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miércoles, 9 de junio de 2010

DEMOCRACIA O SOCIALISMO BUROCRATICO- y V: QUIENES OLVIDAN A MARX Y ENGELS...VUELVEN A TROPEZAR CON LA MISMA PIEDRA

Javier Biardeau R.

El Socialismo Burocrático hizo todo lo contrario de lo concebido por Marx y Engels: El proletariado victorioso fue sustituido completamente por el centro político burocrático, a diferencia de lo que hizo la Comuna de Paris, y exaltó inmediatamente los peores lados de este mal (los males represivos, policiales y burocráticos del Estado), hasta que una generación futura, fue educada en condiciones sociales opresivas, y le costó sangre, sudor y lagrimas deshacerse de todo ese trasto viejo del Estado. Y al confundir este colectivismo despótico con el “socialismo”, producto de años de adoctrinamiento y propaganda, se imaginaron que la liberación era por la vía de una restauración liberal-capitalista de algo de democracia. Esa es la tragedia de ex campo socialista.
Allí residen los desastrosos efectos de la voltereta estalinista, de los estalinistas avergonzados, y además de los estalinistas “avant la lettre”: prefiguraciones del estalinismo en voces presuntamente revolucionarias. Que las sociedades terminen confundiendo el despotismo político con el socialismo, y que supongan que no hay más remedio que conformarse con algo de democracia liberal.
Examinemos así mismo la tan cacareada palabra Revolución. Engels, les reprochaba a los críticos del principio de autoridad (los llamados anti-autoritarios) en 1873, desconocer el significado preciso de una Revolución:
“¿No han visto nunca una revolución estos señores? Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria que existe; es el acto por medio del cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte por medio de fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por medio del terror que sus armas inspiran a los reaccionarios. ¿La Comuna de París habría durado acaso un solo día, de no haber empleado esta autoridad de pueblo armado frente a los burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberse servido lo bastante de ella?”.
Una precondición de la Comuna: autoridad del pueblo armado frente a los burgueses. Esta es la definición precisa de Engels de una revolución articulada a medios políticos violentos. Precondición: disolución del ejército burgués, autoridad del pueblo armado. Posteriormente, Engels en 1895 se enfrenta a los dilemas de la táctica legal y electoral para el acceso al poder del Estado político (si usted quiere aproximarse a las relaciones entre revolución violenta y revolución pacífica, lea estos documentos).
La flexibilidad que mostraron el mismo Marx y Engels, frente al cambio de condiciones históricas entre 1848 y 1880, muestra que no basta citar al pie de la letra el Manifiesto Comunista o la Crítica al Programa de Gotha, como si fuesen textos sagrados.
Lo singular de una interpretación crítica de los textos clásicos de la tradición socialista de Marx y Engels, no está tanto en la fidelidad a un trazo inamovible convertido en tabú y dogma (una exégesis dogmática), sino comprender su dimensión histórica, la pragmática de sus enunciados, articulada a campos de batalla interpretativos que afectan las dimensiones tácticas y estratégicas.
Se ha dicho, por ejemplo, que el socialismo es absolutamente imposible sin una revolución violenta, sin construir una “Dictadura”. Lo que no se dice es que la desarticulación del poder burgués, implica tanto actos políticos de fuerza-coerción como actos de influencia hegemónica en la construcción de consensos para conformar el bloque histórico popular emergente.
Fue Gramsci, quién percibe la combinación de coacción y convencimiento, de fuerza y de consenso de masas. Y es justamente la lucha democrática del proletariado organizado, la que puede exaltar al pueblo trabajador al gobierno, conquistar la democracia, para que las clases trabajadoras efectivamente gobiernen una máquina de gobierno, para que dirijan efectivamente el proceso económico, lo que implica una transformación radicalmente democrática de la “forma-Estado”, como “Estado de transición”. Conversión del Estado democrático-restringido al Estado democrático ampliado, socialización del poder político, amputación de los peores lados del mal de la forma-Estado, prefiguración de la forma-Comuna bajo control del pueblo trabajador.
Lo que no quiere reconocer la mentalidad del socialismo burocrático es que la forma-Comuna ya no es una forma-Estado burgués, sino un semi-Estado proletario (Lenin dixit). Un pequeño detalle, que no puede dejar de pasar desapercibido por nuestros “maestros” del “Estado Socialista”. No es un hiper-Estado (Estadolatria) sino un semi-Estado: ¿se comprende la “pequeña diferencia”?
Así mismo, si hay algo que abolir por parte de las clases trabajadoras para los autores del Manifiesto Comunista, además del Estado político burgués, es el régimen burgués de producción, apropiación y propiedad. Sin medias tintas ni concesiones. Marx y Engels no concebían una economía mixta en el siglo XIX, ni un parlamento que hiciera reformas parciales o graduales para un socialismo evolutivo.
Para Marx-Engels, el Estado representativo es una creación histórica de la burguesía en tiempos de la gran industria y la apertura al mercado mundial. Marx y Engels tenían plena conciencia de las vinculaciones entre el régimen de propiedad y producción burgués y el dominio del Estado para la vida de los trabajadores:
“La industria moderna ha convertido el pequeño taller del maestro patriarcal en la gran fábrica del magnate capitalista. Las masas obreras concentradas en la fábrica son sometidas a una organización y disciplina militares. Los obreros, soldados rasos de la industria, trabajan bajo el mando de toda una jerarquía de sargentos, oficiales y jefes. No son sólo siervos de la burguesía y del Estado burgués, sino que están todos los días y a todas horas bajo el yugo esclavizador de la máquina, del contramaestre, y sobre todo, del industrial burgués dueño de la fábrica. Y este despotismo es tanto más mezquino, más execrable, más indignante, cuanta mayor es la franqueza con que proclama que no tiene otro fin que el lucro.” (Manifiesto del Partido Comunista)
Las funciones de mando político y explotación económica de la burguesía se refuerzan mutuamente. Marx-Engels nos dibujan la situación siguiente: “Tan pronto como, en el transcurso del tiempo, hayan desaparecido las diferencias de clase y toda la producción esté concentrada en manos de la sociedad, el Estado perderá todo carácter político. El Poder político no es, en rigor, más que el poder organizado de una clase para la opresión de la otra. El proletariado se ve forzado a organizarse como clase para luchar contra la burguesía; la revolución le lleva al Poder; más tan pronto como desde él, como clase gobernante, derribe por la fuerza el régimen vigente de producción, con éste hará desaparecer las condiciones que determinan el antagonismo de clases, las clases mismas, y, por tanto, su propia soberanía como tal clase.” Continua Marx: “Y a la vieja sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, sustituirá una asociación en que el libre desarrollo de cada uno condicione el libre desarrollo de todos.”
En esta frase se consensa el gran temor de los funcionarios de la nomenclatura: la democracia socialista es una “asociación en que el libre desarrollo de cada uno condicione el libre desarrollo de todos.” ¿Dijo usted libre desarrollo de cada uno, libre desarrollo de todos?
El Burócrata afirma: ¡Usted es sencillamente, un anarquista! En la historia de las experiencias del socialismo realmente inexistente, el calificativo de “anarquista” no era más que una medida de control de la burocracia del partido y del Estado, para disciplinar y criminalizar los desacuerdos de quienes desde el alba de la revolución vieron levantarse ante sí, a un nuevo poder opresor sobre el pueblo trabajador. La frase de la nomenclatura dicta: “asociación compulsiva en que el sometimiento de cada uno, condicione el sometimiento de todos”.
En Marx y Engels, no hay nada de Estadolatrias como futuro régimen estatal de la sociedad comunista. De allí que Marx y Engels se conviertan en espíritus subversivos para la nomenclatura y para las nuevas clases político-económicas. Ahora bien, aquí entramos al terreno de la polémica que queremos destacar, Engels escribe en 1895, como prólogo a la “Lucha de clases en Francia”, unas líneas que conmueven las bases de toda la argumentación precedente acerca de la táctica única de la revolución violenta:
“Cuando estalló la revolución de Febrero, todos nosotros nos hallábamos, en lo tocante a nuestra manera de representarnos las condiciones y el curso de los movimientos revolucionarios, bajo la fascinación de la experiencia histórica anterior, particularmente la de Francia. ¿No era precisamente de este país, que jugaba el primer papel en toda la historia europea desde 1789, del que también ahora partía nuevamente la señal para la subversión general? Era, pues, lógico e inevitable que nuestra manera de representarnos el carácter y la marcha de la revolución «social» proclamada en París en febrero de 1848, de la revolución del proletariado, estuviese fuertemente teñida por el recuerdo de los modelos de 1789 y de 1830.”
Engels reconoce que él y Marx estaban infatuados; es decir, arrogantemente fascinados por la experiencia histórica de la “Revolución Francesa”, por el recuerdo de los modelos de 1789 y 1830. ¡Gran reconocimiento estimado Engels! Y no solo por el contenido, sino por la ruptura de la fascinación-arrogancia; es decir, por la ruptura del prejuicio firmemente establecido en el fantasma, por el preconcepto de la fantasía, por el presupuesto que da garantías de orden conceptual.
Logro del pensamiento crítico, excavar la raíz de los presupuestos sedimentados, naturalizados, vueltos tácitos, no debatidos en el campo revolucionario. Para problematizarlos desde la raíz. Un verdadero “método Maneiro” y su Causa R. Legado de Maneiro que desborda cualquier cogollo.
Engels continua:
“Pero la historia nos dio también a nosotros un mentís, y reveló como una ilusión nuestro punto de vista de entonces. Y fue todavía más allá: no sólo destruyó el error en que nos encontrábamos, sino que además transformó de arriba abajo las condiciones de lucha del proletariado. El método de lucha de 1848 está hoy anticuado en todos los aspectos, y es éste un punto que merece ser investigado ahora más detenidamente.”
La historia negó categóricamente el prejuicio sostenido por la perspectiva de análisis. El acontecimiento, las circunstancias, dejaron atrás el concepto y su fantasma. Revolucionarios y revolucionarias, lean con atención. No teman romper con el embrujo de las palabras totémicas, con los conceptos-tabú. Atréverse a cuestionar, a impugnar, insumisión teórica radical, revelar como tantas ilusiones los puntos de vista recibidos pasivamente a través de largas jornadas de amansamiento del espíritu crítico y revolucionario. Retornar al archivo histórico para verlo desde nuevas perspectivas. Para desmontar lo que se considera a priori, certeza, seguridad.
¿Cuántos errores recibidos, cuantas ilusiones heredadas desde la sacrosanta tradición revolucionaria del siglo XX? Pensar la revolución implica revolucionar el pensamiento desde nuevas hipótesis estratégicas, apertura a lo intempestivo en el pensamiento, desorden instituyente contra las falsas seguridades, en fin, ruptura de dogmas sacrosantos, de creencias ciegamente establecidas.
Se trata de ideas revolucionarias, no de creencias revolucionarias. La revolución no avanza desde un marxismo religioso, sino desde la demolición de viejas estructuras, y construcción de nuevos espacios de liberación.
Ludovico Silva fue extremadamente duro con nuestra izquierda amaestrada: una cosa es la conciencia revolucionaria, la idea revolucionaria; otra la ideología, la falsa conciencia, la creencia, que siempre era para Silva contra-revolucionaria. Cuando se rompe el vínculo entre pensamiento radicalmente crítico y revolución, comienzan las actitudes contra-revolucionarias.
La ruptura con cualquier lectura dogmática del Manifiesto, con la Crítica del Programa de Gotha, conlleva su contraste con las condiciones de lucha del proletariado. Salir de la ilusión, del error del “concreto pensado”, para indagar las condiciones del “concreto real en proceso de mutación”: indagar la vigencia de los fines, métodos y horizontes de las condiciones de lucha.
Nada de citas sagradas. Se trata de citas para la polémica, con el sola intencionalidad de colocar sobre la mesa una interpretación, un retorno polémico del espíritu-crítico Marx: “la historia reveló como una ilusión nuestro punto de vista”: es decir, la manera de representarse el carácter y la marcha de la revolución social, fuertemente teñida por el recuerdo de los modelos de 1789 y de 1830.
En América Latina y el Caribe, podría realizarse una transposición de esta frase: la historia reveló como una ilusión nuestro punto de vista: es decir, la manera de representarse el carácter y la marcha de la revolución social en todo el siglo XX, fuertemente teñida por el recuerdo de los modelos, por ejemplo, por el modelo de la revolución rusa, china o cubana.
Cada revolución es una lección peculiar y específica, quien hace “calco y copia” hace caligrafías, pero no revoluciones. No hay que colocar al concepto que sintetiza los resultados de las luchas del pasado como una autoridad indiscutible del presente. Hay que poner a debatir los conceptos con los acontecimientos, hay que abrirse al acontecimiento instituyente.
Sólo por el hecho de que el enemigo histórico de las revoluciones ha aprendido las lecciones de la historia, no pueden repetirse sus guiones, sus modelos y medidas, pues el enemigo anticipa los guiones, precipita los errores y aprovecha las debilidades de los modelos revolucionarios anteriores. Un pequeño detalle de táctica y estrategia.
También la revolución de los conceptos, genera una revolución de las estrategias y tácticas.
Fantasmas, representaciones, modelos, recuerdo, puntos de vista, ilusiones, tiempo, historia. Estas son palabras claves para desarmar el dogmatismo. Como Marx decía en el 18 Brumario:
“Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su exilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal.”
No podemos confundirnos. Revolución no es Restauración. Revolución no es reconversión burocrática, es ruptura radical de la tradición recibida pasivamente, lo cual implica tematizar la tradición de las revoluciones del siglo XIX y XX, no para convertirla en venerable superstición, aquel disfraz de vejez venerable y de lenguaje prestado, sino para no repetir los errores del pasado.
Dice Engels: “Hasta aquella fecha todas las revoluciones se habían reducido a la sustitución de una determinada dominación de clase por otra; pero todas las clases dominantes anteriores sólo eran pequeñas minorías, comparadas con la masa del pueblo dominada. Una minoría dominante era derribada, y otra minoría empuñaba en su lugar el timón del Estado y amoldaba a sus intereses las instituciones estatales. Este papel correspondía siempre al grupo minoritario capacitado para la dominación y llamado a ella por el estado del desarrollo económico y, precisamente por esto y sólo por esto, la mayoría dominada, o bien intervenía a favor de aquélla en la revolución o aceptaba la revolución tranquilamente. Pero, prescindiendo del contenido concreto de cada caso, la forma común a todas estas revoluciones era la de ser revoluciones minoritarias. Aun cuando la mayoría cooperase a ellas, lo hacia —consciente o inconscientemente— al servicio de una minoría; pero esto, o simplemente la actitud pasiva, la no resistencia por parte de la mayoría, daba al grupo minoritario la apariencia de ser el representante de todo el pueblo.”
Dice el Manifiesto: “Hasta ahora, todos los movimientos sociales habían sido movimientos desatados por una minoría o en interés de una minoría. El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa. El proletariado, la capa más baja y oprimida de la sociedad actual, no puede levantarse, incorporarse, sin hacer saltar, hecho añicos desde los cimientos hasta el remate, todo ese edificio que forma la sociedad oficial.”
Instrumentos de lucha, formas de lucha, transformación de las condiciones de lucha. No se trata de dogmas, modelos o patrones inmodificables: “Y aunque el sufragio universal no hubiese aportado más ventaja que la de permitirnos hacer un recuento de nuestras fuerzas cada tres años; la de acrecentar en igual medida, con el aumento periódicamente constatado e inesperadamente rápido del número de votos, la seguridad en el triunfo de los obreros y el terror de sus adversarios, convirtiéndose con ello en nuestro mejor medio de propaganda; la de informarnos con exactitud acerca de nuestra fuerza y de la de todos los partidos adversarios, suministrándonos así el mejor instrumento posible para calcular las proporciones de nuestra acción y precaviéndonos por igual contra la timidez a destiempo y contra la extemporánea temeridad; aunque no obtuviésemos del sufragio universal más ventaja que ésta, bastaría y sobraría. Pero nos ha dado mucho más. Con la agitación electoral, nos ha suministrado un medio único para entrar en contacto con las masas del pueblo allí donde están todavía lejos de nosotros, para obligar a todos los partidos a defender ante el pueblo, frente a nuestros ataques, sus ideas y sus actos; y, además, abrió a nuestros representantes en el parlamento una tribuna desde lo alto de la cual pueden hablar a sus adversarios en la Cámara y a las masas fuera de ella con una autoridad y una libertad muy distintas de las que se tienen en la prensa y en los mítines. ¿Para qué les sirvió al Gobierno y a la burguesía su ley contra los socialistas, si las campañas de agitación electoral y los discursos socialistas en el parlamento constantemente abrían brechas en ella?”
“Pero con este eficaz empleo del sufragio universal entraba en acción un método de lucha del proletariado totalmente nuevo, método de lucha que se siguió desarrollando rápidamente. Se vio que las instituciones estatales en las que se organizaba la dominación de la burguesía ofrecían nuevas posibilidades a la clase obrera para luchar contra estas mismas instituciones. Y se tomó parte en las elecciones a las dietas provinciales, a los organismos municipales, a los tribunales de artesanos, se le disputó a la burguesía cada puesto, en cuya provisión mezclaba su voz una parte suficiente del proletariado. Y así se dio el caso de que la burguesía y el Gobierno llegasen a temer mucho más la actuación legal que la actuación ilegal del partido obrero, más los éxitos electorales que los éxitos insurreccionales.”
Y continua Engels: “Pues también en este terreno habían cambiado sustancialmente las condiciones de la lucha. La rebelión al viejo estilo, la lucha en las calles con barricadas, que hasta 1848 había sido la decisiva en todas partes, estaba considerablemente anticuada.”
Pero Engels no quiere decir que el elemento fuerza-coerción hubiese desaparecido de la política:
“¿Quiere decir esto que en el futuro los combates callejeros no vayan a desempeñar ya papel alguno? Nada de eso. Quiere decir únicamente que, desde 1848, las condiciones se han hecho mucho más desfavorables para los combatientes civiles y mucho más ventajosas para las tropas. Por tanto, una futura lucha de calles sólo podrá vencer si esta desventaja de la situación se compensa con otros factores. Por eso se producirá con menos frecuencia en los comienzos de una gran revolución que en el transcurso ulterior de ésta y deberá emprenderse con fuerzas más considerables. Y éstas deberán, indudablemente, como ocurrió en toda la gran revolución francesa, así como el 4 de septiembre y el 31 de octubre de 1870, en París, preferir el ataque abierto a la táctica pasiva de barricadas.”
“Si han cambiado las condiciones de la guerra entre naciones, no menos han cambiado las de la lucha de clases. La época de los ataques por sorpresa, de las revoluciones hechas por pequeñas minorías conscientes a la cabeza de las masas inconscientes, ha pasado. Allí donde se trate de una transformación completa de la organización social tienen que intervenir directamente las masas, tienen que haber comprendido ya por sí mismas de qué se trata, por qué dan su sangre y su vida. Esto nos lo ha enseñado la historia de los últimos cincuenta años. Y para que las masas comprendan lo que hay que hacer, hace falta una labor larga y perseverante. Esta labor es precisamente la que estamos realizando ahora, y con un éxito que sume en la desesperación a nuestros adversarios.”
La conclusión de Engels es tajante: No hay victoria duradera posible a menos que se gane de antemano a la gran masa del pueblo. Ganarse el apoyo de la mayoría del pueblo, esa es la función del partido para la revolución socialista. De allí la importancia de la multitud popular como criterio que demarca una revolución de minorías de una revolución de mayorías. Mientras menos mayoritaria, la revolución luce mas amenazada por golpes de sorpresa o reveses electorales: “La ironía de la historia universal lo pone todo patas arriba. Nosotros, los «revolucionarios», los «elementos subversivos», prosperamos mucho más con los medios legales que con los ilegales y la subversión. Los partidos del orden, como ellos se llaman, se van a pique con la legalidad creada por ellos mismos. Exclaman desesperados, con Odilon Barrot: La légalité nous tue, la legalidad nos mata, mientras nosotros echamos, con esta legalidad, músculos vigorosos y carrillos colorados y parece que nos ha alcanzado el soplo de la eterna juventud. Y si nosotros no somos tan locos que nos dejemos arrastrar al combate callejero, para darles gusto, a la postre no tendrán más camino que romper ellos mismos esta legalidad tan fatal para ellos.”
Engels llega a decir: “La subversión social-democrática, que por el momento vive de respetar las leyes, sólo podrán contenerla mediante la subversión de los partidos del orden, que no puede prosperar sin violar las leyes (…)Por tanto, si ustedes violan la Constitución del Reich, la socialdemocracia queda en libertad y puede hacer y dejar de hacer con respecto a ustedes lo que quiera. Y lo que entonces querrá, no es fácil que se le ocurra contárselo a ustedes hoy.”
Queda claro que en lugar de apostar por la eterna imposibilidad de la revolución democrática y socialista, hay que imaginar un nuevo tipo de revolución que está deviniendo posible. Una revolución donde el imaginario estatista ya no es dueño de su plan. Las revoluciones nunca pasan allí donde se cree que van a pasar, ni por los caminos que se espera. Escapando del plan del capital y de su forma-Estado, una masa deviene multitud popular sin cesar revolucionaria, y destruye el equilibrio dominante. Líneas de fuga al neoliberalismo en Latinoamérica (Agenda Alternativa bolivariana), línea de fuga al capitalismo y a la Estadolatría (agenda por el Poder popular).
Así como el neoliberalismo domina y captura, en connivencia con el aparato de Estado, a los medios de producción y la fuerza de trabajo, así también la patronal burocrática pretende dominar y capturar medios de producción y fuerza de trabajo. Así también afectan los modos de existencia, posibilidades de vida y procesos de subjetivación.
El neoliberalismo pretende convertir todo valor simbólico de uso, en una mercancía/valor de cambio, y toda actividad creadora en actividad sometida a la explotación-mando sobre el trabajo vivo.La Estadolatria del socialismo burocrático pretende convertir todo valor simbólico de uso en utilidad funcional al centro político burocrático, y toda actividad creadora en actividad sometida para la sobre-codificación de los aparatos hegemónicos.
Las líneas de fuga rompen ambos cercos: el cerco neoliberal-capitalista y el cerco burocrático del capitalismo de Estado. De allí la importancia estratégica de la democracia socialista. El nomadismo revolucionario pasa por romper incesantemente cercos de estructuras de mando y explotación: ni capitalistas ni burócratas. Combinación entre máquinas de guerra y una actitud general ante el poder. No permanecer en lugares predecibles, ni en momentos esperados, ni del modo conveniente al poder. Siempre sabe romper el cerco y el aniquilamiento, contra el poder que actúa por captura, lo revolucionario es abrir espacios de liberación.
Los movimientos de flujos y colectivos instituyentes involucran el devenir y la multiplicación, nuevos agencias colectivas de enunciación bajo la forma de asambleas y consejos de poder popular, nuevas puestas en acto de deseos de transformación de espacios de poder. Tomas de decisiones en colectivo, poner sobre la escena el nosotros común-comunitario.
Democracia socialista implica que el que “mande, mande obedeciendo”. Un nuevo tipo de revolución y la democracia socialista no concluirá en una nueva clase, fracción de clase o grupo en el poder, configurará una relación política nueva, impedir que nuevas nomenclaturas traicionen al pueblo con su poder”.
¡O Democracia Socialista o Barbarie!