hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

viernes, 20 de agosto de 2010

La foto de El Nacional, el amarillismo, la guerra nuestra (I)

J.R.Duque

Primero, lo primero. Es verdad que estamos en guerra, y que en esta fase llamada Guerra de Cuarta Generación, en la cual lo primordial es hacerle daño al otro en el ámbito de la opinión pública, hay que aprovechar las fisuras que el otro muestre para acusarlo de lo que sea: de pelear sucio, de ser inmoral, de ser malo.

Denunciar a El Nacional y hacerse el horrorizado porque publicó en primera página una docena de cadáveres, es lo que dice “el librito” de la guerra sicológica que debe hacerse. Es la misma actitud del futbolista a quien le rozan un dedo y se lanza al piso a gritar su enorme dolor, como si le hubieran dado con una mandarria en la cabeza. Un poco más de volumen: en el teatro estúpido y efectista que muchos confunden con “hacer política”, eso está bien.Pero sentirse de verdad-verdad escandalizado porque en un tiempo en que cualquier niño de 12 años puede ver en Internet todos los cadáveres despedazados que quiera (asómense a las páginas quelacreo.com y theync.com), y venga un periódico de y para consumo de idiotas de clase media y publique la foto de unos muertos apilados, es un acto de pacatería, y sólo eso.

El mundo no va a cambiar porque escondamos la basura y las enfermedades que produce. La basura está ahí y hay quien la ve y hay quien voltea para otro lado. Pero la basura está ahí. Usted puede aplicarle la ley al periódico o televisora que quiera, y con ello sólo estará reproduciendo el discurso y la práctica política del enemigo, porque la ley que prohíbe mostrar la putrefacción burguesa es también burguesa.

Hay gente nuestra que todavía cree que debemos y podemos obligar al enemigo a ser pulcro y limpio. En una guerra sangrienta, dura e implacable como la que nos hemos declarado los que queremos cambiar el puto mundo y los que quieren mantenerlo como está (pero sin comunistas ni contestones), hay quienes se sonrojan porque alguien eructa en la mesa. Y como siempre, el fondo del asunto queda debidamente escondido. Nos gusta hablar de la muerte en abstracto, como si esa bicha no estuviera aquí cerca y aquí arriba: en el explotador que tritura y destruye seres humanos pobres, y en el ser humano pobre que reacciona ante la injusticia con violencia criminal. Las cárceles están llenas de estos últimos; ¿cuándo veremos presos a los ricos generadores de toda la miseria y de toda la violencia en el mundo?

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Sobre El Nacional, creo que procede más denunciarlo por lo que ha ocultado que por lo que ha publicado. En 1989, cuando el Sacudón devino masacre colectiva, los fotógrafos de planta se echaron a la calle a tomar gráficas de la represión y la brutalidad, y la directiva decidió no publicar esas fotografías. Lo hizo después en un libro, lo cual resultó mejor negocio: los pobres les servimos a los ejemplares de clase media para estremecerles el morbo y para que vendan sus “productos editoriales”. Y esto sí toca el tema de fondo: el disfrazamiento de tácticas de mercadeo bajo el aspecto de “defensa de la libertad de expresión”.

Nada le conviene más a los dueños de un periódico que un escándalo que lo haga vender, mostrarse, ser ellos mismos la noticia del día. La gente que trabaja en El Nacional (pasquín hecho por periodistas y editores de clase media para consumo de lectores de clases alta y media) siempre despreció a la gente que hace, lee y trabaja en diarios como 2001 y El Nuevo País, entre otras cosas por sus “procedimientos” para vender periódicos.

El diario 2001 publicó en 1998 una fotografía del cadáver del mayor Ocando Paz, asesinado en La Planta por otros reclusos. La foto mostraba un close up del rostro del militar, con los ojos sacados a chuzo. José Campos Suárez me dijo en aquella ocasión: “Si el fotógrafo no me hubiera traído esa gráfica lo hubiera botado del periódico”. Me consta, porque también estuve ahí (no me lo contaron) la reacción de asco de la sifrinada en El Nacional, que bajo ningún respecto entendía, toleraba o admitía el que se vendieran periódicos a costa de imágenes macabras.

Por cierto: una compa argentina, habitante de Catia, el día de la foto del escándalo se tomó la molestia de preguntar en un par de quioscos qué tal las ventas de El Nacional. ¿Saben cuál fue la respuesta? Adivinaron: ese día los distribuidores dejaron el doble de periódicos en los puestos de ventas, porque en la empresa SABÍAN que ese día el periódico se iba a vender más. Y no es ningún descubrimiento, porque todo el mundo sabe que la muerte vende más y a todo el mundo le fascinan de manera morbosa las historias y situaciones en que alguien pierde la vida. Algo al respecto, en el prólogo de una compilación de mis crónicas de sucesos, Guerra Nuestra. Es un texto de 1999.

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Unos pocos años transcurren. A Israel Márquez, director del diario 2001, lo asesinaron a tiros el primero de marzo en Caracas. El Nacional, cuya directiva se ha cagado olímpicamente en el dolor de los familiares de esas personas cuyos cadáveres aparecieron en su primera página; y 2001, cuya tradición de mostrar cadáveres y regodearse en el detalle sangriento de las noticias de sucesos, no publicaron fotografías del cadáver de Israel Márquez. ¿Es noticia digna de ser mostrada la foto de los cadáveres de venezolanos anónimos, pero no la del director de un diario de circulación nacional?

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El problema para el chavismo en funciones de gobierno, con este tipo de temas, es que siente que debe tomar decisiones acerca de si permitir que se muestre lo que ocurre, o se reprima el acto de mostrar. Del lado del antichavismo hay un metadiscurso muy efectivo consistente en culpar al Gobierno de todo cuanto ocurre o deja de ocurrir. Nuestra disyuntiva contiene también nuestra misión: explicarle a nuestra gente, y que suene convincente, que quienes combatimos el capitalismo lo hacemos precisamente porque sabemos que ese sistema es el que produce miseria, pobreza y violencia criminal.

¿Cómo explicar que el arma con que el delincuente mató a tu hijo fue fabricada por unos sujetos que tienen mucho dinero, vendida por otros sujetos con mucho dinero, revendida por un sistema corrupto que no hemos logrado derrotar porque en la sociedad pulula mucho interesado en defender la “libre empresa” y el derecho a esclavizar pobres? ¿Cómo decirle a nuestra gente que mientras vivamos en capitalismo la máquina de destruir seres humanos no se destruirá? ¿Cómo explicarles a los nuestros que la guerra de los dueños de El Nacional contra Chávez tiene su origen en la necesidad de darle aire al sistema de privilegios que enriquece a unos pocos mientras la mayoría es explotada, segregada y vejada y finalmente muere asesinada, ¿Conviene decir estas verdades o no es conveniente hacerlo, o no es atractivo ni tiene gancho, y menos en tiempo de elecciones?
(Sigue...)