a redes de prostitución genera de 7 a 12.000 millones de dólares al año.

Para no extendernos y como ejemplo muy ilustrativo el 50% de las mujeres chilenas ha confirmado ser golpeada por su pareja; el 40% ha confirmado sufrir violencia psicológica y entre el 25-32%, según la región, ha sido arrastrada, pateada o golpeada. En ciertas regiones, la violencia física “leve” (abofeteo, lanzamiento de objetos, empujones y tirones de pelo) afecta al 75%. La violencia “grave” (intento de estrangulamiento) ha afectado a entre 7,7 y 15,4%; y entre 2,1 y 7% ha sido quemada. Y casi la cuarta parte de las encuestadas reconoció haber sido amenazada o agredida con un arma.

Estos y otros muchos datos revelan cómo se imbrica la explotación capitalista con la patriarcal en cada esfera de la vida cotidiana, en cada opresión y en cada país, de modo que, como síntesis, la lucha de clases es a la vez reflejo y motor, efecto y causa, tanto de la opresión de la mujer como de su liberación. La imbricación dialéctica entre patriarcado y capitalismo, y entre modos de producción precapitalistas y mundialización imperialista, es la que explica que las luchas contra esas barbaridades inhumanas sean a la vez luchas actuales contra la tasa media de beneficio capitalista mundial, que es lo decisivo. Por tanto, son prácticas de lucha de clases entre el Trabajo y el Capital, por mucho que se libre en regiones específicas del planeta en las que existe jerarquía de modos de producción diferentes bajo la hegemonía del imperialismo.
Uno de los efectos más dañinos de la contraofensiva capitalista mundial iniciada a mediados de los ’80 del siglo XX, denominada como “neoliberalismo” ha sido el de aumentar la explotación de la mujer en muchas cuestiones y ralentizar los avances que se estaban dando en su emancipación. Sin embargo, la recuperación de las luchas y resistencias empiezan a rendir sus frutos: en 1990 las mujeres ocupaban sólo el 12,4% de los escaños parlamentarios del mundo, subiendo al 14,6% a finales de 2003 y a 15,9% en otoño de 2005, según la ONU. Pero no hay que esperar que este avance de 3,5 puntos porcentuales en quince años signifique una mejora cualitativa porque muy pocas de esas nuevas parlamentarias son realmente feministas y menos aún revolucionarias.
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jueves, 28 de octubre de 2010

¿A QUIÉN CARAJO LE DUELE ESTE PROCESO?

Jesùs Chucho Garcìa.


Después del 26-S debemos replantearnos un ejercicio: ¿Qué papel hago en el proceso bolivariano? ¿Seremos borregos o entrompamos con seriedad o responsabilidad?

 



La dinámica cotidiana nos somete a presiones impredecibles que muchas veces nos conducen a una parálisis reflexiva que automatiza nuestras acciones y actitudes frente a los hechos que transitan ante nuestras miradas perplejas, ya casi sin capacidad de asombro.
El poder a través de sus diferentes órganos de control social, cultural y psicológico va penetrando nuestros cuerpos hasta convertirnos en seres condicionados a los dictámenes de quienes manejan esos hilos imperceptibles que terminan, no todas las veces, direccionando nuestras vidas.

Dos caminos: ¡Tú escoges!

Ante este contexto del poder externo y de la amenaza de la sumisión interior, nos quedan dos alternativas:

1. La primera es fácil, rendirnos ante la maquinaria del poder y convertimos en marionetas o ventrílocuos de lo que otros quieren que seamos, aceptando la introyección de nuestra despersonalización, hablar lo que el otro habla, ser el otro en la conversión del “ismo” como el “marxismo” “catolicismo” “socialcristianismo”, en fin soy el “otro” no soy “yo”, soy porque el otro es y no porque soy.
 
2. La segunda alternativa es mas compleja, pues se trata de un acto de sublevación interna para redescubrir que soy o “somos”, que tengo o tenemos un conocimiento, que tenemos un destino, que tenemos nuestra propia subjetividad y por tanto soy o somos sujetos, que puede o podemos pensar por mi mismo, por nosotros mismos y ayudar a construir un pensamiento distinto al hegemónico, vertical y descalificador de nuestra propia percepción y experiencia vivida, por muy mínima que sea.

Que tenemos una actitud distinta ante la vida para no seguir como autómatas la corriente establecida ni la instituida por el poder en sus distintas expresiones, sean políticas, religiosas, educativas, familiares, económicas, tecnológicas… se trata en otras palabras de la “soberanía intelectual” que existe en cada uno de nosotros y no la hemos explorado, profundizado y detectado en sus conductos potenciales de vida, conocimiento e irradiación cotidiana.


No a la sumisión

La soberanía intelectual es una actitud personal autónoma de cada uno de nosotros, ante cualquier actitud hegemónica que subestima nuestra capacidad de pensarnos y repensarnos y llegar a nuestras propias conclusiones ante la vorágine cotidiana. 
Es rechazar todo aquello que el otro, convertido en juez, intenta descalificar de mis percepciones, mis ideas y mis acciones, sin embargo, se pueden aceptar las críticas horizontales del otro, consensuadas con el nosotros a las cuales seremos sensibles pero no aceptar que otro sea juez y condene mis acciones arbitrariamente a nombre de la externalidad del poder, llámese Dios, partido, gobierno, padres de la patria, Estado y otras formas ficticias de la Santa Inquisición.
¿Cuántas veces nuestra soberanía intelectual no es violada cotidianamente? ¿Cuántas veces no es chantajeada cotidianamente desde la relación de pareja hasta en las relaciones de trabajo? ¿Cuántas veces no somos víctimas de la cadena del miedo establecidas por los tejidos del poder?




CIMARRONAJE INTELECTUAL Y CORAJE

Es ante esa cotidianidad violatoria de nuestra soberanía, ante el silencio, muchas veces sabio pero otras veces cobarde que conduce al pánico evidenciado en la parálisis de “actuar” por creer que se puede perder “todo” o la limosna de lo que tengo materialmente, es donde debemos subvertir lo cotidiano con actitudes de cimarronaje intelectual y práctico que refuercen nuestro ser, nuestro juego libertario cotidiano. 
La realidad no es más que las condiciones objetivas que nos rodean y nos corresponde vivir, ante la cual no podemos evadirla, tenemos que confrontarla por diferentes vías y transformarla para conquistar bienestar, no solo individual sino para nuestros colectivos con una visión amplia e inclusiva. Nuestra realidad social, política, económica y cultural, después de 11 años de proceso bolivariano, necesita una revisión profunda. Ya no podemos seguir diciendo que todo está bien, ni achacarlo a la Cuarta República. Ni pesimismo crónico ni optimismo ingenuo. Nos falta mucho aún por andar. Hay un tiempo concreto para esos logros.

Existen metas precisas en segundos, minutos, horas, días, meses y años para lograr los sueños plasmado en el proyecto Simón Bolívar. Reorientar las políticas en todas sus dimensiones, repensar la democracia participativa, repensar la selección menos arbitrarias de los liderazgos de la estructura política (diputad@s sin liderazgo reales y especialistas en sobacos) así como quienes administran los poderes públicos, no seguir repitiendo los enroscamientos (los reciclados de siempre y desmejorados en su segunda versión), reconocer de que en este proceso existen personas capaces de desempeñar espacios públicos y no seguir dejando que un solo funcionario o ministro tenga dos o tres ministerios, viceministerios para no desarrollar ninguno o rayar en la mediocridad y no satisfacer las necesidades del pueblo. Necesitamos para ello soberanía intelectual: Mi compromiso como militante es decir la cosas por el bien del país, o sino para el año 2012 las cosas no estarán fácil para las elecciones a las alcaldías, gobernaciones y hasta las presidenciales… ¡el 26 de septiembre fue una asonada! Sinceramente… ¿a quién carajo le duele este proceso?

Los tips barloventeños
LA GUILLOTINA DE RENÉ COLMENARES
*** A los trabajadores sociales in situ establecidos en la región de Barlovento del estado Miranda: Desconocemos cuál es el sentido que le dan las autoridades competentes (Cicpc, GN, Fiscalía, Alcaldía, Gobernación) al agudo problema o fenómeno social que causan las invasiones a esta pujante región turística mirandina. Está demostrado que detrás de cada invasión viene adosado el flagelo de la proliferación de hampones. Los invasores desarrollan un fenómeno social denominado “lástima” y detrás de ellos interactúan muy astutamente funcionarios públicos de cualquier rango. Ahora bien, si ya sabemos cuál es el origen y la causa… ¿por qué se permite que el problema se expanda? En las ciencias sociales, el descuido o falta de gerencia ante cualquier fenómeno se denomina “incompetencia”.
 


LA MATA DE CADILLO E’ PERRO
***** Felicitaciones al alcalde Ramón Hidalgo, la Cámara Municipal del Municipio Andrés Bello, la Dirección de Interculturalidad del Ministerio de Educación y la “gentará” de cimarronaje afrodescendientes del estado Carabobo, por apoyarnos en el día de la Resistencia Afroíndigena realizado el pasado 12 de octubre en San José de Barlovento….

***** ¿Y entonces Patricia Febles del Inapymi? ¿En qué quedamos? Luis Perdomo 04168377762.




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martes, 26 de octubre de 2010

La inmensa lección de José María Korta y Sabino Romer

Roland Denis

Una huelga de hambre tiene siempre el sabor de una acción individual y desesperada que chantajea con la vida la misericordia de un enemigo terco e incapaz de diálogo. Es al mismo tiempo una típica acción donde el poder es presionado desde la libertad humana sin más, donde ella se sitúa en el punto del abismo existencial ante la muerte que ya Sartre situó como el más alto testimonio de la libertad humana.
Pero no toda huelga de hambre tiene la misma fuerza en sí ni mucho menos la misma fuerza moral. Por ello hay huelgas de hambre absurdas y destinadas al fracaso, como fue el caso de Franklin Brito que terminó siendo un cuerpo a uso y desuso de una oposición que lo menos que podemos decir es que es un charco asqueroso y absolutamente inmoral siendo la primera responsable de la muerte de ese pobre ser que murió en su hambre y su desesperación individualista de propietario y otra la inmensidad moral de la huelga del sacerdote y hermano José María Korta.
¿De qué se trata esta tal moralidad?. La religiosidad presiona sobre un poder que jamás tendrá la posibilidad de ser absolutamente laico por largas razones históricas que no vienen al caso, pero en esta ocasión no se queda allí, se trata de un cuerpo religioso que ha hecho de su larga vida un compromiso concreto y militante con la causa indígena a despecho no solo del poder sino en muchas oportunidades de la propia iglesia.
El compromiso con los años se hace obra; de allí la existencia de la Universidad Indígena y la obra un lugar en sí mismo de convergencia y síntesis de comunidades, individualidades y movimientos indigenistas que terminaron haciendo presencia alrededor de la huelga de hambre junto a los colectivos que por años hemos apoyado la resistencia indígena en el Perijá empezando por la asociación Homo et Natura del Zulia. Ella se transforma entonces en fuerza popular y política con capacidad de forzar un diálogo y en definitiva una negociación que el “criollismo”, el “desarrollismo” y el “militarismo”, marcadamente presentes en el actual gobierno –sin dejar de lado por supuesto los intereses bastardos de ganaderos y transnacionales- hasta hoy habían hecho imposible hasta llegar a los límites de la censura absoluta y la criminalización de la lucha indígena.
Pero esta fuerza moral necesita a su vez de una verdad para potenciarse; una verdad personificada y convertida ella también en fuerza colectiva. Ese es el puente que el propio hermano José María Korta establece en los primeros dos puntos de sus “razones para una huelga de hambre” alrededor de la reivindicación a la jurisdicción indígena y en concreto la libertad de Sabino Romero como símbolo vivo de la resistencia indígena.
Mientras uno pone su vida y en ella su ancianidad en juego, Sabino es el retrato de una verdad indígena actuante e inexpugnable que abrió todo el universo de la lucha de los pueblos indígenas por su territorio y en general la cosmovisión de la pachamama. Es la lucha contra la explotación del carbón, es la lucha por la territorialidad Yukpa donde se rescaten las tierras ancestrales tomadas a secuestro por ganaderos, es el fin de las concesiones a transnacionales mineras esperando como perros babosos los frutos de un subsuelo rico además del carbón en coltán y muy probablemente uranio.
En fin, Sabino es una verdad hecha desde la acción revolucionaria inquebrantable, la lucha por lo suyo y los suyos a través de la denuncia y la toma de haciendas, donde no bastó ni la represión, ni todo el aparataje burocratizante y de compra clientelar de dirigentes por parte de los ministerios de asuntos indígenas, ni del interior, ni de ambiente, ni la penuria de la cárcel, para quebrarla.
Puestas en movimiento conjunto a través de la huelga de hambre la fuerza moral del compromiso y la fuerza de la verdad inmanente al mundo indígena, evidentemente que esta huelga conmociona la realidad y el poder hasta sus puntos más altos. Forza hasta esta hora al menos una negociación muy concreta que de materializarse positivamente en los cinco puntos planteados por Korta (cubriendo la reivindicación de la jurisdicción indígena, libertad de los presos indígenas en Trujillo, delimitación territorial de las tierras indígenas empezando por la autodemarcación hecho por las comunidades Yukpas, conformación de una nueva comisión nacional de demarcación de tierras) estaríamos hablando de la apertura ahora sí de un proceso de liberación indígena que sin duda alguna traerá inmensos frutos a todo el pueblo venezolano.
Pero esta también ha sido una huelga que nos ha develado a muchos en todas nuestras cobardías políticas y personales, empezando a aquellos que en un primer momento vieron esto como la manipulación por parte de unos irresponsables del cuerpo y la vida de un pobre anciano donde a la final nada se iba a lograr y por lo cual se le estaba haciendo un lindo juego a la derecha.
Pues no mis amigos ha sido el viejo el que nos ha retratado a todos, dentro del gobierno o no, en todas nuestras miserias y en particular a ustedes que por su misma cobardía no les interesa darse cuenta que hoy por hoy si es verdad aquello de que existe un gobierno revolucionario, entonces hay que ser más duro que con ninguno. Aquí no nos estamos jugando el medio pasaje estudiantil por lo cual en esos años ochenta decenas de estudiantes tuvieron que dar la vida, ni mucho menos unas de las tantas elecciones que tanto les asusta, aquí nos estamos jugando el destino de un pueblo y hasta una pequeña pero significativa parte del futuro de la humanidad: es el socialismo feliz, libertario y radical o es la barbarie genocida por lo cual se está luchando; esa es la revolución bolivariana desde el profundo fuero popular y rebelde que permitió su fabricación.
Por tanto, nunca están de más las sabidurías tácticas y hasta ciertos pragmatismos, pero ante el reto planteado lo que vale siempre es la verdad cruda y sin ningún respeto a las horrendas burocracias que la bloquean y destrozan en nombre de ella misma; ese respeto hediondo que muchos invocan a la hora de fraguar la lucha.
Lo cierto es que tuvo que venir el hermano Korta y junto con él todo lo que simboliza el cacique Sabino para reventarnos a todos y dejarnos desnudos ante la constancia de lo que es el verdadero compromiso ético con un pueblo y su pueblo.
Pero bien, estamos como decía un mensaje regado por Lusby Portillo esta madrugada (otro gigante en todo esto guste o no) al borde de una gran victoria. No de un grupo, no de un movimiento, ni siquiera de una victoria particular del movimiento popular frente a un gobierno que no ha querido o no ha podido por los intereses que lo rodean, asumir la palabra comprometida públicamente de su mismo presidente. Es la victoria de una patria digna de sí al abrir la esperanza de quienes son los garantes históricos y ancestrales de lo que somos como nación venezolana y nuestramericana. Es una derrota monumental a todas las formas de imperialismo y colonialismo interiorizado incluso en algunos de nuestros ilustres intelectuales de izquierda. Es una posibilidad de hacer de las territorialidades indígenas una verdadera escuela del nuevo mundo por construir donde no solo indígenas de sangre sino todos los que somos indígenas de compromiso y alma regados entre campos y ciudades vayamos a aportar y recibir. Esperemos que en las próximas horas frente a frente el padre Korta y el presidente Chávez, entrevista que ya la tienen prometida y por lo cual se depuso la huelga de hambre, sus acuerdos respondan a la inmensa expectativa que se ha abierto. No es con votos que se prueba la revolución es en estas y concretas decisiones a tomar donde verdaderamente nos jugamos todo.

Que viva la revolución…no hay pueblo vencido. Si te interesa el artículo...Pincha aquí

La palabra del Presidente y los logros de la dignidad en ayuno radical

El pueblosoberano.net


Ocho dias lleva la Huelga de hambre sostendida por el hermano José María Korta por la libertad de Sabino y los yukpa detenidos, por el derecho Constitucional y legal que tienen los indígenas a ser juzgados por sus propias leyes y procedimientos ancestrales y por la demarcación y entrega de territorios tambien consagrada el el nuevo estamento legal bolivariano, pero incumplida en forma reiterada por la burocracia.

A esta Huelga se sumaron dos hermanos más, el misionero Ramón Dominguez y el activista Li Min Wu.

Hoy se levantará la Huelga en base a una propuesta hecha por el propio presidente Chávez, aún en gira internacional como un acto de fe en su palabra.

La palabra del Presidente

El Presidente Chávez, desde el exterior se ha enterado de esta acción radical y a través de su vocero principal, el Vicepresidente Elias Jaua ha aceptado recibir al hermano Korta considerando de antemano justas las razones expuestas claramente, a condición de que suspenda el ayuno radical que mengua sus vitalidades.

Korta ha aceptado el levantamiento de su ayuno y se mantiene con dignidad a la espera del Presidente. El asunto de la conversación con el Presidente es por su coincidencia con las razones de la acción, expresadas a través con las cinco peticiones o propuestas que motivaron la huelga, que como dice el mismo Korta, “no es para derrotar ni humillar a la revolución sino para que esta se realize y se fortalezca plenamente en los derechos de los pueblos originarios”.

Las torpezas y prepotencias del estado-gobierno

Un día antes una operadora yukpa del Ministerio del Interior, Amalia Pérez, directora de uno de los llamados “centros pilotos” -especie de reservas endógenas- con los que los ministerios han sustituido o eludido la demarcación territorial, se presentó en el edificio con una buseta donde venían, los yukpas familiares de Olegario (uno de los detenidos) y Ever García (yerno de Sabino fallecido en los sucesos).

El resto de los indígenas que sumaban una veintena era hermanos barí dirigidos por un barí que se retiró con Amalia luego de dejar instalado un campamento y unas pancartas que atacaban a Sabino, a la Univerisidad Indígena de Venezuela, acusandola e “ideologizar” a los indígenas y a Korta, de las cuales los hermanos recien llegados no tenían mucha información y evidenciaban mucha confusión al ver la cantidad de hermanos de diferentes pueblos que los recibieron amablemente.

Entre los venidos, está el padre de Ever, Antonio García, quien ha pedido desde el principio castigo para Olegario por la muerte de su hijo, casado con Guillermina, una de la hijas de Sabino, y en su confusión piensa que como la justicia criolla implica cárcel, esta es más efectiva e implica condena inmediata.

Antonio García ha sido atendido por el Ministerio del Poder Popular de Pueblos Indígenas en sus necesidades de vida, pero sorprendentemente no ha superado su confusión inicial sobre la justicia para su hijo. Más sorprendente aún es que muy recientemente Antonio se asimila a otro “centro piloto” dirigido por la yukpa Amalia Pérez antes mencionada y apartir de ahí cambia sus testimonio en el juicio y comienza a acusar a Sabino del culpable material de todos los heridos y muertes ocurridas en los sucesos del 13 de octubre, incluso la muerte directa de su hijo, que estaba del lado de Sabino en aquel conflicto, estas acusaciones incluyen las heridas de la hija pequeña de Sabino. Detrás de Amalia Pérez están Tamara Duque, Viceministra del Interior y Coordinadora del “Plan Yukpa” y su Superior Tarek El Aisami.

Al día siguente un piquete de guardias nacionales (30 aproximadamente) llegó en plena rueda de prensa de los pueblos indígenas, a delimitar con cinta amarilla los espacios del “hall” del Edificio de Pajaritos, acción que fue impedida por los manifestantes, los guardias confesaron que venían más indígenas a protestar y que necesitaban buscarles un espacio. Todo esto sucedía mientras se discutía la aprobación con ajustes de precisión de la primera de las dos propuestas alternativas hechas por el Ministerio del Ambiente con el apoyo del Ministerio Indígena.

Los medios públicos sin respeto

Simultáneamente los medios públicos rompieron su silencio para televisar y radiar la voz confusa de unos indígenas pedían justicia ordinaria o “criolla” cuando el conjuntos de los pueblos originarios en Venezuela y del Continente tienen como lucha fundamental el reconocimiento de sus propias leyes y el derecho a sus territorios ancestrales.

Es lamentable que un proyecto que anuncia la tarea radical de desmatelar un estado burgués por uno socialista y popular lo primero que haga sea convertir el aparato comunicacional en un aparato de propaganda del estado burgués, donde no tiene cabida la lucha social y la crítica revolucionaria, donde los voceros se elevan desde el poder que da administrar la renta petrolera en nuestro nombre y donde los locutores tienen una medida policíaca de cual es la crítica razonable y constructiva y cual es la crítica conspiradora y sediciosa.

Quisieron olvidar y olvidaron, que las nuevas relaciones liberadas son fundamentalmente relaciones de comunicación y diálogo y que los medios deben construirlas, cuando pasan verdaderamente a manos de los pueblos. Hay excepciones númerosas, incluso colectivas, pero fueron maniatadas por la línea oficial de ministros que olvidaron su memoria y su propio respeto.

Rectificaciones y revisones serias y verdaderas
Es impresionante para nosotros dar testimonio del discurso de la burocracia indígena, que en todas las ocasiones al ser abordados sobre estos asuntos no se daba por enterada y pedía información, y una vez enterada e interpelada preguntaba, “aja, que necesitan”. Una rectificación y reimpulso serio del gobierno sobre este caso empezaría por la destitución inmediata de Nicia Maldonado Ministra de Pueblos Indígenas y de Tarek El Aisami, Ministro Relaciones Interiores y Justicia, responsable del Plan Yukpa y del criminal intento de dividir y confrontar a hermanos indígenas de una misma lucha.

Lamentablemente esta solución sería aún poco o nada, ya que la verdadera revisión pasaría por disolver el ministerio pues es un mecanismo nefasto de perversión de las relaciones del estado con los pueblo indígenas y un de desnaturalización de sus dirigentes coptados por la burocracia y para intereses mezquinos distintos al destino de sus pueblos, su cultura y sus comunidades.

Una revisión sería pasaría por disolver los consejos comunales indígenas y aceptar la interlocución del gobierno para los proyectos, con el gobierno ancestral indígena, ya que estos dividen y disuelven la cultural y las relaciones ancestrales de resistencia de nuestros pueblos originarios y los convierten en mendigos de prestamos y aportes, los desarraigan de su plan de vida. Que no decir que la solución en el caso del Ministerio de Relaciones Interiores, pero este no es asunto de esta editorial que se conforma con imaginar una destitución como voluntad de nuestras voluntades revolucionarias.

La lucha de los pueblos y la revolución
La Sociedad Homo et Natura, las comunidades indígenas en lucha de la Sierra de Perijá, la Universidad Indígena de Venezuela y la Causa Amerindía Kiwxi se afirman como un referente de la voluntad autonómica necesaria al movimiento popular y social para reorientar nuestro proceso revolucionario, sin temor alguno de levantar la palabra de dignidad y respeto a la altura del destino de las causas y luchas qie hicieron y conformaron la rebelión y la resisitencia de nuestros pueblos.

Todos tenemos mucho que aprender, todos hemos aprendido. La palabra del Presidente Chávez, en la que confian los huelguistas y la mayoría de los revolucionarios se pone a prueba, vamos al diálogo convencidos de que no son sencillas las rectificaciones, que para que se solucione definitivamente esta deuda social y política, habrá que cumplir con la palabra de cambiar el sistema y el sistema es fundamentalmente cambiar el modelo de desarrollo que pone la extracción de minerales por delante de los derechos, la vida, la agricultura campesina y de la soberanía de los pueblos.

La causa indígena amerindia puede curar con remedios originarios a la revolución de enfermedades que son incuralbes desde el sectarismo, desde la prepotencia y desde el poder, sólo se requiere dialágo, no subordinación, trabajo colectivo, no línea ferrea, palabras, no silencio, y mucha valentía a la altura del compromiso.

La cuestión de fondo continuará, más allá de lo que se haya logrado en los días de huelga, o de lo que salga de la reunión con el presidente Chávez. Nos referimos a de los grandes negocios con las transnacionales energéticas, representadas en este caso especifico en el gobierno Ruso, ya es de todos conocido los contratos que trajo el Presidente en su maletín, todos ellos afectan directamente los territorios indígenas en todo el país.

El Gobierno se empeña en relaciones internacionales que se sustentan no en el intercambio de los pueblos, sino en el intercambio mercantilista y depredador, crea acuerdos de energía nuclear que no ha consultado ni informado a los que se verán más afectados por estos planes y al conjunto de nuestro pueblo.

Dos consignas antiguas desde la esquina de Pajaritos para todo el movimiento popular, indigena y obrero que hoy sueña con un destino común y teme perder la oportunidad de lograrlo.

¡El Socialismo se conquista peleando!
¡Luchar hasta vencer!
¡Libertad para Sabino Romero y los yukpas presos ilegalmente!

¡Tierra indígena, sin minas y sin ganaderos! Si te interesa el artículo...Pincha aquí

SUPERAR EL IMAGINARIO JACOBINO-BLANQUISTA INCRUSTADO EN LA DIRECCIÓN REVOLUCIONARIA

Javier Biardeau R.

Para evitar la derrota estratégica de la revolución bolivariana, hay que debatir con rigor y consistencia desde una plataforma de pensamientos críticos. Pues aunque hay quienes quieran negarlo, existe una línea de continuidad fundamental entre la derrota del proyecto de Reforma Constitucional del año 2007, y el revés táctico de las elecciones parlamentarias del 26-S del año 2010.
Si se quieren abordar los factores explicativos que aparecen en ambos eventos político-electorales, conviene ir más allá del plano de superficie de los datos, y meterse de lleno en las condiciones que operan en la base de la tendencia de reflujo popular en el propio corazón de la revolución bolivariana (tendencia que no es irreversible por cierto, sino marcada por una sobre-determinación de condiciones y contradicciones). Este corazón muestra la parálisis estratégica del espíritu constituyente, parálisis de la revolución democrática constituyente, sin la cual no es posible ni imaginar ni pensar una renovación del proyecto histórico socialista.
Cuando uno revisa los análisis elaborados luego de la derrota del proyecto de reforma constitucional, da cuenta de que no se trataba fundamentalmente de la inmadurez y carencia de conciencia ideológico-política de los sectores populares, ni que fueron presa fácil de la alienación mediática, generada por la maquinaria de propaganda dirigida desde Washington y los sectores económicos dominantes del país.
Se trataba además de graves errores de la alta dirección política (incluido Chávez) que aún no comprenden, lo que en alguna oportunidad algunos análisis han denominado la dialéctica entre “el poder constituyente y el poder constituido”.
Una revolución democrática, socialista, eco-política y descolonizadora, no se decreta “desde arriba”, encarnando un imaginario político de carácter jacobino-blanquista, construyendo una separación tajante entre las “fuerzas motrices” de una revolución y sus “fuerzas dirigentes”. Viejos estilos políticos de conducción marcados por fuertes dosis de cesarismo, sectarismo, dogmatismo doctrinario, vanguardismo, seguidismo ideológico y esquematismo no son la vía correcta. Si se quiere ir más allá de un populismo de izquierda con rasgos cesaristas en su conducción política, para construir las bases materiales, políticas y ético-culturales de la democracia radical y la igualdad sustantiva (dos ideas-fuerza de la renovación del ideario socialista), hay que corregir errores profundos. De allí la importancia de abordar asuntos medulares en la propia subcultura política del campo revolucionario.
Mientras no se supere el imaginario político jacobino-blanquista, en clave leninista, vanguardista, o en su variante populista-cesarista, persistirá toda la sintomatología de una revolución encallada y extraviada.
Comencemos por ideas-fuerzas que apuntan directamente a la medula del problema. En primer lugar, hay que abandonar tanto cualquier referencia dura al marxismo doctrinario y esquemático, así como las afinidades electivas a los nacionalismos radicales que fortalecieron una hegemonía de carácter populista; es decir: 1) superar cualquier escatología relacionada con el marxismo burocrático que fue consagrado como doctrina oficial e ideología de justificación de las experiencias de los socialismos realmente in-existente, así como: 2) aquellos populismos de otrora que fortalecieron “bonapartismos socialmente progresivos”, pero que se agotaron a mitad de camino a la hora de implantar y consolidar espacios decisivos de acumulación de fuerzas para el poder popular.En ese marxismo escatológico, es palmaria la actitud ambivalente respecto a la figura de la forma-Estado (Estatismo Autoritario) que bloquea el abordaje de asuntos como la democracia radical y la socialización efectiva del poder social, para superar la explotación económica, la coerción política, la hegemonía ideológica, la exclusión social y la negación cultural.
En el populismo de izquierda, la dirección política del proceso asume los caracteres histórico-estructurales de una hegemonía de carácter burgués en su economía política (fracciones del capital industrial, financiero o de la burguesía de estado), con fachadas poli-clasistas en sus alianzas sociales, y una vociferante retórica de corte popular-radical.
Por una parte, hay en ciertos hitos del marxismo y el leninismo doctrinario, una convicción basada en un análisis histórico realista, de que las revoluciones se frustran en el momento en que no se desmontan los peores males del Estado capitalista heredado (su burocracia, sus aparatos represivos, sus aparatos de hegemonía ideológica, las instituciones que secuestran la voluntad popular).
Por otra parte, hay también el convencimiento de que la revolución socialista tiene necesidad de una forma-Estado (la “Dictadura Revolucionaria”) para abatir el viejo sistema capitalista. Esto implica crear su propia maquinaria del Estado, y de allí los grandes obstáculos a los que se enfrenta, por ejemplo, Lenin, para edificar el Socialismo con base al fortalecimiento paradójico de la Burocracia y el Capitalismo de Estado.
Es precisamente allí, donde se debate uno de los asuntos medulares de cualquier programa de investigación-acción sobre transiciones post-capitalistas. Sin asumir que los procesos de transición presentes, requieren un balance crítico de inventario de las experiencias históricas del socialismo real, definiendo la necesidad de programas de investigación-acción y de educación popular, que apalanquen cualquier dispositivo de formación socialista, son previsibles los oportunismos, las improvisaciones, los “calcos y copias”, las indefiniciones, el seguidismo ideológico; y por tanto, la repetición de graves errores en la edificación de la vía venezolana para especificar su proyecto histórico socialista.
Es patente, por ejemplo, como se repiten ciegamente las bases de la concepción leninista del partido-aparato, y toda la mitología acerca del centralismo democrático como dispositivo de organización y funcionamiento, sin dar cuenta de su conexión histórica con la prefiguración de las futuras deformaciones burocrático-capitalistas del Estado de transición al socialismo, en condiciones excepcionales, como fueron las de la formación social rusa de entonces.
Un partido cuyo modo de organización y funcionamiento, propende al “centralismo burocrático”, y peor aún, al partido-personalista, no construye democracia participativa en su seno, rasgo que se reproduce hacia todos aquellos espacios donde se proyecta su campo de acción histórica, sea a la sociedad o el Estado.
Lo que llaman partido-maquinaria, contrastando esta idea con un “partido revolucionario de masas”, o con un movimiento cuyo epicentro directivo aglutina hegemónicamente múltiples movimientos y frentes sociales, no es más que el efecto de superficie de una concepción profundamente antidemocrática y regresiva de la democracia interna en el seno de cualquier organización política, pues se ha dejado de lado un estudio riguroso de la relación entre dirección política y movimiento de masas.
Se hace énfasis en términos como: control político, disciplina, decisiones, directivas, cargos, consignas, secretismo, verticalismo; y se omite lo fundamental, que el partido-movimiento-frentes sociales sea un instrumento político de la acumulación de fuerzas del pueblo. La semilla de la “degeneración burocrática del Estado obrero”, para seguir con los enunciados canónicos, estaba en la cultura, estructura, procesos de comunicación política y estrategia del partido-aparato-maquinaria.
Por otra parte, la excepcionalidad de las transiciones al socialismo en condiciones de atraso, subdesarrollo, heterogeneidad estructural o dependencia, son escasamente visibilizadas en los análisis que repiten los formulismos de Marx, Lenin o Guevara, por ejemplo. De esta manera el “análisis concreto de la situación concreta” es subsumido en las famosas leyes universales o generales de las transiciones al socialismo, evacuando los problemas específicos y particulares que se desenvuelven en la historia concreta de cada formación social o realidad nacional, en su densidad, conflictos y complejidades.
Así mismo, es necesario comprender una de las diferencias tajantes entre Marx y Lenin, para evitar todas las confusiones de la mitología estalinista sobre la llamada doctrina “marxista-leninista”. No hay continuidades simples entre Marx y Lenin. Esto es patentemente manifiesto en sus actitudes frente al jacobinismo o en sus actitudes frente a lo que a la postre será la idea de “partido-único de la revolución” (liquidación del pluripartidismo soviético, como lo llamó a la postre Trotsky).
La desconfianza hacia el poder autónomo de los soviets o consejos, la mono-partidización de todo el entramado de movimientos sociales y de espacios populares bajó una lógica vertical-impositiva-difusionista, sin construir una pedagogía crítica-liberadora en la relación entre estructuras de dirección y bases de apoyo de la revolución. Sólo bastaría leer a Marx cuando hablaba de la actitud del “partido comunista” hacia otros partidos democráticos u obreros, para comprender, que el sentido de una política de alianzas no culminaba en un acto de hegemonía sectaria y autoritaria. No se trataba de ningún “Socialismo Cuartelario".
Así mismo, por ejemplo, Marx valoraba en su contexto histórico y bajo determinadas circunstancias al espíritu jacobino por su posibilidad de construir una revolución política burguesa, movilizando incluso a sectores del pueblo llano; sin embargo, criticaba que se erigieran en sustitutos del autogobierno de los trabajadores, que pensaran que éste necesita ser guiado autoritariamente (una suerte de “poder pastoral”) por quienes tienen el monopolio de las “luces políticas” (los jacobinos, naturalmente) que toman el papel de “vanguardia de la Revolución”.
Marx crítica abiertamente a los “blanquistas”, por considerar éstos que una “minoría conspirativa” puede sustituir la revolución autónoma de una inmensa mayoría por el interés de la mayoría inmensa (como afirmó explícitamente en el Manifiesto Comunista). De esta manera, se llega a la contradicción jacobina: instaurar la dictadura de una elite revolucionaria, aunque fuera bajo el disfraz de una “dictadura revolucionaria”.
Pocos conocen que los enunciados acerca de la “dictadura del proletariado” fueron originariamente configurados desde el campo del “blanquismo”; que fueron modificados y re-significados por Marx, asumiendo una postura mucho menos impositiva que la de una “minoría conspirativa y esclarecida”, se trataba no de una dictadura revolucionaria de una minoría, sino del poder de la mayoría, de la multitud, del pueblo trabajador.
De allí que la conquista de las mayorías era un asunto de mayorías, era asunto de participación protagónica directa de las multitudes en los acontecimientos revolucionarios. Y en términos de movilización, articulación y reagrupamiento de fuerzas. Es preferible pecar de exceso en la “espontaneidad de masas”, que pecar de defecto, en la “imposición de un centro político burocrático”.
Hay que recordar las palabras de Daniel Guerin en este punto: “Por espíritu jacobino debe entenderse, a mi juicio, la tradición de la revolución burguesa, de la dictadura desde arriba de 1793, un tanto idealizada y no muy bien diferenciada de la dictadura desde abajo. Y, por extensión, debe entenderse también la tradición conspirativa babeuvista (Graco Babeuf) y blanquista, que toma las técnicas dictatoriales y minoritarias propias de la revolución burguesa para ponerlas al servicio de una nueva revolución.”
De este modo, y a riesgo de simplificar, se pueden establecer los marcos de esta discusión en una dicotomía:
1) la idea del “socialismo revolucionario”: la revolución se hace siempre “desde abajo”, o sea desde, por y para el pueblo, lo que arrastra el tema de la radical “socialización del poder” y de la revolución democrática, a través de la auto-organización de la multitud plebeya (Marx lo decía así: la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos); o
2) la idea “jacobina” según la cual la Revolución se hace fundamentalmente “desde arriba”, atravesada por la virtud moral y la superioridad cognoscitiva de una elite política, cuyas directrices revelan un estilos vertical-impositivo-difusionista de tratamiento del pueblo, y alrededor generalmente del campo gravitatorio de la política gubernamental o Estatal.
De esta manera se invierten los términos, y en vez de ser la forma-Estado un instrumento del pueblo, es el pueblo un instrumento de la forma-Estado.
Basta re-leer a Marx en clave crítica, sin los filtrajes de todo el aparataje de manuales de doctrina marxista-leninista, para dar cuenta del abismo entre Marx y Stalin, por ejemplo.
Por supuesto, esta no es una discusión teorética, sino de una discusión muy “práctica”, con evidentes implicaciones para la “vida práctica de los activistas revolucionarios”. Se trata de clarificar sí una revolución crea mayores espacios para las prácticas de libertad política y liberación social (en Marx confluían la emancipación política y la emancipación social, y no el “comunismo grosero” que fue duramente criticado en sus Manuscritos de Paris), o degenera en cualquier variante de dictadura o autoritarismo de minorías.
En el plano de la actuación política, perseguir uno u otro fin, sitúa las opciones políticas en las antípodas de la política revolucionaria. O se asume la liberación social desde la democracia radical, o se asume una variante de “comunismo de estado” desde una política despótica. El dilema radica en clarificar el régimen de posibilidad de ser jacobino y marxista a la vez.
Allí se abre la apuesta leninista. Lenin fue el primero en proclamarse al mismo tiempo marxista y jacobino. Algo extraño para Marx, que cuestionaba el jacobinismo y que además decía que el “no era marxista” (mayor heterodoxia no había). Pero la identidad política de Marx era clara y diáfana: comunista (un comunista promotor del libre desarrollo de la potencia humana), o en el peor de los casos, bajo la semantización de Engels, un “socialista científico” y “socialista revolucionario”.
Pero la trayectoria de Lenin alumbra los problemas contenidos en dicha síntesis. Hoy sabemos que Lenin no fue el artífice de la Revolución Rusa, sino que fue el movimiento revolucionario de ese país, su poder constituyente, con su politización de décadas lo que condujo a crear las condiciones para comprender los acontecimientos de 1917, lo que Lenin supo interpretar para intervenir políticamente; de modo semejante en que el asociacionismo popular, en clubes, del jacobinismo resultó esencial para 1789-1793, donde personajes como Robespierre o Saint-Just supieron representar un papel de conductores políticos.
Pero ni Lenin ni Robespierre ni Saint-Just son los demiurgos de esas revoluciones: es el poder constituyente, los acontecimientos de masa y de las situaciones configuradas en el antagonismo de clases, las que van marcando el ritmo, dirección, contenido y alcance del proceso revolucionario.
Dentro de esa tradición, Lenin pensaba (tomando aquí a Marx) que la diferencia entre “el socialismo democrático” y el “jacobinismo blanquista” “se reduce al hecho de que (en el primero) hay un proletariado organizado y provisto de una conciencia de clase en lugar de un puñado de conjurados”. La crítica de Rosa Luxemburgo a Lenin en este aspecto conserva toda vigencia. Lenin define a su «socialdemócrata revolucionario» como un “(...) jacobino ligado a la organización del proletariado que ha tomado conciencia de sus intereses de clase. En realidad, la socialdemocracia no está ligada a la organización de la clase obrera, ella es el movimiento mismo de la clase obrera”, aseguraba la revolucionaria polaca.
Podríamos decir para nuestras circunstancias históricas, que una revolución democrática y socialista es el movimiento mismo de emancipación del pueblo insurgente, del obrero social, de la multitud plebeya. Y en nuestras condiciones histórico-culturales, no hay revolución democrática y socialista, sin postular la mayor pertinencia de la ecología política radical, y sin un proceso de descolonización del pensamiento socialista que impugne desde su raíz las huellas del racismo y del eurocentrismo.
Si Lenin (análogamente a Bolívar, por cierto) había asegurado que “(…) la inteligencia de decenas de millones de creadores proporciona algo infinitamente más elevado que las previsiones más vastas y geniales de unos pocos”; también aseguró que “(…) al educar al partido obrero el marxismo forma a la vanguardia del proletariado, la capacita para tomar el poder [...] para dirigir, y organizar un nuevo régimen, para ser maestra y guía de todos los trabajadores”.
A partir de este mensaje leninista, “vanguardia-maestra y guía”, surge posteriormente el sacrosanto principio de la “función dirigente y superior del partido sobre la sociedad y el Estado” en las experiencias de los “Socialismos reales”.
De un “partido-aparato único”, por cierto, ajeno a cualquier articulación democrática de la diversidad anticapitalista en el campo revolucionario, y subordinando a maniobras tácticas, cualquier política de frentes políticos o sociales. De allí que el “espíritu frentista” estuviese cargado de hipocresías, sectarismos e instrumentalizaciones. No había finalidad política democrática superior, sino simple absolutización de medios instrumentales.
El conflicto que sella el devenir de la revolución rusa se juega al interior del bolchevismo, entre dos espíritus: el marxista libertario y el jacobino-blanquista; y esto nunca será resuelto ni en Lenin, ni en Trotsky, y mucho menos en Stalin. De allí la importancia de abrir el archivo de referencias al torbellino creativo de los años 1890 hasta 1934, como una de las momentos de auge de la teoría crítica anti-capitalista, pues hay mucho que más “marxismo-leninismo ortodoxo”: hay socialdemocracia revolucionaria, hay comunismo de consejos, hay austro-marxismo, hay sindicalismo revolucionario, hay corrientes libertarias; hay pues muchos más pensamientos críticos socialistas, que un pensamiento–único revolucionario. Se trata de superar el “marxismo ortodoxo”, que condena a cualquier revolución a repetir los errores de las experiencias del despotismo burocrático.
El énfasis del Lenin en 1923, por ejemplo, en la llamada “inspección obrera y campesina” fue enarbolado con orgullo y razón como un combate abierto contra la burocracia, pero hace olvidar un hecho: la “inspección obrera y campesina” es un principio muy diferente a la “gestión de la producción por los propios trabajadores y trabajadoras”. El primero supone un control sobre una burocracia ya constituida, el segundo busca oponerse a la constitución misma de la burocracia; el primero supone la existencia de un aparato estatal con estructura de tipo tradicional, al que se le ha asignado la función de sostener la infraestructura de la revolución social: un Estado con funciones socialistas, pero con una estructuración político-administrativa de corte burgués, que debe ser controlado y desmontado; el segundo principio, la “gestión de la producción por los propios trabajadores y trabajadoras, supone necesariamente un nuevo tipo de semi-Estado de transición, mucho más democrático que cualquier estado representativo burgués, como decía Gramsci, creado por la experiencia asociativa de las masas.
Con Trotsky sucede algo parecido. Si en su juventud criticó el jacobinismo de Lenin y consideró que jacobinismo y socialismo proletario configuran “dos doctrinas, dos tácticas, dos psicologías separadas entre sí por un abismo”, y pudo afirmar en 1937 que “no puede haber un programa revolucionario hoy, sin soviets y sin control obrero”, pero también aseguró en Balance y perspectivas: “El Estado no es un fin en sí. Es apenas una máquina en manos de las fuerzas sociales dominantes”, con lo que no captaba la contradicción existente entre una y otra proposición, pues no se trata de poner los soviets al lado del Estado, sino de que la lógica de los soviets atraviese toda la lógica de un nuevo Estado de transición.
El problema no radicaba en convertir a los soviets (ó los consejos) en “células estatales”, sino lo contrario: que el nuevo Estado de transición, radicalmente democratizado sea en sí la articulación de los soviets constituidos, que haya efectivamente amputado los peores males del cualquier Estado burgués: no hacer un Estado que “apoye” a los soviets, sino pensar que estos son ya una forma-Estado de transición, que comienza que derrumba los peores lados de esta forma o principio de dominación, como lo son sus aspectos puramente coercitivos, policiales, represivos y toda su maquinaria burocrática. Pues no es idéntico utilizar el Estado contra las clases dominantes minoritarias, que utilizarlo sobre y contra los obreros, campesinos y soldados, cada vez mas politizados.
Esa tensión en el marxismo bolchevique entre su “vocación libertaria” y su “vocación por el comunismo estatal”, entre la revolución “desde abajo” y la revolución “desde arriba”, entre su impugnación del Estado y la afirmación de la necesidad de su continuación, está presente en la historia de las revoluciones posteriores, e incluso se asoma por la puerta grande en la propia revolución bolivariana, de mano con una problemática de la transición post-capitalista que pasa inevitablemente por despejar sus relaciones entre el poder constituyente y el poder constituido, entre el carácter básicamente liberal-socialdemócrata de su diseño Estatal y Constitucional, y el Proyecto Histórico Socialista que pretende encarnar.
La transición pacífica es una transición limitada a los acontecimientos de masa que se producen en el propio proceso de profundización de la democracia social y participativa, hasta tanto no se desaten nuevos nudos constituyentes ( el año 2007 no era un año de reforma liberal, sino de iniciativa constituyente desde abajo, esa iniciativa fue de nuevo bloqueada por el centro político burocrático), más allá de “reformas y enmiendas”, cuyo juego de lenguaje se mueve en el terreno de los límites constitucionales; una Constitución que efectivamente es flexible y abierta, pero sin aquellas elasticidades que permitan graves confusiones, como por ejemplo, entre la forma del Estado Social y Democrático (invención socialdemócrata), con los Estados Socialistas (invención leninista) a la vieja usanza.
Esta pregunta no es ingenua: ¿cree usted que el Estado Social y Democrático equivale al Estado Socialista imaginado, por ejemplo, por Lenin? Aquí reside una vulgar confusión en el seno de la “elite iluminada” del propio PSUV, cuando se repite a los cuatro vientos que hay que desmontar el Estado burgués y construir el Estado socialista.
Quien no comprenda los callejones sin salida reformista de los límites constitucionales, no comprende las relaciones entre derecho y política en los procesos de transición pacíficos. Si no se agotan los contenidos socialdemócratas de la propia Constitución, si no se desarrollan, profundizan y agotan sus principios, valores y se concreta el ejercicio efectivo de la Carta de Derechos Fundamentales, todas las maniobras para modificar los aspectos de organización de los poderes (desmontar alcaldías y gobernaciones, por ejemplo) afectando los principios fundamentales, claramente establecidos, son un ejercicio fáctico de extravío político-jurídico.
Pues los actos constituyentes de facto, son eso, actos que desestabilizan ordenamientos constitucionales a partir de una revolución democrática del poder constituyente, actos de multitudes, que no pueden ser suplantados, sustituidos o confiscados por la voluntad jacobina de una vanguardia que sustituyen el protagonismo de masas; y por otra parte, que afectan cualquier idea de transición pacífica en los marcos del constitucionalismo democrático.
Allí reside el impasse político-jurídico que ha generado la propia dirección revolucionaria, confundir prácticas de reforma, con prácticas constituyentes y revolucionarias. No hay posibilidad de confundir a Kelsen ó a Herman Heller, con el Che Guevara. No se trata de buenas intenciones, o de intenciones revolucionarias, se trata de consistencia teórica y examen de la viabilidad jurídico-política.
Por otra parte, y para agravar las tensiones entre una revolución desde abajo y una revolución desde arriba, es ostensible el “cesarismo socialmente progresivo” de Chávez, que adicionalmente da muestras de “rasgos políticamente regresivos” (el poder de Uno en vez del poder de Muchos), rasgos típicos de un liderazgo carismático con apoyo popular, pero que no puede confundir una “democracia plebiscitaria” con una democracia deliberativa, participativa y protagónica, ejerciendo en múltiples circunstancias un estilo de dirección personalista-caudillista. Por tanto (y de eso se quejaron Müller y Tacón, para poner dos casos entre la diversidad de voces que lo han planteado, basta recordar el debate truncado sobre “hiper-liderazgo”) de una revolución que carece de una conducción colectiva de peso, cuya iniciativa constituyente de masas es bloqueada y fracturada permanentemente por el partido-maquinaria o por Chávez mismo; por otra, coloca al poder constituyente en una fase de espera-pasiva de lineamientos o directivas desde el poder constituido.
Si el predominio de las directivas de Chávez es harto evidente, su herramienta-complemento, el partido-maquinaria, reproduce la lógica de la función dirigente y superior del “partido-único revolucionario” sobre la sociedad y el Estado, típica estructuración de la conducción política que se acerca aceleradamente a los socialismos reales. En contraposición, una revolución democrática constituyente, si quiere alcanzar una mayor socialización del poder social, no puede apoyarse ni en el mito cesarista de los populismos de otrora, ni en el partido-único calcado del socialismo burocrático. Ni populismo ni estatismo autoritario.
Tal tensión entre el imaginario libertario de la revolución y el imaginario jacobino-blanquista, no se resuelve en el justo medio entre ambas inspiraciones, sino en otro lugar. Se resuelve en la afirmación, promoción y defensa del “espíritu positivo y creador” de las masas populares contra el “espíritu estéril del vigilante nocturno”, propio de una instancia el Estado que se ha colocado fuera y por encima de ellas. O sea, todo lo opuesto a la ejecutoria histórica del “Socialismo-Comunismo de Estado”.
Lo que se evita al asumir la primacía del poder constituyente sobre los poderes constituidos, es la usurpación del hecho revolucionario por la burocracia, y/o por las fracciones el capital ligadas a la movilización poli-clasista, por el mito cesarista, que tiende a bloquear cualquier salto cualitativo hacia el auto-gobierno popular. Y por mito cesarista se comprende una definición precisa: el culto a la personalidad es el grado superior del sectarismo en política.
Por ejemplo, el jacobinismo de Lenin es una muestra palmaria de esta dificultad y sus posibles reacciones psicológicas. Lenin (Un paso adelante, dos pasos atrás) afirma: “Las "terribles palabras de jacobinismo, etc. no significan absolutamente nada más que oportunismo. El jacobino, indisolublemente ligado a la organización del proletariado consciente de sus intereses de clase, es precisamente el socialdemócrata revolucionario. El girondino, que suspira por los profesores y los estudiantes de bachillerato, que teme la dictadura del proletariado, que sueña en un valor absoluto de las reivindicaciones democráticas, es precisamente el oportunista”.
En “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática”, agrega: “Esto no significa, en modo alguno, que queramos sin falta imitar a los jacobinos de 1793, adoptar sus concepciones, su programa, sus consignas, sus métodos de acción. Nada de esto. Tenemos no un programa viejo, sino nuevo: el programa mínimo del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Tenemos una consigna nueva: la dictadura revolucionario-democrática del proletariado y de los campesinos.”
Sin embargo, hoy sabemos cual fue efectivamente el devenir histórico de la dictadura sobre y contra el proletariado, soldados y campesinos. ¿Se repetirán los mismos errores?
Continuará…
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lunes, 25 de octubre de 2010

Hermano jesuita suspende huelga de hambre

Representantes indígenas aseguraron que la culminación de la protesta es una “acción de buena fe” ante las respuestas que han obtenido del Gobierno.

El hermano jesuita José María Korta ha decidido suspender la huelga de hambre que había emprendido, hace una semana, para exigir respeto a los derechos de los pueblos indígenas.

Después del prolongado ayuno Korta manifestó: “En vista del diálogo que hemos tenido con distintos dirigentes del Gobierno, hemos visto que la razón principal de la huelga, ha recibido respuesta”. La protesta de Korta fue emprendida para exigir la liberación del cacique yukpa Sabino Romero, protagonista de un conflicto armado causado por la ausencia de demarcación territorial de los pueblos originarios.

“La libertad inmediata de Sabino Romero está en proceso y se encamina bien”, destacó sobre las gestiones, no precisadas, del Tribunal Supremo de Justicia.

Sobre el tema de la demarcación ya existe un compromiso por parte del Ministerio del Ambiente y del Ministerio para Pueblos Indígenas de iniciar el Proceso Nacional de Demarcación, aunque no hay prevista una fecha para su inicio.

“Nos sentimos medianamente satisfechos”, dijo Korta sobre los resultados. También sostuvo que establecerán una comisión de vigilancia para garantizar que las peticiones se cumplan por completo.

Representantes de las distintas organizaciones que han acompañado al jesuita en la huelga consideran que la suspensión de la actividad se trata de “una acción de buena fe” en vista de las respuestas que han recibido del Gobierno.

Sobre su estado de salud se pudo conocer que Korta se siente bien, aunque con leve molesrtia en la garganta. Mejor condición tienen los otros dos huelguistas, Ramón Sanare y Limin Wú, quienes aseguraron estar en muy buen estado físico. Si te interesa el artículo...Pincha aquí

El fin de la guerra, sólo con diálogo, advirtió el Mono Jojoy

Tomado JORNADA DE MEXICO/ Jorge Enrique Botero

El jefe del Bloque oriental de las FARC (de boina oscura), EL Mono Jojoy, en un campamento de la guerrillaFoto Jorge Enrique Botero

El pueblo es invencible, y las causas por las que surgimos siguen vigentes... por eso ni los imperialistas ni la oligarquía colombiana pueden derrotarnos, dijo Briceño en agosto pasado

Serranía de La Macarena, Colombia. Camino por los pliegues de la serranía de La Macarena con una escuadra de 11 guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), penetrando las entrañas de la última cadena montañosa que exhibe la topografía colombiana antes de que el paisaje se colme de unas llanuras tan verdes como infinitas, capaces de llegar hasta Venezuela y Brasil, miles de kilómetros más al oriente.

Han pasado casi tres años desde que le envié al Mono Jojoy una solicitud para entrevistar a Tanja Nijmeijer, una joven holandesa que se incorporó a las filas de las FARC a finales de 2002, y hace apenas unos días me llegó respuesta positiva. De inmediato preparé mi equipo de grabación, empaqué unas pocas mudas de ropa y emprendí el camino.

Ahora que sigo las huellas de Tanja y me acerco lenta y penosamente al lugar remoto donde la imagino, crece mi curiosidad por esta mujer, convertida en una verdadera leyenda de estas selvas ignotas donde se libra, desde mediados del siglo pasado, la guerra más larga del hemisferio occidental.

Hace sólo un par de semanas vi en Bogotá un documental en el que la madre de Tanja le pide a las FARC que le permitan a su hija volver a casa. La pieza audiovisual, dirigida por el realizador holandés Leo de Boer, muestra a una madre aturdida que vuela sobre la selva amazónica en un helicóptero del ejército colombiano, gritando por un altavoz a su hija que huya. Hannie, la madre de Tanja, también aparece en el documental pidiendo perdón a un grupo de víctimas de la guerra por las eventuales acciones violentas que pudo haber cometido su hija.

Mientras subimos y bajamos montañas en absoluto silencio, con el eco de los morteros rebotando en las paredes rocosas de la serranía, me asaltan recuerdos del día que conocí a la holandesa, por allá en junio del 2003, pocos meses después de su ingreso a las filas insurgentes. La idea de una Tanja virtualmente secuestrada por las FARC no encaja para nada con la entusiasta guerrillera que tuve ante mí. Entonces ya se llamaba Alexandra y portaba un fusil AK 47 que parecía hecho a su medida. Extenuantes jornadas de entrenamiento a lo largo de varias semanas le habían esculpido un cuerpo que era la envidia de las otras guerrilleras y sus primeros amores en el monte ya comenzaban a asomarse entre el follaje. También se insinuaba su faceta de educadora, por lo que el Mono Jojoy ya le había echado el ojo.

Unos meses más tarde la volví a ver. Ya estaba en los campamentos del comandante del Bloque oriental, impartiendo clases de inglés a un selecto grupo de guerrilleros.

–We are FARC, we are the people army, les hacía repetir a sus alumnos una y otra vez en la muy bien acondicionada aula de clases donde la encontré de nuevo.

Los días y sus noches pasan, hasta que Efrén, el comandante del Frente 27 de las FARC y jefe del campamento donde espero, me anuncia el 19 de agosto que debo prepararme, pues dentro de unas horas veré a Holanda. El camarada Jorge (Briceño) le manda saludos, quié quita que le dé una entrevista, agrega Efrén.

El 20 de agosto emprendo una corta marcha al final de la cual descubro a Alexandra fundida en el follaje, mezclada con más de 300 guerrilleros que se alistan para una solemne parada militar en la que se graduarán como guerrilleros 57 jovencitos recién ingresados a las filas de las FARC y –de paso– se rendirá homenaje a Jacobo Arenas, uno de los fundadores de esta enigmática y beligerante fuerza insurgente colombiana.

La cámara ya está encendida y enamorada de Tanja cuando, de repente, entre un denso túnel de árboles, caminando lentamente y visiblemente afectado por la diabetes y por el paso del tiempo, hace su entrada en la escena Jorge Briceño, el jefe del Bloque oriental de las FARC, más conocido como el Mono Jojoy.
Lo escoltan su guardia personal y un pequeño ejército de enfermeras, así como su hijo, Chepe, su antigua compañera, Shirley, su sobrina Diana y el hombre encargado de grabar sus pasos, Julián, también sobrino del más temido guerrero de las FARC y el más ansiado trofeo del gobierno de Bogotá.

Al terminar la parada militar, después de los himnos y las arengas, saludo al jefe guerrillero. “Lo felicito por atreverse a venir hasta acá. Desde mañana podrá entrevistar a Alexandra”, me anuncia, al tiempo que lanza bromas sobre los estragos que han hecho la vida y el cáncer sobre mí.

Le agradezco a Jojoy por permitirme llegar hasta sus dominios para hacer la historia de Tanja, pero le advierto que no pienso irme de allí sin grabar una entrevista con él.

–Hace más de siete años que usted no le da una entrevista a nadie –argumento.

El jefe guerrillero hace un silencio que parece eterno antes de contestar.

–Lo voy a pensar, pero mientras tanto dedíquese a Holanda –responde.

El 25 de agosto, 27 días antes de que una tormenta de bombas acabe con su vida, tengo frente a mis cámaras al Mono Jojoy. Esta es su última entrevista a un medio de comunicación.

Jorge Enrique Botero: Pasaron ocho años de Uribe, también pasaron más de 10 mil dólares de Estados Unidos y unos 30 mil millones de dólares de inversión colombiana; decenas de miles de soldados, aviones, desembarcos, bombardeos, recompensas, informantes y sin embargo las FARC siguen ahí… ¿Cómo explica usted esto, comandante?

Mono Jojoy: Sencillamente porque el pueblo es invencible y las causas por las que surgimos nosotros están vivas. Con el uribismo esas causas se han multiplicado y eso hace que las FARC cada vez se perfeccionen más en su parte política y militar. Esa es la razón por la cual ni los imperialistas ni la oligarquía colombiana ni Uribe pueden derrotarnos: porque somos un pueblo alzado en armas.

JEB: ¿Cómo se ha expresado en el terreno militar ese perfeccionamiento de las FARC al que usted se refiere?

MJ: En mucha más movilidad, mejor cumplimiento de la comandancia en todos los niveles de la aplicación táctica, operacional y estratégica de nuestra línea, pero también en la organización de las masas, del contacto con el pueblo. Continuamos avanzando con más fuerza porque tenemos 46 años de existencia y vamos para 47. Se acercan levantamientos populares. No sólo en Colombia, sino en toda América, en el mundo.

JEB: Las FARC venían de un periodo de casi tres años de diálogos, de una zona despejada, de poca confrontación con el ejército y de repente se rompen los diálogos; ¿qué tan duro les dio a ustedes ese tránsito de la zona de despeje al Plan Patriota?

MJ: El planteamiento político-militar y estratégico de las FARC siempre ha sido para unas guerrillas móviles, un ejército de regular. Nosotros durante todo el tiempo de conversaciones tuvimos eso muy claro, entonces lo que se produjo fue un acoplamiento a la nueva situación. Además, en el gobierno de Andrés Pastrana había cinco municipios despejados de fuerza pública, pero en el resto había confrontación político-militar.

JEB: Comandante, camino a este lugar donde estamos realizando la entrevista, tuve la ocasión de conversar con muchos guerrilleros, que de alguna manera se sentían agradecido con la cantidad de entrenamiento, de experiencia de combate adquirida en estos años. ¿Qué cambios ve en sus tropas?

MJ: Unos mandos, un personal de base mucho más calificado, más político, más trabajador por la paz de Colombia, que ven necesaria la confrontación militar para poder llegar a unas conversaciones. Nosotros no estamos haciendo la guerra por la guerra, o porque nos guste, es que el Estado se inventó esta guerra y este mismo Estado con sus dirigentes oligarcas, con los gringos, tienen que resolverla.

JEB: Hace unos siete años, que fue la última vez que pude entrevistarlo, usted le pronosticaba a un grupo de prisioneros de guerra que con el presidente Álvaro Uribe no iba a haber ningún tipo de acuerdos, y su pronóstico se cumplió. Quisiera preguntarle: en su opinión, ¿para dónde va la guerra, que avizora en el futuro con la llegada de Juan Manuel Santos como nuevo presidente del país?

MJ: Santos, como continuador de una política imperialista, oligárquica, buscará por todos los medios destruir la lucha del pueblo colombiano. Nosotros, que hacemos parte de esa lucha, partimos de que el pueblo es invencible, entonces la guerra va para terminarla en una mesa de conversaciones resolviendo lo que está planteado en los documentos de las FARC, de otra manera no hay acuerdos.

Esto no se termina a tiros, ni a bombas, ni a misilazos, ni con aviones: se termina con cabeza pensante, con políticas, resolviendo lo que necesita el pueblo. Para eso va la guerra. Nosotros humildemente, con mucha modestia, continuamos enfrentando militarmente porque no hay otra salida. Es el contendiente el que no quiere hablar. La guerra seguirá mientras la oligarquía decida mantenerla. No estamos de acuerdo con la guerra, la hacemos porque nos obligaron, la impusieron. No hay otra decisión, y lo hacemos con dignidad.

JEB: Quedan 19 oficiales de la fuerza pública en poder de las FARC. ¿Qué sabe de ellos, cómo están de salud, en qué condiciones se encuentran, y qué piensa que pueda pasar respecto a su libertad?

MJ: Primero, el canje de prisioneros continúa vigente, porque son planteamientos de las FARC, por eso luchamos y el pueblo colombiano tiene que meterle mucha energía para sacar a esos suboficiales y oficiales de la policía y el ejército que están en nuestro poder. Esa es una decisión política. El gobierno ha dicho: los vamos a rescatar por los medios que sean, y en ese orden, ha habido unas acciones aciagas, desgraciadas, en las que han tenido la oportunidad de salir algunos, pero eso no indica que todos puedan tener éxito. El objetivo es el canje, y continuamos luchando por eso.

JEB: ¿Qué noticias tiene de los rehenes, qué se sabe de su salud?

MJ: Están bastante ajetreados por la movilidad, por los operativos militares, por bombardeos que ponen en peligro a esa gente que luchó por el Estado, por la oligarquía colombiana, a la que no les importan un carajo. Ellos solamente los mandan como carne de cañón al combate, donde mueren o quedan mutilados, siendo gente pobre lo mismo que nosotros. Gente del pueblo.

JEB: Se ha especulado mucho sobre el supuesto aislamiento total en que se encuentran las FARC, incluso se han acuñado frases como que ustedes están comiendo raíces. Recientemente se hizo un gran despliegue sobre supuestas cuevas donde usted se encontraba escondido… se dice que ustedes están desconectados del mundo. ¿Qué tan conectado al mundo se siente el Mono Jojoy?

MJ: Nosotros estamos conectados con el mundo. Estamos informados, y hoy las FARC son conocidas en todas partes donde hay seres humanos. ¿Que comemos raíces? Sí, comemos yuca, comemos papa, arracachas, y otras. Estamos muy bien, con el mejor estado físico, porque somos atletas, somos móviles y no nos van a amedrentar con nada.

JEB: ¿Qué tanto hace falta el genio político y militar de Marulanda en las FARC de hoy?

MJ: Lo hemos sentido en nuestro ser, todos los guerrilleros de las FARC, tanto el secretariado, el estado mayor central, comandancias de bloque, comandos conjuntos, frentes, etcétera, porque no hay otro igual.

JEB: ¿Cuál es la política de frontera de las FARC?

MJ: La política de frontera es de buenas relaciones con los vecinos, de organización de masas, de respeto mutuo, y dentro de estas políticas ha habido algunas faltas por mandos que no cumplen a cabalidad la orientación y hemos tenido dificultades. Pero de hermandad, porque somos pueblos bolivarianos que nos une la libertad, la justicia y la unidad.

La vigencia de la lucha armada

JEB: ¿Qué le contesta el Mono Jojoy a quienes afirman que pasó el tiempo de las armas?

MJ: Cada uno tiene su forma de pensar. Si está presidiendo un Estado, si está de senador de una república, si está en el poder, tiene una forma de pensar. Nosotros, que estamos en la lucha popular, pensamos que la lucha armada revolucionaria tiene plena vigencia y por eso los documentos de las FARC no tienen qué reformarles, porque eso tiene que ver con las oligarquías y con los imperialistas. El día que cese la agresión contra los pueblos del mundo, que la oligarquía deje de matar a los colombianos entonces habrá cambios en ese orden.

JEB: En la unidad suya se desempeña Alexandra, la joven holandesa que ingresó a las FARC en 2002. ¿Cuál es su opinión de ella? ¿Cómo interpreta que una muchacha como ella esté en las filas de la guerrilla colombiana?

MJ: Ella es una mujer que llegó a Colombia por necesidades de trabajo, por deseos de conocer el mundo y fue conociendo a las FARC porque le hablaban muy mal de las FARC, porque le decían que las FARC no existían y que éramos de lo peor, y nos fue conociendo y se enamoró de la lucha revolucionaria a partir de las FARC. Luego, ella en la vida guerrillera es una extraordinaria estudiante que hace todo lo que corresponde a un guerrillero, ha hecho los cursos básicos, los medios, los generales, se desempeña muy bien y la gente la quiere. Además ya comienza a dirigir porque tiene capacidad. Es una mujer de la que se ha especulado mucho, pero ella es una revolucionaria europea, es una internacionalista y a través de ella pueden llegar muchos más, porque la explotación es mundial.

JEB: ¿Cuando ella ingresó y usted la vio pensó que iba a servir para guerrillera o tuvo sus dudas?

MJ: Al principio, cuando nos vimos por primera vez, por la experiencia que se tiene, uno dice, esta no aguanta, por el comportamiento que hay que tener en el monte, por su estado físico, pero me equivoqué y ahora ella anda más que yo.
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domingo, 24 de octubre de 2010

Por misericordia no aprueben ese bodrio burocrático, esa ley feudal y verticalista llamada “Ley de Comunas”

Roland Denis

El punto de este trabajo se centra en una ley aprobada ya en segunda discusión que tiene que ver con la formación de Comunas. Precisamente un asunto desde el cual podríamos medir la revolución misma independientemente de todo voto y correlaciones de fuerza alrededor de él. No me alargo mucho en recuerdos pero vale la pena rememorar que el principio de “Comuna” en su forma nace con las primeras revoluciones europeas de carácter popular y proletario hasta la famosa “Comuna de París” de 1871. Incluso el formato comunal rebelde también tiene sus antecedentes en continentes como el nuestro, principalmente los esclavos en fuga convertidos en comunidades rebeldes que sobrevivieron a la colonia. Frente al viejo régimen colonial o a la forma-estado moderna se contrapone históricamente la formación autogobernante de los pueblos insurgentes y en rebeldía; a ello se le ha llamado en muchas ocasiones “comunas”: formato libertario de los más aplastados que de hecho dio pie a que se denominen “comunistas” a aquellos movimientos nacidos de la clase obrera que atacaron al sistema capitalista con mayor vehemencia. El programa “comunista” originalmente está centrado en la creación de un “no estado” articulado alrededor de comunas autogobernantes sin límites nacionales de ningún orden. Tanto peso tuvo esta historia que de hecho la primera república nacida de una revolución obrero-campesina victoriosa, la URSS, es una “revolución soviética”, es decir, una revolución cuyo formato de poder no es más que la integración gigantesca de comunas autogobernantes en una inmensa república plurinacional y socialista que llegó a absorber decenas de antiguas monarquías y pequeñas repúblicas del este europeo. En todo caso, queda esta historia como una de las premisas universales de toda revolución popular, alargándose hacia la revolución china, por lo menos en sus primeros veinte años, Bolivia en los años cincuenta, los últimos meses del gobierno de Allende en la formación de los cordones industriales. Bienvenido entonces ese propósito continuado a la revolución bolivariana y el ánimo de revivirlo. ¿Pero cómo?

El cómo es en este caso el método que ayudaría a fraguar o destrozar toda potencialidad revolucionaria y es allí donde nos encontramos con esta aberración sintetizada en la ley de comunas. En el mundo al revés de una cúpula de estado que intenta superponerse sobre el derrotero real de un proceso revolucionario, dada su lejanía objetiva sobre los espacios y los tiempos concretos donde se producen los hechos transformadores, se asume, entre otras tantas, que su papel es “hacer leyes” que faculten al colectivo de instrumentos de organización revolucionaria y poder popular; esto para adecuarse al discurso político que la llevó al poder y una concepción –para ubicarnos en su mismo lenguaje- completamente “pequeñoburguesa” de la realidad humana. Y de hecho, son leyes que reflejan ellas mismas toda una concepción del mundo, del orden humano, de la libertad, de la territorialidad, del desarrollo, de la democracia, etc., que nada tienen que ver con la invención de “otro mundo” que toda explosión revolucionaria provoca, más allá de ideologías y doctrinas. Son leyes ancladas dentro del orden moderno-capitalista que todas las estructuras jurídicas del mundo arrastran. Al promoverse estas leyes en realidad lo que están haciendo, suponiendo incluso la mejor voluntad para ello, es creando la norma necesaria para controlar y bloquear desde fuera, es decir, desde la maquinaria de estado (idéntica al orden del capital), el proceso revolucionario mismo, intentando mimetizar los principios y reglas de un orden ya constituido (que es lo que es, es decir, un orden hecho al servicio de los intereses dominantes) con la acción política emancipadora y constituyente del colectivo. A la final lo que tenemos es el nacimiento de un estado que quiere convertirse a como dé lugar en un cuerpo único, centralizado y omnipresente que succiona todo el caudal liberador desplegado desde las clases oprimidas y convertirlo en parte de sí mismo, tanto de su estructura burocrática como de su armazón jurídica, y por extensión de su aparataje partidario. El gobierno revolucionario termina entonces incitando a la creación de un estado corporativo-burocrático (una macroempresa posfordista –es decir, con instancias de “autonomía controlada”- centralizada sobre el mando burocrático) sostenido sobre el capitalismo de estado, aparentemente enfrentado al modelo liberal-oligárquico del pasado, y utilizando, en nuestro caso al menos, todo lo mejor de la retórica revolucionaria que le dio vida y legitima su existencia.

Precisamente si de “Comunas” se trata, esto nunca tendrá que ver con luces nacidas en reuniones de oficinas u órdenes de Chávez que Cilia Flores se apura en acatar...palabras de ella. Si hoy se habla de Comunas es porque ellas mismas, como necesidad creadora que empieza a desplegarse y atravesar comunidades populares, son una tensión revolucionaria más, dirigida fundamentalmente a crear “otro poder” que paralelamente al orden constituido y su estructura político-territorial pueda servir de base real al deseo de una república socialista y autogobernante. En realidad se trata de la búsqueda a como de lugar de algún orden de igualdad y libertad fuera de la bestia estatal que heredamos de la IV República, que además sea fuente real para la superposición del poder revolucionario colectivo sobre esa bestia desgastada. Su pertinencia, su posibilidad, su despliegue, su forma concreta, es parte de una experiencia colectiva, práctica y teórica, que sólo ese “nosotros” que mueve el proceso revolucionario real puede resolver.

Ninguna ley, ni norma, ni programa, ni doctrina, puede anteceder en este caso a la experiencia colectiva misma cuyo derecho constitutivo solo le pertenece a la producción política creadora que somos capaces de generar como pueblo. Fuera de esto estamos hablando de autoritarismo burgués puro aunque lo inundemos de fabulosos conceptos y metas liberadoras. Por ello, tal experiencia emancipadora nada tiene que ver con la formación de estados corporativos que producen leyes para “normar” las condiciones, procesos y formatos del poder revolucionario naciente (se llenan la boca hablando de poder popular y todos los días lo aplastan), antes incluso de que tal poder exista en los hechos: repetimos, aquello de crear “poderes populares” antes de su despliegue constitutivo y autónomo a través de leyes que además norman el mundo de arriba hacia abajo, eso sí es el idealismo más burgués, aplastante y en el fondo profundamente reaccionario. No es la ley quien le da a la Comuna revolucionaria permiso de entrada en la historia, en nuestro caso es el eco que nos deja nuestro propio debate revolucionario -ya histórico- cuando se ha hablado, siguiendo las pautas dejadas por Kleber Ramírez, de la formación del “estado comunal” o “república autogobernante” como otros preferimos llamarla, que tiene en la forma-Comuna una de sus estructuras básicas más anheladas. En todo caso se trata de un verdadero proyecto de república que no se queda circulando una y otra vez alrededor de la desgastada referencia del socialismo sin que se aclare para nada el problema del estado y el poder, sino en la necesidad a como de lugar de ir quebrando el aparato de poder que ha garantizado las múltiples formas de sometimiento de las mayorías al mando implacable de las clases dominantes y de allí empezar a construir algo que pueda llamarse socialismo o la utopía igualitaria y libertaria que se quiera; por supuesto sin que nadie le haya puesto norma previa a este mágico proceso de liberación; aspiración teológica y en muchos casos ridícula de quien quiere dibujar y preestablecer la forma y la norma del acto mismo de liberación.

Cuando leemos el Proyecto de Ley de Comunas aprobado –que invito a leerlo con detenimiento- es fácil darse cuenta hasta que punto en ella se condensa todo este espíritu de secuestro propio de los mandos arrogantes y corporativos que han tomado la hegemonía sobre la mayoría de las cúpulas del chavismo. Vamos por parte:En los preámbulos de la ley el estado es visto desde el punto de vista de su eficiencia como aparato, ni siquiera se asume el principio de su situación de transición o mejor de crisis. Las Comunas entonces se entienden como un órgano territorial más –una suma mecánica de consejos comunales- que ayuda al estado a aumentar la eficacia de su acción, reproduciendo aquella visión archiliberal de reducir el estado a un órgano de gestión de lo público: ¿dónde está la prioridad incluso constitucional del poder constituyente e intransferible del pueblo como sujeto político?
En lo que respecta al poder popular es solamente un espacio de participación ¿participación dónde, en qué cosa externa y superpuesta a él mismo y que supuestamente lo antecede, será dentro de la maquinaria del poder constituido? Entonces no hablemos de poder sino de “espacios de permiso” para que el colectivo desahogue sus ansias de reconocimiento. Eso nuevamente nos retrocede hacia una cómoda visión reformista del estado, muy aupada por todo el cortejo de “democracias” occidentales adaptadas al orden global posterior a la guerra fría.
Tenemos una concepción del territorio vista como una unidad abstracta y predefinida en mapas estáticos, al dividir o fragmentar de acuerdo a las conveniencias de cualquier cúpula de mando que conquiste hegemonía dentro del poder constituido. En definitiva, y esta es una de las cosas más peligrosas de este proyecto de ley, lo que se busca es una suerte de división político-territorial paralela, hecha bajo las condiciones de la ley misma (es decir, de una manera completamente vertical), que de alguna manera adverse o debilite la división clásica liberal-federativa del estado venezolano y que nos es más que una división al margen, corporativa, empresarial, dirigida estratégicamente desde el ministerio apropiado a este asunto como efectivamente se dice en el artículo 64 de dicho proyecto de ley.
Sigue en consecuencia a lo ya argumentado que este espacio tan abstracto, tan “oficinesco”, a la hora de definirlo y proporcionarle identidad, se acuda a la redundancia académica de la “cultura”. Cada “territorio” es una suerte de museo de ideosincracias y particularidades desde las cuales se define su identidad. Una manera exquisita pero muy “perra” de reducir la riqueza humana a la “cultura”. Aquí nos acercamos al feudalismo de la ley, porque vamos a ver desde donde carajo Catia y Antímano, por nombrar cualquier comunidad relevante, se diferencian por “ideosincracia” y “cultura”. A unos les gusta el reguetón a los otros la salsa ¿será así?, unos son simpáticos y amables los otros terribles. Seremos entonces feudos fragmentados por “culturas propias” por quien me predefine e interpreta en el teatro de las representaciones políticas y las eficiencias tecnocráticas. Hasta donde sabemos, en una revolución que se respete las identidades colectivas se forjan por una condición de clase o de pueblo o de nación –o todas juntas-, una posición ante el mundo presente y una voluntad de quiebre; de allí su inmensa complejidad. En otras palabras, la identidad colectiva hay que producirla desde la rebeldía lograda del “nosotros” proletario y a vez oprimido, no predefinirla y muchos menos por nuestras serias o divertidas costumbres, manera incluso de destrozar cualquier respeto y derecho de las verdaderas resistencias culturales de tantos pueblos originarios.
Obvio, si estamos bajo un régimen de definiciones que van cerrando principios y conceptos que son claves a la hora de abrir el mundo hacia un horizonte de liberación, a la final habrán de imponerse una visión cerrada y muerta del espacio por liberar, de sumas de límites administrados desde las oficinas ministeriales que no es más que una visión carcelaria del territorio. ¿Y si a algún fantástico movimiento se le ocurre formar una Comuna que vaya desde Barinitas hasta Santa Cruz en Bolivia, entonces no es posible porque “no se adecúa a la ley?, al carajo con ustedes, me imagino que les dirán. Eso por supuesto explica la última “misión” de las “Comunas”, que de acuerdo a nuestros legisladores, a la final se reduce a dar alimentación y promover la diversificación económica, resolviendo los problemas del estado capitalista y equilibrando los desbalances que protege. Pobrecitos los comuneros de París o las comunas mineras de Bolivia o los caracoles de Chiapas que querían y quieren el mundo entero así se delimite a su tierra. Si un pueblo hace Comunas es porque “lo quiere todo”, “todo para todos, nada para nosotros” como dicen los zapatistas. Es para transformar “su espacio” en un espacio liberado y definido desde la propia potencia insurgente frente al orden establecido; y esto cubre, como dirían nuestros maestros comunistas, todas las necesidades y todas las posibilidades que el colectivo humano concreto ha dispuesto y soñado para sí. Sólo la verdadera política, la sensatez táctica ante los peligros de fuerza real, puede poner límites a ello, jamás una norma impuesta por el teatro de representativo y corporativo de la política burguesa.
En consecuencia natural a estas premisas conceptuales establecidas, vemos como a continuación desde los propios preámbulos de la ley se concretan las normas de orden constitutivo para que según estos señores aclarados: una comuna sea comuna. Se establecen entonces una retajila de instancias, mandos que van subiendo en un perfecto orden vertical desde el llamado parlamento comunal, pasando por un tal consejo de complimiento hasta un consejo de coordinación, entendidos siempre como un todo que se reúne luego no elige sino que delega en primera y segunda instancia a delegados a su vez de consejos comunales un mando que termina en una pequeña coordinación con sus múltiples y preestablecidas comisiones. Los artículos de la ley luego definirán con mayor precisión estas instancias. A su vez ellas se guiarían por un conjunto de cartas y planes, un pesado cúmulo de papeles que delimitan el orden fundacional, el plan de desarrollo, hasta llegar a una carta comunal muy curiosa que establecerá las normas de vida dentro de la comuna. Ay papá, que será eso, a ver si un día no nos permiten andar en cholas por la calle o tomarnos una cervecita so pena de pasarnos a las instancias de la justicia comunal también preestablecidas, vamos a ver el rollo que se forma. Por supuesto no falta lo del banco comunal al cual todos los promotores le pondrán el ojo siendo además la vía perfecta para el chantaje burocrático hacia las comunas disidentes o alzadas, si es que en un cuadro tan carcelario así pueden darse.
Lo cierto es que estamos viendo comunas como una simple agregación de comunidades vecinales, que luego pueden engrandecerse en ciudades comunales y espacios mancomunales, todo esto dirigido estratégicamente desde el ministerio de las comunas. ¿no es esto un estado corporativo que se visualiza como una gran empresa que va creando sus respectivas direcciones desde la unidad de consejos comunales hasta estas ciudades comunales, creando desde el artificio legal una territorialidad paralela al orden político-territorial del estado liberal-oligárquico?
La Comuna que han pensado nuestros amables legisladores nada tiene que ver con nuevas relaciones de producción, con un concepto no estatal y representativo del mando, así lo digan veinte veces su carácter autogobernante se limita a la gestión interna de un territorio que ya de hecho ha sido encarcelado y rigidizado. Es una suma de consejos comunales no una reunión abierta de sujetos y organizaciones que comienzan a pensar en concreto su propio proceso de liberación territorial, cultural, productiva. Son comunas en el aire que se describen como si no estaríamos atados a un orden capitalista, como si la gente no viviera desgraciadamente de la angustia eterna de la pobreza y del tener o no trabajo para sobrevivir. Ellas no expropian ni ocupan, en realidad no tienen ningún poder más allá de las atribuciones burocráticas y participativas que les confiere la ley. Desde el artículo 5 donde se define que es una comuna ella se ve como una pequeña nada abstracta, fuera de toda realidad, proceso, sujeto, contexto, historia, que se hace porque hay una ley que dice como se hacen esas cosas además socialistas, con un socialismo por supuesto predefinido en la misma ley, bastante triste por cierto. A la final no puede ser otra cosa que la gestión territorial del pequeño capitalismo que ya no puede controlar todo el caos y la marginalidad que el mismo ha creado.
¿Preguntamos, por qué se hacen estas leyes con un espíritu tan rigido y normativo, donde el estado predispone el nuevo orden social en vez de hacer leyes donde esté muy claro cuales son los deberes del estado ante la insurgencia de estos nuevos órdenes? ¿Por qué se hacen leyes desde una visión y un método tan reaccionario y de derecha hablando con los lenguajes más radicales de la izquierda libertaria? Esto nos lleva a una contradicción insalvable donde la final las mismas comunidades van a terminar tirando a la basura sueños de liberación que han pasado por toda la historia planetaria.

¿Será necesaria una ley de Comunas? Precisamente esa no es la pregunta, el problema visto desde la perspectiva de una revolución que pueda empezar un proceso real de refundación nacional y de construcción de una sociedad distinta no pasa por leyes sino por la creación de actores con suficiente disposición emancipadora como para enfrentarse al orden que nos ha aplastado por siglos. El estado se pregunta por leyes y hace de ella la condición misma de cualquier otra realidad desde el momento en que necesita justificar ante un orden dominante y al cual se somete la emergencia de otro orden de poderes que necesita a como de lugar controlar. En cualquier caso, si fuese necesario, la única “ley” posible de Comunas y en general respecto a los poderes populares es aquella que exponga con toda claridad cuales son los deberes del estado frente a la insurgencia de nuevas realidades producidas por aquellas dinámicas colectivas que se fugan de la lógica del stablishment constituido. Por ello esta ley no sirve para nada más que para congelar y aplastar el ánimo disperso que existe en función de crear nuevas realidades territoriales que podrían hasta desbordar el territorio nacional. Linda en todo caso sería una ley donde desde el mismo preámbulo se hable del infinito constitutivo del pueblo y a partir de allí se establezcan las obligaciones legales, de apoyo en recursos técnicos, organizativos, legales que la misma realidad supone cambiando de esta forma la razón misma del estado. Pero parece que esto es imposible, la lógica corporativa ha inundado los estamentos de estado hasta llegar al absurdo de esta ley. El llamado es a la movilización y la creación por encima del aplastamiento leguleyo tan divino en nuestra castiza tradición, anteponer todo poder popular y su sincera rebelión contra la razón burocrática y corporativa que nos pretenden imponer….que quiere decir eso de un “pueblo legislador y obediente”? La única salida es un pueblo “constituyente y rebelde”….
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