hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

miércoles, 11 de agosto de 2010

Sobre los gays y otras divisiones artificiales de la sociedad

J.R.Duque

Cierta concepción de las relaciones entre grupos humanos sugiere o exige de todos que seamos inclusivos, que echemos mano de la nobleza, la bonhomía y la índole solidaria inherentes a todo revolucionario, para que ningún hombre (¡o mujer!, se apresura uno ¡y una! a corregir) resulte excluido ¡ni excluida! en el proceso de cambio de una a otra sociedad. En este planeta cabemos todos, indica el capítulo primero de su librito existencial con una contundencia que hace olvidar el detallazo: que en ese “todos” está también la gente que quiere acabar con el planeta y lo está logrando.
Esa concepción, con todo y lo justa y edificante que suena, resulta al final ser más burguesa que cristiana, más inoportuna que pertinente y más reaccionaria que audaz. Ha querido cierta izquierda sifrina parcelar la sociedad de manera tal que en ese parcelamiento termina también parcelado el pueblo, y por supuesto sus luchas.
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¿Qué cosa es la izquierda sifrina? Para no ir muy lejos, es la legión conformada por ese tipo de gente que vive como los burgueses que dice odiar, y que en su desesperación por parecer socialista o de izquierda se dedica a decir cosas y ejecutar actos que en su forma parecieran apuntar hacia la construcción de otra sociedad, pero en realidad la consolidan, galvanizan y reproducen la que hay. Gente que siempre detestó a los pobres, pero que ahora, enterada de que la pobreza puede ser un buen trampolín político y aun económico, no tiene empacho en taparse la nariz para que la fotografíen en un barrio con las aguas verdes al fondo. Abunda mucho de esto en el chavismo. Ya antes le hemos dedicado cuartillas a esta especie maléfica, algunos de cuyos representantes internacionales vienen a cobrar en dólares el “honor” de dedicarnos algo del tiempo de su cojonuda militancia: tipos que escriben a favor del proceso venezolano, instalados en lujoso hotel o en su fastuosa residencia que no tiene nada que envidiarle al hotel.
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Lo peligroso, o tal vez simplemente triste, es que mucha gente buena, gente de la nuestra, gente valiosa y pundonorosa, que por andar rindiéndole embelesos al “enfoque de género” se olvida del enfoque de clase. En Venezuela han aflorado en los últimos años varios grupos y movimientos que se han desbocado a difundir ese discurso “de género”, que es potente y efectivo a la hora de denunciar, enfrentar y neutralizar ciertos tipos irracionales de violencia, pero en cuya contundencia se ha dejado permear por valores burgueses y resulta en contumacia: la activista del feminismo que para poder disertar en pomposos salones sobre los derechos de la mujer deja en su casa a la muchacha pobre, negra y extranjera, para que le lave la ropa y los platos, le limpie el piso y le haga el trabajo sucio que ella, revolucionaria muy ocupada (y su señor esposo, un revolucionario tan revolucionario que es casi feminista también) no tiene tiempo de hacer.
Del movimiento que reclama los derechos de homosexuales, transexuales y afines, tuve el año pasado una referencia cercana, aunque no hubo ocasión de discutir el punto en profundidad. Fue el día siguiente al golpe de Estado en Honduras, fecha en que también tuvo lugar, en alguna avenida del este de Caracas, una marcha del orgullo gay. Esa vez se convocó también a una concentración en apoyo al pueblo hondureño en Miraflores. Un compa que trabajaba con nosotros en Ávila TV tuvo una idea interesante: pedirle a una activista o defensora de los derechos de los homosexuales que convocara a los participantes de la marcha gay, para que engrosaran la manifestación por Honduras. La respuesta de la amiga fue: “Es muy difícil, porque en la marcha gay hay chavistas y antichavistas, gente nuestra y gente de derecha: hay de todo”.
Fue toda una revelación, que Ramón Mendoza se encargó de explicar con su lógica maldita y aplastante: “Cuando esa marcha sea en Nueva York no van a poder ir los pobres peluqueros sino los coñoemadres que los explotan: los maricos con real”. Una exacta radiografía del tema: yo no puedo decir que apoyo al movimiento gay porque “eso” no es un movimiento sino una juntura artificial de gente que tiene inclinaciones parecidas pero son socialmente distintas y antagónicas entre sí. Yo pudiera apoyar a los homosexuales pobres, los que son vejados y explotados, los excluidos que no sólo son rechazados por ser homosexuales sino por ser pobres, pero nunca apoyaría a los gays poderosos que también explotan y humillan gente. Una agrupación artificial, pequeñoburguesa, vacía y muy frívola de seres humanos según su íntimo e individual sentir erótico-corporal quiere hacerme creer que los gays pobres y los ricos son la misma gente, pero eso no puede ser verdad en una sociedad dividida en explotados y explotadores. Mis respetos al peluquero de la esquina y al muchacho amanerado por naturaleza; mi salivazo a los Osmel Souza, los Joaquín Riviera, los Nelson Bocaranda Sardi.
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Ni la condición de mujer, ni las preferencias sexuales, ni las discapacidades, pueden ser elementos que conviertan a una persona en especial y libre de todo sobresalto o sospecha. Tampoco deberían obligar a la humanidad a profesarle postración y respeto. Quizá sí les debamos solidaridad, como a todos los seres humanos, pero no apoyo automático. ¿Que si yo respeto a las mujeres, los gays y los discapacitados? Depende, mi hermano. Hay mujeres que merecen mucho respeto y otras que merecen el tratamiento del enemigo, porque muchas de ellas son el enemigo. Entre los expoliadores del mundo (el enemigo) militan y actúan chuecos, homosexuales y mujeres, y uno no tiene que andar exigiendo respeto para la Hillary, la Condoleezza, el Ricky Martin ni la cantidad de ciegos, inválidos, tuertos y tartamudos con plata y poder. Que se mueran todas esas lacras, y ojalá podamos echarles una ayudadita.