hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

viernes, 17 de septiembre de 2010

A 228 años del nacimiento de José Tomás Boves: ¿cuándo escribiremos la Historia del Pueblo?

J.R.Duque

En un tiempo que queremos llamar, saber y sentir revolucionario, deberíamos comenzar por masificar la idea de que todo lo existente debe destruirse o al menos conmoverse desde sus cimientos. Nunca podrá construirse una nueva sociedad si antes no demolemos, o al menos cuestionamos, el sustento ideológico, estructural e infraestructural que le dio vida a lo que está muriendo. Hartos deberíamos estar, por ejemplo, de biografías de héroes que libertaron y fundaron naciones (¡ellos solitos, con su genio, unos cojones, un caballo blanco y una espada!) y de narraciones heroicas acerca de cómo 50 hombres hambrientos, semidesnudos y sin armas destrozaron a un ejército de seis mil soldados armados con cañones, misiles, un perro pitbull y siete condones saborizados. Seguimos creyéndonos los cuentos que nos echaron los invasores, y por eso nos sentimos orgullosos de un tal Guaicaipuro que dizque medía dos metros de estatura (¿qué indígenas de estas tierras miden más de 1 metro 70?) y movilizó un ejército de 20 mil hombres (hoy, septiembre de 2010, el ejército venezolano no tiene 20 mil hombres en toda Caracas, pero ni de verga) y después se dejó agarrar en su guarida por 80 españoles.

Hartos estamos ya algunos, pero el proceso masivo y obligatorio de inculcación de doctrina y de “valores patrios” continúa. Nos llamamos revolucionarios pero nos da terror apartarnos del discurso, los contenidos y el método utilizado por quienes nos sometieron. Utilizamos sus mismos códigos, sus mismas fantasías, sus mismos símbolos y valores: queremos acabar con el mal y encaminarnos hacia un mundo de justicia y de paz, y lo hacemos en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo, triunvirato al que también se encomendaban los criminales y torturadores que despedazaban gente bajo el amparo de la santa inquisición. Nos aterra cuestionar e interpelar a Bolívar, a los próceres, a la caterva de oportunistas dueños de esclavos que fundaron “la patria”.

Ese es el clima ideológico y emocional en que nos sorprende una fecha que a nadie “le suena”, porque la historia oficial decidió que no debe sonarnos, o que debe sonarnos pero por razones que convengan al culto de la nacionalidad. En estos días de septiembre, por ejemplo, a usted le dijeron o le dirán que en este mes nacieron o murieron (da lo mismo) Atanasio Girardot, Luis Razetti, Alejandro Humboldt, Vicente Lecuna, Lisandro Alvarado, José Laurencio Silva, Lino de Clemente, Fermín Toro, Miguel José Sanz, Rómulo Betancourt y su criatura estelar, el partido Acción Democrática. A usted le dirán que en septiembre los españoles fundaron Maracaibo, que Bolívar escribió la Carta de Jamaica y que la virgen se le apareció a un indio por allá por Guanare. ¡Oh!, qué grande y glorioso es el mes de septiembre.

A usted le dirán que el día 18 de septiembre cumple años José Félix Ribas, pero ni de santa vaina le recordarán que un día después cumple años también el antihéroe por antonomasia de la historia de Venezuela. O tal vez se lo recuerden, pero sólo para acotar que ese hombre era muy malo porque defendía la Corona española y porque degollaba prohombres y violaba doncellas, y que mediante esos procedimientos acabó con la Primera y Segunda Repúblicas. Pero difícilmente le hablarán del volcán de pueblo que se fue tras ese hombre, ni por cuáles razones y motivaciones. Difícilmente en las instituciones educativas de Venezuela algún docente les explicará a los estudiantes qué significó para el pueblo (nuestro ancestro verdadero: el ser humano oprimido y vejado por los poderosos) José Tomás Boves. Tal vez algún audaz alcanzará a decir que Boves era un gran general, un militar excepcional, y será un gesto contracultural respetable, pero ese docente estará equivocado. Porque Boves no era un ser excepcional. Boves ganó las batallas que ganó, y “su” gente destruyó lo que destruyó, porque tras de sí se movilizaba todo un pueblo con una mezcla de agradecimiento, respeto, amor y una rabia apretada en el pecho desde hacía 300 años.

Estuve a punto de decir que el día que estas cosas se expliquen y debatan en la universidad entonces sí habrá comenzado en serio la Revolución. Pero en la Revolución verdadera el conocimiento y la historia del pueblo no se impartirá en quejumbrosos salones ni en vanidosas cárceles (que eso son las escuelas y universidades) sino en las casas y esquinas, en los bares y canchas de bolas criollas, en los caminos y montañas, en las aulas sin paredes construidas a puro verbo, al aire limpio de la libertad que algún día han de respirarse en estas tierras, cuando nos liberemos de las ideas opresoras de Dios, Bolívar, los símbolos patrios y la maldita república mantuana que todavía nos aplasta.