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lunes, 7 de junio de 2010

DEMOCRACIA O SOCIALISMO BUROCRATICO-III: QUIENES OLVIDAN A MARX Y ENGELS...VUELVEN A TROPEZAR CON LA MISMA PIEDRA


Javier Biardeau R.

“El socialismo y la organización socialista deben ser construidas por el propio proletariado, pues si no es así, no habrá ninguna edificación; surgirá otra cosa: el capitalismo de Estado”. Ossinskij

Hemos planteado que entre democracia socialista y socialismo burocrático hay una separación radical de caminos, de métodos y horizontes. Hablar de “socialismo burocrático” es ya una concesión problemática. Habría que colocar el acento en las imposturas socialistas: el colectivismo burocrático, el estatismo autoritario, el despotismo o totalitarismo de izquierda, el “socialismo realmente inexistente”. Pero la experiencia de los “socialismos y comunismos de estado”, del “comunismo grosero”, como lo llamó Marx en sus Manuscritos de Paris, es parte de los extravíos de la izquierda.
Es imprescindible recuperar ciertas orientaciones. Retornar a la brújula-Marx-Engels a pesar de su insuficiencia, pues llama la atención la profunda precariedad teórico-ideológica de quiénes hablan a los cuatro vientos de “Estado Socialista”, de “Estado Revolucionario”, de “Estado Comunal”, sin pasearse por la crítica radical a la “forma-Estado” en el pensamiento crítico de Marx y Engels.
¿Por qué no se lee a Marx o a Engels sin el filtro del sufijo? ¿Dijo usted sufijo? Si, sin el filtro del -ismo, de las codificaciones de los marxismo(s), hechos vulgarizaciones, manuales de aparato-partido o clichés de la razón del aparato-Estado.
En el caso venezolano, inquieta el silencio sobre la obra abierta y crítica de algunos personajes que leyeron a Marx sin el dominio o la hegemonía ideológica del sufijo; por ejemplo, Juan David García Bacca en dos textos emblemáticos: “Humanismo teórico, práctico y positivo según Marx”; y “Presente, pasado y porvenir de Marx y del marxismo”.
Se trata de textos que problematizan, que debaten polémicamente, no de farragosos manuales que repiten las letanías y farsas teóricas que se han instituido en nombre del “materialismo dialéctico” y del “materialismo histórico”.
Podríamos abundar en otros ejemplos. Abordar la obra crítica de Ludovico Silva (que sigue siendo sistemáticamente descartada como referencia, en su teoría de la alienación como sistema), o quizás una de las mayores demoliciones de las entelequias del marxismo burocrático: los textos poco leídos y menos asimilados de “epistemología dialéctica, humanismo militante y teoría dialéctica de la totalidad social” de Rigoberto Lanz (Dialéctica del Conocimiento, el Marxismo no es una Ciencia, Marxismo y Sociología, Razón y Dominación), o la recepción de Lukaks y Lucien Goldmann de Miguel Ron Pedrique. O quizás, el trabajo realizado desde grupos de “Filosofía de la Praxis” en diferentes universidades venezolanas (por ejemplo, en la UCV). Así mismo, la obra teórica madura de J.R. Nuñes Tenorio donde se aborda una lectura directa de Marx. Esto sin hablar de múltiples trabajadores y trabajadoras intelectuales, quienes han elaborado “ciencia social-histórica crítica” en todo el siglo XX venezolano (Salvador de la Plaza y toda la cohorte de marxistas críticos del país), lecturas sobre Marx y desde Marx sin el tamiz de las estructuras y aparatos burocráticos de domesticación del pensamiento. Para comprender la realidad, para transformar la realidad.
¿Que significan estas lecturas en contraste con tanta citación al “marxismo”? No sacrificar el talante crítico y revolucionario de la obra abierta de Marx en nombre de una subordinación castradora a los dictat del “comunismo de aparato”, ó a la línea política coyuntural de los "partidos revolucionarios", de espaldas completamente al espíritu revolucionario en Marx, obsesionados más con las definiciones ideológicas en función de adhesiones automáticas, o para el adoctrinamiento de cuadros en el campo de poder, con la consabida recepción acrítica del legado teórico de la revolución rusa, la revolución china, la revolución cubana y tantas otras “revoluciones parciales”.
Allí reside el principal obstáculo de pensar un nuevo tipo de revolución para el siglo XXI, en desembarazarse del archivo histórico de enunciados, que parten de un efecto de desconocimiento de la obra abierta y radicalmente crítica de Marx, y dicen hablar en su nombre.
A pesar de este pequeño detalle, siguen hablando en nombre de un “marxismo religioso o imaginario”, un marxismo que tiene nada o poco que ver con el pensamiento de Marx sin sufijo, con el espíritu crítico de Marx de carne y hueso, del humano-demasiado humano Marx.
En fin, sin desprenderse de todo el legado del marxismo burocrático, del marxismo-leninismo, ¿cómo desprenderse del estalinismo? ¿Cómo hacerlo, si Bujarin, por ejemplo, y sobre todo Stalin jugaron el papel de agentes codificadores del marxismo-leninismo ortodoxo? Sin desprenderse del Leninismo o el Trotskismo ortodoxo, ¿Cómo valorar los contrastes entre Marx y Lenin, entre Marx y Trotsky, entre Lenin y Trotsky? Sin desprenderse de las lecturas que ignoraron olímpicamente la crítica de Marx a la filosofía del derecho de Hegel, sin asimilar los Manuscritos de Paris, la Ideología Alemana, la Miseria de la Filosofía, o el carácter trunco tanto de los Grundrisse como, ¡Oh sorpresa!, del mismísimo Das Kapital, ¿cómo declararse pomposamente “marxista”?
¿Como releer con menos prejuicios a Luxemburgo, Kautsky, Gramsci, Jaurés, Lukacs, Korsch, Labriola, Adler, Bujarin, Pannekoek, Gorter, Kollontai, Trotsky, Sartre, Castoriadis, Adorno, Marcuse, Horkheimer, Habermas, Lefevbre, Rubel, Bottomore, Agnes Heller, Sánchez Vásquez, Meszaros y tantos otros? ¿Como leerlos sin el filtraje estalinista?
¿Cómo releer a Mariategui, Bagú, Caio Prado, Mella, Luis Vitale, Florestán Fernández, Quijano, Flores Galindo, Cornejo Polar, Dos Santos, Marini, Bambirra, Cueva, Torres-Rivas, Ianni, Weffort, Stavenhagen, González Casanova, Martínez Heredia, Zavaleta o Fals Borda sin reproducir el complejo del colonizado?
Leerlos es navegar entrelineas por diversos enfoques o perspectivas inspiradas en Marx, sin abandonar un ápice el pensamiento crítico marxiano. ¿Cómo no leer la polémica que atraviesa a tantos otros y otras voces en la actualidad: como Borón, Samir Amin, Wallerstein, Arrighi, Katz, Kohan, Holloway, Lebowitz, Harnecker, Dieterich, Dussel, Laclau o Negri?
¿Cómo reducir tantas líneas contrastantes en un esquema doctrinario que diga: “materialismo dialéctico-materialismo histórico”, “marxismo-leninismo”, que diga “Stalin, Mao, Fidel o Guevara”, o que patéticamente vuelva a dibujar la bandera de las espadas heroicamente entrelazadas: “Marx-Engels-Lenin-Stalin-Mao”?
Hay marxismo(s) de marxismo(s)… hay neo-marxismos, anti-marxismos, ex marxismos y post-marxismos. Y a pesar de todos sus contrastes y antagonismos, todos pueden acordar que algo más allá de Marx, pero que no se puede ignorar simplemente al espíritu crítico Marx.
Sólo bastaría pasearse por las principales corrientes del marxismo en el siglo XX, analizar críticamente los regímenes político-económicos que hablaron en su nombre como “ideología de Estado”, para poner las barbas en remojo.
avier Biardeau R.
“El socialismo y la organización socialista deben ser construidas por el propio proletariado, pues si no es así, no habrá ninguna edificación; surgirá otra cosa: el capitalismo de Estado”. Ossinskij
Hemos planteado que entre democracia socialista y socialismo burocrático hay una separación radical de caminos, de métodos y horizontes. Hablar de “socialismo burocrático” es ya una concesión problemática. Habría que colocar el acento en las imposturas socialistas: el colectivismo burocrático, el estatismo autoritario, el despotismo o totalitarismo de izquierda, el “socialismo realmente inexistente”. Pero la experiencia de los “socialismos y comunismos de estado”, del “comunismo grosero”, como lo llamó Marx en sus Manuscritos de Paris, es parte de los extravíos de la izquierda.
Es imprescindible recuperar ciertas orientaciones. Retornar a la brújula-Marx-Engels a pesar de su insuficiencia, pues llama la atención la profunda precariedad teórico-ideológica de quiénes hablan a los cuatro vientos de “Estado Socialista”, de “Estado Revolucionario”, de “Estado Comunal”, sin pasearse por la crítica radical a la “forma-Estado” en el pensamiento crítico de Marx y Engels.
¿Por qué no se lee a Marx o a Engels sin el filtro del sufijo? ¿Dijo usted sufijo? Si, sin el filtro del -ismo, de las codificaciones de los marxismo(s), hechos vulgarizaciones, manuales de aparato-partido o clichés de la razón del aparato-Estado.
En el caso venezolano, inquieta el silencio sobre la obra abierta y crítica de algunos personajes que leyeron a Marx sin el dominio o la hegemonía ideológica del sufijo; por ejemplo, Juan David García Bacca en dos textos emblemáticos: “Humanismo teórico, práctico y positivo según Marx”; y “Presente, pasado y porvenir de Marx y del marxismo”.
Se trata de textos que problematizan, que debaten polémicamente, no de farragosos manuales que repiten las letanías y farsas teóricas que se han instituido en nombre del “materialismo dialéctico” y del “materialismo histórico”.
Podríamos abundar en otros ejemplos. Abordar la obra crítica de Ludovico Silva (que sigue siendo sistemáticamente descartada como referencia, en su teoría de la alienación como sistema), o quizás una de las mayores demoliciones de las entelequias del marxismo burocrático: los textos poco leídos y menos asimilados de “epistemología dialéctica, humanismo militante y teoría dialéctica de la totalidad social” de Rigoberto Lanz (Dialéctica del Conocimiento, el Marxismo no es una Ciencia, Marxismo y Sociología, Razón y Dominación), o la recepción de Lukaks y Lucien Goldmann de Miguel Ron Pedrique. O quizás, el trabajo realizado desde grupos de “Filosofía de la Praxis” en diferentes universidades venezolanas (por ejemplo, en la UCV). Así mismo, la obra teórica madura de J.R. Nuñes Tenorio donde se aborda una lectura directa de Marx. Esto sin hablar de múltiples trabajadores y trabajadoras intelectuales, quienes han elaborado “ciencia social-histórica crítica” en todo el siglo XX venezolano (Salvador de la Plaza y toda la cohorte de marxistas críticos del país), lecturas sobre Marx y desde Marx sin el tamiz de las estructuras y aparatos burocráticos de domesticación del pensamiento. Para comprender la realidad, para transformar la realidad.
¿Que significan estas lecturas en contraste con tanta citación al “marxismo”? No sacrificar el talante crítico y revolucionario de la obra abierta de Marx en nombre de una subordinación castradora a los dictat del “comunismo de aparato”, ó a la línea política coyuntural de los "partidos revolucionarios", de espaldas completamente al espíritu revolucionario en Marx, obsesionados más con las definiciones ideológicas en función de adhesiones automáticas, o para el adoctrinamiento de cuadros en el campo de poder, con la consabida recepción acrítica del legado teórico de la revolución rusa, la revolución china, la revolución cubana y tantas otras “revoluciones parciales”.
Allí reside el principal obstáculo de pensar un nuevo tipo de revolución para el siglo XXI, en desembarazarse del archivo histórico de enunciados, que parten de un efecto de desconocimiento de la obra abierta y radicalmente crítica de Marx, y dicen hablar en su nombre.
A pesar de este pequeño detalle, siguen hablando en nombre de un “marxismo religioso o imaginario”, un marxismo que tiene nada o poco que ver con el pensamiento de Marx sin sufijo, con el espíritu crítico de Marx de carne y hueso, del humano-demasiado humano Marx.
En fin, sin desprenderse de todo el legado del marxismo burocrático, del marxismo-leninismo, ¿cómo desprenderse del estalinismo? ¿Cómo hacerlo, si Bujarin, por ejemplo, y sobre todo Stalin jugaron el papel de agentes codificadores del marxismo-leninismo ortodoxo? Sin desprenderse del Leninismo o el Trotskismo ortodoxo, ¿Cómo valorar los contrastes entre Marx y Lenin, entre Marx y Trotsky, entre Lenin y Trotsky? Sin desprenderse de las lecturas que ignoraron olímpicamente la crítica de Marx a la filosofía del derecho de Hegel, sin asimilar los Manuscritos de Paris, la Ideología Alemana, la Miseria de la Filosofía, o el carácter trunco tanto de los Grundrisse como, ¡Oh sorpresa!, del mismísimo Das Kapital, ¿cómo declararse pomposamente “marxista”?
¿Como releer con menos prejuicios a Luxemburgo, Kautsky, Gramsci, Jaurés, Lukacs, Korsch, Labriola, Adler, Bujarin, Pannekoek, Gorter, Kollontai, Trotsky, Sartre, Castoriadis, Adorno, Marcuse, Horkheimer, Habermas, Lefevbre, Rubel, Bottomore, Agnes Heller, Sánchez Vásquez, Meszaros y tantos otros? ¿Como leerlos sin el filtraje estalinista?
¿Cómo releer a Mariategui, Bagú, Caio Prado, Mella, Luis Vitale, Florestán Fernández, Quijano, Flores Galindo, Cornejo Polar, Dos Santos, Marini, Bambirra, Cueva, Torres-Rivas, Ianni, Weffort, Stavenhagen, González Casanova, Martínez Heredia, Zavaleta o Fals Borda sin reproducir el complejo del colonizado?
Leerlos es navegar entrelineas por diversos enfoques o perspectivas inspiradas en Marx, sin abandonar un ápice el pensamiento crítico marxiano. ¿Cómo no leer la polémica que atraviesa a tantos otros y otras voces en la actualidad: como Borón, Samir Amin, Wallerstein, Arrighi, Katz, Kohan, Holloway, Lebowitz, Harnecker, Dieterich, Dussel, Laclau o Negri?
¿Cómo reducir tantas líneas contrastantes en un esquema doctrinario que diga: “materialismo dialéctico-materialismo histórico”, “marxismo-leninismo”, que diga “Stalin, Mao, Fidel o Guevara”, o que patéticamente vuelva a dibujar la bandera de las espadas heroicamente entrelazadas: “Marx-Engels-Lenin-Stalin-Mao”?
Hay marxismo(s) de marxismo(s)… hay neo-marxismos, anti-marxismos, ex marxismos y post-marxismos. Y a pesar de todos sus contrastes y antagonismos, todos pueden acordar que algo más allá de Marx, pero que no se puede ignorar simplemente al espíritu crítico Marx.
Sólo bastaría pasearse por las principales corrientes del marxismo en el siglo XX, analizar críticamente los regímenes político-económicos que hablaron en su nombre como “ideología de Estado”, para poner las barbas en remojo.
Un retorno al espíritu crítico-Marx será un antídoto necesario para contrastar tantos disparates, para asumir que la formación de la “conciencia revolucionaria” no tiene nada que ver con el adoctrinamiento, con ningún automatismos psíquicos, o con la propaganda de masas.
Por ejemplo, ¿quién duda que en Marx hay no solo una crítica de la economía política burguesa, sino una crítica de radical a la “veneración supersticiosa del Estado” (de cualquiera, por cierto)?. Que cuando se habla de estructura de mando y explotación en el Capital y en los Grundrisse, se abordan simultáneamente las relaciones de dominación-explotación, y su posible superación en los procesos de transición post-capitalistas.
Se escucha con estupor tanta vociferación escéptica sobre la “extinción del Estado” en Marx, como sí fuese una idea simplemente utópica en el peor de los sentidos, lanzada para un largo plazo indefinido, lo que supone que hay que tragarse toda los contrasentidos sobre el llamado “Estado Socialista” del siglo XX. ¡Pamplinadas!
Es Marx, quien no separa la construcción de un modo de producción asociativo de la democracia absoluta. Es Marx quién concibe un Estado democrático radicalizado transitando hacia una forma-Comuna. Separar la economía social de la democracia radical, es no entender nada de la significación explosiva de la frase:
“Hasta ahora, todos los movimientos sociales habían sido movimientos desatados por una minoría o en interés de una minoría. El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa. El proletariado, la capa más baja y oprimida de la sociedad actual, no puede levantarse, incorporarse, sin hacer saltar, hecho añicos desde los cimientos hasta el remate, todo ese edificio que forma la sociedad oficial.” (Manifiesto del Partido Comunista-1848)
Se trata no sólo de una revolución anticapitalista en el terreno de los modos de producir, distribuir y consumir propios de la vida material, sino de una revolución democrática de vasto alcance que no se detiene en las fronteras instituidas de la democracia capitalista y sus instituciones representativas, sino que despliega el horizonte de la democracia sustantiva o absoluta.