hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

lunes, 21 de junio de 2010

Recomendaciones y observaciones básicas para los escritores "en formación" o gente con ganas de difundir lo que escriben

J.R.Duque

La retahíla que viene a continuación la suelto acá a propósito de esta otra: Monte Ávila, los concursos y los autores inéditos. Aclaratoria que, de entrada, me sirve de ejemplo para el punto número 1):

1) Asegúrate de tener algo que decir, verifica que la escritura es la más poderosa de tus formas expresivas, y luego (sólo luego) escribe eso que te molesta en el pecho.
2) Está bien fantasear (si somos o queremos ser escritores nos será imposible dejar de hacerlo en ciertas ocasiones) pero harías bien en dejar de pensar que la literatura o tu condición de escritor te catapultarán a la fama o a la riqueza. La angustia producto del "¿y cuándo lo voy a lograr? ¿Cuándo será que van a reconocer mi genio?" es demasiado destructiva y por lo general deriva en pérdida de la naturalidad, formación de obsesiones nocivas (como todas las obsesiones) y finalmente en agotamiento del tiempo y la energía corriendo tras el objetivo equivocado. El que se la pasa soñando con la mansión, el Nobel y la fama mundial lo más probable es que agote su energía emocional en soñar con esa mierda, en lugar de invertirla en escribir.
3) Ningún jurado, mucho menos si se trata de alguien que obtuvo sus criterios de lector en la academia, tiene o debería tener la potestad de decidir si lo que tú escribes merece ser publicado o no. El método debería ser: echa a rodar un libro. Si las masas se desviven por leerlo; les causó honda impresión; les dejó una marca perdurable en los afectos o acumulado de sensaciones, ese libro valió la pena. ¿Corin Tellado? ¿Stephen King? Bueno, qué se le va a hacer. Eso es lo que hay.
4) Cuando el concepto "libro" estaba monopolizado por el soporte papel había una poderosa justificación para marginar o desechar ciertas obras: asesinar árboles para inflarle la vanidad a un escritor (alguien que se siente chévere cuando ve sus cosas impresas en papel) es un absurdo, un despropósito; asesinarlos para publicar obras mediocres es ya un crimen repulsivo.
5) El placer de escribir debería ser motor suficiente para que alguien se aplique a hacerlo. Pero se atraviesa un dato importante: la escritura debe tener receptores y difusores para que sea obra viva; una gran novela engavetada no es una gran novela sino un enigma, un feto, un fantasma.
6) La literatura, lo mismo que el resto de las artes y productos del ingenio y la creación humana, no debe ser una mercancía. El capitalismo decidió que todo se compra y se vende y esa es la razón por la cual hay gente obsesionada con los "derechos de autor" y demás aberraciones: sólo puedes disfrutar de lo que creé si me pagas. Escribí una novela: soy dueño de esa novela. El que piensa así casi siempre se alía con una empresa editorial con quien compartir las ganancias. Yo y mi editorial: dueños de esta obra. Los demás son consumidores (clientes) potenciales. Así piensa el escritor que aceptó el chantaje del "mercado editorial". Pero en realidad si produces un hermoso objeto cultural (música, pintura, literatura, artesanía, escultura) y ese objeto cuenta con adoradores o es objeto de querencias colectivas, hagas lo que hagas, ya ese objeto es patriomonio de la humanidad. Mi recomendación (o petición) es que cuando escribas algo lo difundas. Esta vía (internet) ofrece docenas de posibilidades para que lo hagas. No cedas jamás a la extorsión según la cual lo único que prueba que tu obra es buena es su aceptación por parte de unos mercaderes de la cultura, esa fauna intragable que son los editores.

Profundizo en este último punto. ¿Quieres dedicarte sólo a escribir, tener dinero suficiente para poder entregarte a la escritura sin preocuparte por la comida y tus necesidades básicas y las de tu gente? Busca un mecenas, ponte a trabajar o roba a un rico, a una empresa o al Estado. Las entidades a las que le sobra el dinero deberían ocuparse de la manutención de quien vive del arte (perversión asquerosa, pero es lo que tenemos). Que el Estado o las corporaciones le giren dinero a los creadores no es lo deseable, pero es preferible a la otra opción que ofrece esta sociedad: nunca conviertas en mercancía lo que escribes. Tus palabras no deben ser objetos de compra-venta. Yo lo hice en mi juventud (por ignorancia, más que por convicción) y me arrepiento. Mis libros están disponibles para ser leídos libremente en internet. Si consigo quien los reimprima por miles yo mismo salgo a repartirlos por ahí, entre la gente. El lugar de los libros es uno que queda a 30 centímetros de los ojos: ahí donde pueden ser leídos. Me cago en las librerías y demás cementerios de libros.
Juro no volver a exigirle a ninguna persona que me pague por leerme.
Ahora, corporación o ente oficial que vaya a lucrarse o a sacar provecho de lo que escribo, me le afinco.