hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

martes, 7 de septiembre de 2010

Dos fuerzas enfrentadas: Resistencia y Estado-gobierno

Beatriz Pantin Guerra

Habiendo seguido de cerca el caso del cacique yukpa Sabino Romero Izarra desde el 13 de octubre de 2009 y, recientemente, el caso de Williams Sanguino, en donde como respuesta extrema a la situación de injusticia ante este caso, su hermana decidió librar una huelga de hambre –hecho que nos preocupa, así como la actual condición de Sabino y su familia, y de las otras comunidades yukpa, familiares y allegados a los yukpa detenidos–, nos preguntamos: ¿Qué papel está jugando en este proceso tanto el Poder Legislativo como el Ministerio del Poder Popular de Interior y Justicia? Mejor dicho: ¿De qué manera están actuando o cuáles son los mecanismos que ambos entes estatales están activando para que los debates y los hechos acerca de la justicia, o más propiamente, de lo justo, lo injusto, el ejercicio del derecho y la soberanía, queden fuera de todo lugar o de toda posibilidad? Estos poderes y organismos gubernamentales vienen impidiendo de la manera más descarada, es decir a los ojos de todos lo que acompañamos solidariamente estos casos o hemos sido testigos de otros tantos enredados en el laberinto de un sistema judicial resquebrajado, que se lleven a cabo los debidos procesos, y más aún, que se apliquen leyes tales como la Ley Orgánica del Ambiente, la Ley de Patrimonio o, en especial, la Ley Orgánica para los Pueblos y Comunidades Indígenas (LOPCI), que para el caso de los yukpa y de todas las comunidades indígenas del país, les otorga el derecho, entre otros derechos, de ejercer su propia jurisdicción.

Varias de las preguntas son: ¿Por qué se promulgan leyes que abren la expectativa del derecho pero que no se aplican? ¿A qué se debe este juego? ¿Qué tipo de mecanismo dicta la promulgación de múltiples leyes, si son los planes que paralelamente se llevan a cabo a través de este Ministerio de Interior y Justicia, como por ejemplo el plan yukpa, los que verdaderamente rigen y deciden sobre el destino de los indígenas sin previa consulta popular o mucho menos sometidos a discusión o consideración? ¿No son las leyes mecanismos de represión y su interpretación siempre acomodaticia a los intereses de los grupos dominantes? Es claro que aquí las leyes hacen de fachada, o como demostró Michel Foucault en sus análisis acerca de la gubernamentabilidad, se constituyen en un mecanismo estratégico o táctico que responde a una de las tecnificaciones más recientes del poder gubernamental que atiende no al ejercicio de la soberanía, sino al control de la población a través de organismos como la policía, mecanismos como la disciplina, la obediencia o los discursos e instituciones que marcan la pauta de la censura y autocensura.

Sabino lucha por recuperar su territorio ancestral, su derecho por la tierra, y por la vida en comunidad, cuestión que por años, por siglos, ha sido la causa primera de lucha de las comunidades indígenas en toda la América y regiones colonizadas, cuestión muy distinta al hecho de la propiedad privada, y a toda la lógica que implica la privatización. En esta coyuntura de otorgarle o no el derecho a los indígenas por sus tierras, algunos intelectuales que conocen la historia de las comunidades indígenas, se cuadraron no con los indígenas, si no con el fortalecimiento de un Estado nacional burocrático, de un poder gubernamental, que por ende niega la aparición de toda posibilidad real de diversidad y pluriculturalismo, pues un Estado pluricultural implicaría la aceptación de otra administración del poder o de los poderes. Los que apoyan estas acciones que van en contra de los intereses más justos y genuinos de las comunidades y los pueblos que quieren acabar con la explotación, con la opresión, no han querido recordar que el Estado nacional ha sido, como continuidad de la estructura colonial, uno de los principales mecanismos de exclusión de toda nuestra historia. El Estado-nacional moderno es el resultado de una unidad homogénea que deja fuera toda la heterogeneidad, la posibilidad de coexistencia, armónica o contradictoria, de nuestras diferentes culturas e identidades.

Al no representar a Sabino en esta lucha, el Estado-gobierno asume la misma lógica colonialista que ha imperado por siglos en nuestro continente, promoviendo por encima de todo derecho y justicia, el sistema de explotación y militarización de la zona, abriéndole camino a los planes intercontinentales, a las trasnacionales de viejos y nuevos socios, ignorando, despreciando, aplastando, la importancia de otra economía y otra productividad de corte artesanal, comunitario, de pequeña y mediana industria, de defensa ambientalista, ecologista, educativa, creativa, diversa. De un sistema judicial totalmente corrompido, mercantilizado, resulta para rematar, que todos los protagonistas de estos casos, además de haber perdido todo derecho dentro del sistema que supuestamente lo sostiene (el judicial), pues sus procesos han sido violentados y violados por el mismo Estado-gobierno, están siendo criminalizados a través de las declaraciones de los funcionarios y de representantes de los intereses económicos en los medios masivos –tanto en los medios de los opositores como los de los oficialistas aparece la resistencia criminalizada–, bajo la mecánica siempre acomodaticia de establecimiento de alianzas políticas para la defensa de los intereses que garantizan su sostenimiento y economía, utilizando, los periodistas convencionales, a los implicados, para la redacción de sus noticias y tubazos, sin importarles la diferencia entre lo que es verdad y mentira, y sin considerar tampoco el daño que le pueden hacer con sus publicaciones a ellos y a sus allegados. Todo esto deriva en un lenguaje, un discurso policial, que habla de criminales y no de derechos y responsabilidades.

Uno de los desafíos entonces está en poder deconstruir los mecanismos de control que se ejercen a través de un sistema legislativo corrompido, de un ministerio o unos ministerios, de un estado-gobierno burocratizado que atenta sobre el derecho y la soberanía de los pueblos aunque hable en nombre del pueblo y se intente encarnar él mismo en el pueblo y como pueblo. El Estado-gobierno no es el pueblo. Un Estado-gobierno no constituye, no encarna, la diversidad y las resistencia de los pueblos. Por eso, el caso de Sabino es el que pone en evidencia, de la manera más clara y contundente, los verdaderos intereses de todos y cada uno de los entes gubernamentales y empresariales que siguen operando bajo la misma lógica de un Estado-gobierno que no ha modificado el modelo económico colonial, capitalista, corporativista, militarista, explotador y destructor, de las trasnacionales, del juego de los préstamos, inversión, especulación y acumulación de capitales, de la lucha por el dominio de las propiedades y los medios de producción, de las concesiones y explotación, del control de la producción y el consumo, del pensamiento y la ideología de lo apoteósico, del sueño delirante de construcción de un imperio o una posible potencia mundial de apología militarista, armamentista, cuando lo que queremos algunos, tal vez no la mayoría, es un sistema de vida muy diferente que tenga como centro lo mediano y lo pequeño, la libertad, lo fraternal, lo equilibrado, lo creativo, lo productivo, la resistencia al dominio, a la opresión y a ser gobernados, peor aún, impositivamente.

En conclusión, no apoyamos ni consolidamos una política, lleve el nombre que lleve, que no pueda acabar con el modelo colonial de explotación y acumulación, sea de gubernamentabilidad privada o estatal, sea de ideología burguesa, liberal, conservadora o comunista. El hijo de Sabino, Sabino Romero, dice siempre que no podemos morir callados, y él nos ha venido enseñando que las cosas son como de verdad se piensan o se sienten y no como nos ha acostumbrado el sistema, a vivir y a manifestarnos desde la sofisticación de lo burocrático, de lo mediatizado y acomodaticio, es decir fuera de toda relación con nuestra verdadera subjetividad y nuestro verdadero horizonte. Por eso es necesario que abramos este y otros debates relacionados con los mecanismos de control que no sólo se activan a través de la palabra o el discurso del presidente, sino que también se han venido estableciendo a través de acciones muy concretas como los planes de la nación, las estructuras de organización social prefabricadas, los proyectos de financiamiento.

El debate que es urgente iniciar a nuestro juicio es el de los mecanismos de poder y control social actuales; localizarlos y analizarlos sin ningún tipo de temor, pues dentro de los procesos verdaderamente emancipatorios nunca podrá cederse a la obediencia ciega y oportunista, a la sumisión, al abandono del propio criterio, de los debates, las discusiones, de los espacios en que se manifiestan los estadios de crítica y autocrítica, de conocimiento histórico, económico, cultural, de memoria, etc., a dejar, en pocas palabras, la verdadera resistencia a cambio de cualquiera de los privilegios que otorga un poder que implica siempre y necesariamente dominación. Quisiera entonces llamar a estos debates sobre poder, control social, gubernamentabilidad y resistencia, al sentido común y estratégico para poder entender qué está pasando en el país y a cargo de quiénes está siendo administrada una “justicia” que no persigue lo justo ni permite que se establezca el derecho o la soberanía. Es importante agregar para la reflexión, que como Sabino, muchos de los que están siendo maltratados en los procesos judiciales y en otros procesos que forman parte del actual proceso, se sienten revolucionarios y creen todavía en el presidente. Ven a un presidente bueno, pero engañado por sus funcionarios. Vale recordar que el presidente no atendió a los indígenas en la mayor marcha que hicieron a Miraflores (año 2005), ni los ha recibido hasta hoy, más le importan los ahorristas del Banco Federal.

Los indígenas están a cargo de funcionarios que no saben nada de su historia ni de su cultura. Los indígenas y otros pueblos y comunidades están a cargo de un gobierno que no conoce la historia de lucha de la resistencia latinoamericana, de la que va más allá de un Ché o un Fidel, de un Lenin o un Marx, de la que se relaciona mucho más con el esquema zapatista, latinoamericanista, heterogéneo, diverso. ¿Qué diría de esto un Evo Morales, o a Evo tampoco le importa?