hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

sábado, 25 de septiembre de 2010

¿REVOLUCIÓN Ó REPRODUCCIÓN?

Javier Biardeau R.

El Nuevo Socialismo implica, repetimos, una tarea de desbrozar la maleza del Socialismo Burocrático-Despótico, para dar espacio conceptual a las pasiones libertarias de la multitud popular: lucha contra la explotación económica, la coerción política, la hegemonía ideológica, la exclusión social y la negación cultural.
Un balance crítico de inventario teórico e histórico para superar el capitalismo y las fracasadas experiencias del socialismo histórico, no puede ser sustituido por un catálogo de consignas, ni por una identificación al “momento del líder” ni por una sumisión al “aparato-maquinaria”.
Los viejos mapas teóricos del socialismo real, sencillamente no funcionan ni siquiera en donde se han convertido en “ideología de justificación del Estado Socialista”.
La bancarrota de aquella entelequia pasada por “doctrina marxista revolucionaria”, llamada “marxismo-leninismo ortodoxo” por Bujarin o Stalin, es parte de la fenomenología de la crisis del pensamiento revolucionario.
Pero además, la desarticulación y cooptación del Socialismo Democrático, en su vertiente de reformas sociales en el capitalismo y para la administración “progre” del Capital, por parte de la agenda neoliberal/neoconservadora, tampoco escapa a la crisis de las alternativas históricas.
Izquierda que no se reformula, que no se renueva, que no se recrea, sencillamente fracasa, como está ocurriendo actualmente en las fracciones políticas más anquilosadas de Cuba, ó en el otrora milagro social-demócrata Sueco.
Una revolución democrática, eco-política, descolonizadora, trans-moderna está en la base de los esfuerzos para re-pensarlo (si es necesario todo), para reinventar el imaginario de socialización radical del poder social: económico, tecno-científico, político, jurídico, cultural, ideológico y militar. Incluso, los términos socialista y comunista están dando paso a una figura no menos problemática a escala global: movimientos anti-capitalistas.
Los antiguos socialistas, comunistas y anarquistas (aquella ideología radical de la geo-cultura moderna según Wallerstein), ó animan la criticidad radical y la creatividad histórica en el terreno de sus registros epistémicos, estéticos, éticos, afectivos de un modelo civilizatorio (de lo que nunca se hablará en un parlamento burgués, un ministerio burgués ni en un tribunal burgués), en ruptura con toda la “tradición de los muertos”, convertido para decirlo con palabras de Sartre, en un pesado legado de lo “práctico-inerte”, de lo instituido históricamente, ó sencillamente fracasaran en el intento de construir alternativas post-capitalistas.
Insistimos en la necesidad de un análisis crítico en profundidad de la teoría y practica de los procesos de transición al socialismo. Sin programas de investigación-acción sobre las transiciones históricas al socialismo, no existirá ni direccionalidad, ni construcción de contenidos, ni animación de nuevos estilos de acción política, de gestión pública, de formación, comunicación, organización, movilización y lucha para una plataforma teórica revolucionaria de la multitud popular.
La democracia socialista y la igualdad sustantiva constituyen efectivamente algunos de los ejes del programa de transición, los consejos del poder popular, asumen un horizonte más amplio de que su arraigo en pequeñas comunidades y escalas territoriales (consejos comunales). Una Asamblea Nacional de Comunas prefiguraría el germen de cualquier doble poder que genere las condiciones de posibilidad de una transformación revolucionaria del Estado, en función del autogobierno y la autogestión del pueblo trabajador.
Pero todo esto parte de la premisa de sacudir de raíz las estructuras heredadas desde una lógica de ejercicio del poder, que simplemente reproduce al principio, en el medio y en el desenlace de cada episodio de lucha, la lógica de la separación fetichizada entre gobernantes y gobernados: la racionalidad burocrático-instrumental en el campo político.
Mientras la multitud popular sea convertida por acción de aparatos-maquinarias en “masa de maniobra”, “rebaño electoral”, “clientela”, o “masa cosificada” por la acción de cuño jacobino-blanquista (el elitismo de derecha en clave de “vanguardismo de izquierda”), la mutación de las relaciones de dominación no será sino puro simulacro; es decir, simple reproducción: “circulación de elites”.
Cuando uno escucha la expresión “Ministerio del Poder Popular para…” uno espera que el énfasis en lo instituido, en lo “practico-inerte” (para insistir en los fetiches instalados): Ministerio, no se devore la dinámica de las prácticas instituyentes: el Poder Popular. La lógica burocrático-instrumental, sus rutinas, sus costumbres heredadas, sus mentalidades, hace todo lo necesario para asentar la “ideología del cargo”, la “carrera ascendente” en el aparato-maquinaria, la búsqueda de un “lugarcito” en el centro político burocratico, en una “nomenclatura” ó “nueva clase”; en fin, convertirse en nuevo privilegiado, "cachetón y regordete, con camionetas y escoltas". Pero por ese camino se edifican todas las condiciones para repetir la tragicómica queja del “Estado Revolucionario con deformaciones burocráticas”.
Hay precondiciones políticas para que una revolución sea tal cosa, las más elemental es que unas emergentes prácticas del ejercicio del poder por parte del pueblo trabajador convertido en nuevo bloque político dominante, no se parezcan en casi nada a los estilos políticos del “ancien regime”; es decir, que exista la experiencia sentida en el pueblo de una “ruptura histórica” con la Cuarta República, si prefieren.
Sin esta elemental vivencia, el entusiasmo para cambiar el resto de la vida, en fin para repensar desde la raíz las prácticas dominantes: las formas de decir-hacer económicas, jurídicas, comunicacionales, culturales o militares, sólo deja la sensación que se reproduce el mismo modo de sentir, de pensar y de actuar; en fín, más de lo Mismo.
Si el baremo de evaluación histórica comparativa, lanzara como señal de alerta, que nos parecemos en la Revolución y en el Gobierno, más y más a los adecos, a los copeyanos, o sus derivados, es que no se despliega proceso revolucionario alguno. La conclusión se las dejo a ustedes, estimados y estimadas lectoras.