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martes, 8 de junio de 2010

DEMOCRACIA O SOCIALISMO BUROCRATICO-IV: QUIENES OLVIDAN A MARX Y ENGELS...VUELVEN A TROPEZAR CON LA MISMA PIEDRA


Javier Biardeau R.

No hay que olvidar que el gobierno en el Estado representativo moderno, viene a ser, pura y simplemente, una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa. ¿Acaso usted habla de sociedades sin Estado? ¡Usted es sencillamente un anarquista!
Analicemos el asunto detenidamente. En Marx y Engels es posible reconstruir una crítica radical a las formas de dominación burguesas; entre ellas la forma-Estado capitalista. Sobre todo en Marx, que no claudicó ni por afanes pedagógicos en la radicalidad de la crítica. Incluso, no hay manera de realizar un montaje textual entre la precisa formulación de Marx: “Dictadura revolucionaria del proletariado”, presente de manera escueta en el Programa de Gotha-1875 como forma política de la transición, y una nueva forma de mando-explotación sobre el proletariado (Por cierto, el colectivismo burocrático-despótico confunde a Marx con la irónica formulación, que Trotsky planteara tempranamente, criticando precisamente a Lenin: “Dictadura sobre el proletariado”- Trotsky, Nashi Politícheskie Zaduchi, (1904) (Nuestras tareas políticas), panfleto traducido y citado por Deutscher en El profeta armado, Ed. Era, págs. 94-96).
Marx se preguntaba en 1875: “¿Que transformación sufrirá el régimen estatal en la sociedad comunista? O, en otros términos: ¿qué funciones sociales, análogas a las actuales funciones del Estado, subsistirán entonces? Esta pregunta sólo puede contestarse científicamente, y por más que acoplemos de mil maneras la palabra Pueblo y la palabra Estado, no nos acercaremos ni un pelo a la solución del problema.”
En Marx, eso de hablar de “Estado de todo el pueblo” no permite acercarse ni un pelo a la solución del problema (contra la interpretación coagulada por Stalin). Por una sencilla razón, la diferencia entre Marx y los Estatistas burocráticos y despóticos, reside en que para Marx no desaparece el horizonte de la “extinción del Estado”, mientras que para la “Estadolatría”, el principio de dominación Estatal se hace eterno.
Para la Estadolatría asociada a los Socialismos Reales, la fase de transición inicial se vuelve, por efectos de la real-politik tan larga” que se transfigura en algo “intemporal”. Justificación real-politik del “Estado socialista”. Apología de la forma-Estado, restauración de nada mas y nada menos que… Hegel. De allí, que se cuelen las confusiones entre el Estatismo nazi de Carl Schmidt y el Anti-estatismo revolucionario de Karl Marx.
Mientras los funcionarios orgánicos del consenso de la burguesía, hacen apologías de las relaciones de explotación capitalistas, los funcionarios orgánicos del consenso de la nomenclatura, hacen una apología de las relaciones de opresión política, propias de la Estadolatría, del colectivismo burocrático-despótico.
Decía Marx: “Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista, media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado.”
La polémica Dictadura-Democracia fue central entre Kaustky y Lenin, por ejemplo. Obviamente, si se presume ser revolucionario, se opta por Lenin. Pero también lo fue entre Pannekoek y Gorter, contra Lenin. Allí comienza el lenguaje de las desviaciones sociales. ¿Dijo usted Pannekoek? ¡Desviación de izquierda! En esto consiste el juego del control del "acróbata audaz": repartir desviaciones a la derecha (reformistas) y a la izquierda (ultra-izquierdistas). Repartir superlativos a diestra y siniestra. En esto, Stalin y luego Mao fueron ejemplares, todo en función de la “línea correcta” del “mande-comandante” de ocasión.
Pero la historia en Marx es otra. El proletariado, estimados y estimadas, no era en ningún caso un centro político burocrático, sino la antesala para la construcción de una sociedad sin antagonismos de clase, sin clase dominante, sin patronos, reyes, tribunos, dioses, si alienaciones económico-políticas.
Para decirlo en términos de etnología: ¿Quién ejercerá la jefatura política? No se confunda: no será un Comandante, no será un Comité Central, no será un Buró Político, no será un Partido Único. Gramsci aún se imaginaba al "príncipe moderno" garantizando vía partido, la “unidad de mando”. Lenin moría intentando ampliar la composición del Buró Político, angustiado por el poder de la burocracia y los síntomas fraccionales: Stalin por allá, Trotsky por aquí (¡A leer el testamento de Lenin!). Pero era por ausencia de democracia interna, por haber liquidado la democracia fuera y dentro del partido. Era por ausencia de una mayoría proletaria en el seno del partido. En Marx, es el proletariado organizado como “clase política gobernante”, no la cadena de sustituciones anteriormente mencionadas, ni partido único, ni vanguardia, ni personalismo-caudillista (No olvidemos la certera crítica de Marx al “Bonapartismo”).
Obviamente habrá dominados en las primeras etapas: clases que anhelan la restauración de las condiciones de explotación y opresión anteriores, pero no será en ningún caso, la dominación de la minoría sobre la mayoría, no es la dominación del centro político burocrático sobre las clases trabajadoras, ni sobre los pueblos originarios, ni sobre las mujeres, ni sobre los estudiantes, los profesionales, científicos o cuadros técnicos, ni sobre la “plaga” de intelectuales pequeñoburgueses, anarcoides y reformistas.
El peligro de toda revolución que aspire a ser tal, es trastocarse e invertirse en una contra-revolución hacia dentro, es mutar de una pasión de liberación a un patético afecto policial típico del sectarismo. De los afectos policiales nace la mentalidad de los “Apparatchiki”, funcionarios a tiempo completo del aparato de partido, o del puesto administrativo, con su obsesión por el cargo de responsabilidad burocrática o política, con su anhelado sueño de ingresar a la lista de los privilegiados de la nomenclatura.
Para Marx y Engels, hay innumerables referencias críticas a los polizontes de la burguesía. No conocían aún a los polizontes de la burocracia. Por otra parte, sobre el futuro régimen estatal de la sociedad comunista, sólo hay indicaciones, pero hay una de ella que no puede dejarse de lado. Aparece en Engels (Del Socialismo Utópico al Socialismo Científico-Capitulo I):
“En 1816, Saint-Simon declara que la política es la ciencia de la producción y predice ya la total absorción de la política por la Economía. Y si aquí no hace más que aparecer en germen la idea de que la situación económica es la base de las instituciones políticas, proclama ya claramente la transformación del gobierno político sobre los hombres en una administración de las cosas y en la dirección de los procesos de la producción, que no es sino la idea de la «abolición del Estado», que tanto estrépito levanta últimamente.”
En el Capitulo III del mismo texto, continúa Engels:
“El modo capitalista de producción, al convertir más y más en proletarios a la inmensa mayoría de los individuos de cada país, crea la fuerza que, si no quiere perecer, está obligada a hacer esa revolución. Y, al forzar cada vez más la conversión en propiedad del Estado de los grandes medios socializados de producción, señala ya por sí mismo el camino por el que esa revolución ha de producirse. El proletariado toma en sus manos el poder del Estado y comienza por convertir los medios de producción en propiedad del Estado.”
Pero no se confunda. Hay “estatizaciones” de “estatizaciones”. Hay una gran diferencia entre las “estatizaciones” y “nacionalizaciones” que se realizan “en nombre” del socialismo “en abstracto”, sin tomar en consideración la condición política sine qua non necesaria para la transición post-capitalista planteada por Marx y Engels: “El proletariado toma en sus manos el poder del Estado”.
Lo que Marx plantean para el desarrollo de un modo de producción asociativo, se llama socializaciones económicas. En fin, si una estatización o nacionalización no conduce a la socialización económica y a la propiedad social (no a la propiedad estatal), estimado y estimada, ponga las barbas en remojo, usted va derechito, sin estaciones intermedias, directo al imaginario estatista autoritario del socialismo burocrático.
Mientras no exista poder proletario (no sólo “control obrero” limitado, sino poder obrero efectivo) en el Estado de transición, para Marx y Engels, no hay ninguna transición efectiva al comunismo. La pregunta incisiva sería: ¿Donde ejerce efectivamente el poder el proletariado organizado como clase gobernante, en que ámbitos políticos, económicos y culturales concretos?
Si quién ejerce el poder son fracciones radicalizadas de los sectores intermedios, fracciones de la pequeña o mediana burguesía, o categorías sociales como la tecno-burocracia de Estado, entonces: ¿Hay nacionalizaciones en sentido marxiano? ¡En absoluto!
En El Manifiesto Comunista (1848) plantearon lo siguiente: “Ya dejamos dicho que el primer paso de la revolución obrera será la exaltación del proletariado al Poder, la conquista de la democracia. El proletariado se valdrá del Poder para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase gobernante, y procurando fomentar por todos los medios y con la mayor rapidez posible las energías productivas.”
Hablar “en nombre” del proletariado, ejercer el poder excluyendo al proletariado, omitir sistemáticamente a los trabajadores y trabajadoras del ejercicio cotidiano de las grandes decisiones (¡Oh, los inmaduros proletarios!). Allí justamente reside el núcleo desde donde se prefigura el centro político burocrático: composición de sinceros “jacobinos” y “blanquistas”, entremezclados con “oportunistas” y arribistas, convertidos luego en burócratas rechonchos de poder, privilegio y riqueza.
Por tanto, sin proletariado organizado como clase gobernante no hay estatizaciones en los términos de Marx y Engels. Ya Engels se había burlado de las nacionalizaciones de Bismark, por ejemplo:
“(…) desde que Bismarck emprendió el camino de la nacionalización, ha surgido una especie de falso socialismo, que degenera alguna que otra vez en un tipo especial de socialismo, sumiso y servil, que en todo acto de nacionalización hasta en los dictados por Bismarck, ve una medida socialista. (…) Cuando el Estado belga, por razones políticas y financieras perfectamente vulgares, decidió construir por su cuenta las principales líneas férreas del país, o cuando Bismarck, sin que ninguna necesidad económica le impulsase a ello, nacionalizó las líneas más importantes de la red ferroviaria de Prusia, pura y simplemente para así poder manejarlas y aprovecharlas mejor en caso de guerra, para convertir al personal de ferrocarriles en ganado electoral sumiso al gobierno y, sobre todo, para procurarse una nueva fuente de ingresos sustraída a la fiscalización del Parlamento, todas estas medidas no tenían, ni directa ni indirectamente, ni consciente ni inconscientemente nada de socialistas.” (Engels. Del Socialismo utópico al Socialismo científico”)
El único antídoto para evitar esta situación es la conquista de la democracia por el proletariado. Si no existe esta precondición, no hay transición post-capitalista alguna. Engels, en capítulo III del texto: “Del socialismo utópico al socialismo científico plantea:
“Pero con este mismo acto (exaltación del proletariado al poder) se destruye a sí mismo como proletariado, y destruye toda diferencia y todo antagonismo de clases, y con ello mismo, el Estado como tal. La sociedad, que se había movido hasta el presente entre antagonismos de clase, ha necesitado del Estado, o sea, de una organización de la correspondiente clase explotadora para mantener las condiciones exteriores de producción, y, por tanto, particularmente, para mantener por la fuerza a la clase explotada en las condiciones de opresión (la esclavitud, la servidumbre o el vasallaje y el trabajo asalariado), determinadas por el modo de producción existente.”
Y hablando del tiempo futuro, Engels dice: “Cuando el Estado se convierta finalmente en representante efectivo de toda la sociedad será por sí mismo superfluo. Cuando ya no exista ninguna clase social a la que haya que mantener sometida; cuando desaparezcan, junto con la dominación de clase, junto con la lucha por la existencia individual, engendrada por la actual anarquía de la producción, los choques y los excesos resultantes de esto, no habrá ya nada que reprimir ni hará falta, por tanto, esa fuerza especial de represión que es el Estado. El primer acto en que el Estado se manifiesta efectivamente como representante de toda la sociedad: la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad, es a la par su último acto independiente como Estado. La intervención de la autoridad del Estado en las relaciones sociales se hará superflua en un campo tras otro de la vida social y cesará por sí misma. El gobierno sobre las personas es sustituido por la administración de las cosas y por la dirección de los procesos de producción. El Estado no es «abolido»; se extingue.”
En pocas palabras, el régimen estatal que prefigura el socialismo al que apunta Engels, es la administración de las cosas y la dirección de los procesos de producción, no el “gobierno sobre las personas” (Saint-Simon dixit).
Obviamente, esto no ha ocurrido en ninguna de las experiencias del “Socialismo Real”, y lo que ha caracterizado precisamente el socialismo burocrático es la tendencia inversa: La intervención de la autoridad del Estado en las relaciones sociales se hace cada vez más imprescindible en un campo tras otro de la vida social, continúa y se refuerza por sí misma. El gobierno sobre las personas es mantenido y ampliado, así como el gobierno sobre la administración de las cosas y por la dirección de los procesos de producción está en manos de la nomenclatura.
En Marx y Engels, la República Democrática no puede confundirse con un Estado que sea “un despotismo militar de armazón burocrático y blindaje policíaco, guarnecido de formas parlamentarias, revuelto con ingredientes feudales, e influenciado por la burguesía” (Así se refería Marx al Estado Prusiano-Alemán).
Los infatuados seguidores del “marxismo soviético” y sus derivaciones doctrinarias en América Latina y el Caribe, aun persisten en la confusión: “Dictadura del proletariado equivale a Dictadura sobre el proletariado”. ¡Nada más ajeno a Marx y Engels!
Plantea Engels: “Esta labor de destrucción del viejo Poder estatal y de su reemplazo por otro nuevo y verdaderamente democrático es descrita con todo detalle en el capítulo tercero de La Guerra Civil. Sin embargo, era necesario detenerse a examinar aquí brevemente algunos de los rasgos de este reemplazo por ser precisamente en Alemania donde la fe supersticiosa en el Estado se ha trasladado del campo filosófico a la conciencia general de la burguesía e incluso a la de muchos obreros. Según la concepción filosófica, el Estado es la "realización de la idea", o esa, traducido al lenguaje filosófico, el reino de Dios en la tierra, el campo en que se hacen o deben hacerse realidad la verdad y la justicia eternas. De aquí nace una veneración supersticiosa hacia el Estado y hacia todo lo que con él se relaciona, veneración que va arraigando más fácilmente en la medida en que la gente se acostumbra desde la infancia a pensar que los asuntos e intereses comunes a toda la sociedad no pueden ser mirados de manera distinta a como han sido mirados hasta aquí, es decir, a través del Estado y de sus bien retribuidos funcionarios. Y la gente cree haber dado un paso enormemente audaz con librarse de la fe en la monarquía hereditaria y jurar por la República democrática. En realidad, el Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en la República democrática que bajo la monarquía; y en el mejor de los casos, un mal que el proletariado hereda luego que triunfa en su lucha por la dominación de clase. El proletariado victorioso, tal como hizo la Comuna, no podrá por menos de amputar inmediatamente los peores lados de este mal, hasta que una generación futura, educada en condiciones sociales nuevas y libres, pueda deshacerse de todo ese trasto viejo del Estado.” (Introducción de Engels a la Guerra civil en Francia de Carlos Marx-1891). Contenido completo