hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

domingo, 27 de junio de 2010

La guerra lenta; la destrucción del enemigo

J.R.Duque

Es difícil, pero hay que intentarlo y lograrlo: acostumbrarnos a la idea de que los seres humanos tenemos un tiempo histórico, un ritmo, y los países tienen otro. De las cosas que hacemos hoy algunas tendrán efecto mucho tiempo después que hayamos muerto. Cuando decimos: “Vamos a acabar con los ricos”, el imbécil promedio cree que vamos a intentar hacerlo a plomo, a bombazo limpio. No sabe, o no quiere entender, que la forma de acabar con los ricos (destruir al enemigo) es crear las condiciones y estructuras para que los nietos o bisnietos de los ricos actuales ya no quieran ser ricos. Porque entonces comprenderán que para acumular riquezas hay que cometer muchos crímenes. Los ricos de hoy morirán ricos; nosotros moriremos pobres. Pero esta pelea no es de pocos días o años. Esto es una guerra de generaciones. Vivimos este round de la pelea; no nos alcanzará la vida (a nosotros, los que estamos vivos hoy) para ver el final de la pelea. Y ni tan siquiera los asaltos finales. Por eso es tan hermosa nuestra misión: echar las bases para la continuación de la lucha. Para que mi compañero de equipo (ese chamo o chama que no ha nacido y que no me conocerá) continúe lo que yo comencé o continué.
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La chama fue a España, se gozó unos días de poder caminar y rumbear hasta tarde en la noche, paseó por “barrios” como Lavapiés y descubrió que la barrera entre ricos y pobres puede no ser tan rotunda: conoció el Primer Mundo. Al regresar a Venezuela y ver los ranchitos se echó a llorar, desconsolada. “¿Por qué nosotros no podemos ser así? ¿Por qué ellos están tan bien y nosotros tan mal?”. Respuesta lógica: ellos están bien porque nosotros estamos mal. Ellos son ricos porque nosotros somos pobres. Ellos tienen recursos y tranquilidad porque nosotros tenemos pobreza y violencia. Lo que falta aquí se lo llevaron para allá.
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Otro más, impresionado por lo que vio en Europa, vino creyendo en la tesis del “buen gerente”: tú pones a cien tipos graduados en Harvard, aplicas los modelos políticos y sociales más “exitosos” (¡EXITOSOS!”) del mundo, y ya. “¿Por qué no aplicamos un modelo socialista a lo Suecia, donde los trabajadores tienen casa principal y de campo, derecho a viajar por el mundo una vez al año, ingresos suficientes para tener carro y costearse diversiones caras?”. Porque para ser como Suecia tendríamos que recorrer el mismo camino histórico de milenios que los suecos. Para vivir como los suecos tendríamos que vivir un período de exploraciones y colonizaciones guerreristas como la que protagonizaron los vikingos; saltar luego a un período de dominio imperial de vastas regiones en Europa y propiciar allí el mismo complejísimo entresijo de mezclas, culturas exterminadas y territorios sometidos; crecer y consolidarnos como una de las más grandes y terribles potencias europeas (ah, porque para ser como Suecia tenemos que tener su clima, su geografía, su historia, su cultura, su componente social y étnico); luego ceder el poderío ante el empuje de una potencia emergente como Rusia, entrar en una etapa de consolidación más o menos pacífica de su Estado. Y en definitiva, tendríamos que mamarnos unos dos mil años de ESA historia (no de otra), y sólo entonces disfrutar y padecer (¿qué dicen los suecófilos de la alta tasa de suicidio adolescente?) de la situación actual de Suecia: esos “pobres” con carros, casas y privilegios no son producto de una gerencia eficiente sino de un desarrollo histórico; de centenares de años de amoldamiento de ese grupo humano a las condiciones geográficas, históricas, climáticas específicas que les tocó afrontar. Pero por aquí queda cada cabeza e ñame que cree que aplicando fórmulas gerenciales se puede lograr una sociedad como aquella en unos pocos años…
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Dice Juan Cayapo: “Detener el flujo sanguíneo del capitalismo es un acto revolucionario, que se muera el maldito viejo de un infarto. Hace días en mi arrechera escribía: un paro de trabajadores portuarios sería ideal. Las fábricas pueden producir, los esclavos pueden seguir trabajando, pero si la mercancía no se mueve ocurre el infarto. Decía: ah malhaya un paro mundial de trabajadores portuarios…”
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Dice Ramón Cayapo: “La mejor manera de acabar con las urbanizaciones para ricos es acabando con los barrios de pobres. Si tú quieres acabar con El Cafetal ponle esta bomba de tiempo: desmonta La Vega, Petare y Catia. Sin pobres los ricos están liquidados, tienen que convertirse en otra cosa. El rico o clase media necesita, para mantener su estatus, esclavos que les limpien la casa, les cuiden los muchachos y les manejen y arreglen el carro. Cuando esos esclavos descubramos y decidamos que ya no somos más esclavos sino gente que puede trabajar para sí misma; que el tiempo que hoy invertimos en ‘cachifear’ y lavarle la ropa a los amos podemos invertirla en hacer nuestras casas, sembrar para comer, enseñarles cosas de la vida a nuestros hijos, las clases dominantes entrarán en crisis: ellos no están acostumbrados a hacer el trabajo sucio (cocinar, limpiar el piso, lavar el baño, planchar la ropa)”.
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Dice Gino González (otro cayapo): “Dale una patá al bastón / pa que de una vez se caiga / es mocho del corazón / y si tú no lo acompañas / se ensucia en el pantalón / y se vomita en la cama…”
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Dicen los anticomunistas-antichavistas: “Si se implanta aquí el comunismo nos esclavizarán y empobrecerán como a la URSS o Cuba…”. Como si el humano experimentar y avanzar en la historia no fuera capaz de quedarse con lo mejor y desechar lo peor de cada experiencia…