hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

jueves, 6 de mayo de 2010

Representantes

J.R.Duque

La Asamblea Nacional está en crisis como instancia del poder público, como espacio político y como institución. Puede que esa declaración suene a dictamen de café o botiquín, pero hay tan visibles signos de su descomposición (o, si quisiéramos ser benévolos, de su inutilidad) que ya eso de seguir comentándolo para, acto seguido, bostezar y saltar a otro tema, se está pareciendo mucho a la irresponsabilidad.
La Asamblea está en crisis porque el pueblo no cree en su pertinencia, no lo convence, no lo estimula, no le sirve para nada; está en proceso progresivo de degeneración porque los constructos que le dieron vida y pertinencia también están en proceso de debacle, en la bajada del tobogán que los llevará a su liquidación: el capitalismo y el Estado burgués. En la Venezuela del tiempo chavista-bolivariano muchos se acostumbraron a llamar “Revolución” a todo cuanto hace ese Estado en decadencia (al cual, por cierto, no hemos podido desmembrar, como corresponde a una sociedad en Revolución); esa es la razón por la cual el chavismo oficial celebró con tanto ardor la realización y resultados de las primarias para seleccionar a los candidatos del partido de Gobierno.
¿Candidatos a hacer qué, y como pa qué?


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El Psuv tiene buenos motivos y razones para hacer lo que sea para conservar los espacios de poder necesarios para que el proyecto chavista fluya y se consolide. El enemigo (la derecha) no debería volver a controlar la Asamblea ni ningún otro espacio que le sirva para hacernos viajar atrás, hacia una sociedad entregada a las hegemonías imperiales. Eso es una cosa perfectamente entendible. Lo que no está bien, porque nos contradice y niega como pueblo, es que que se esté creando y fortaleciendo la sensación, o la falsa expectativa, de que controlar la Asamblea Nacional es un acto revolucionario y que en ese espacio deben estar los mejores talentos del país. Esto funcionaba así cuando la misión de quienes controlaban el Estado burgués era fortalecerlo, pero no ahora, cuando la tarea es más bien liquidarlo. La Asamblea es un espacio de representatividad (unos señores que hablan, cobran, levantan la mano y cobran comisiones en nombre de la gente que los eligió) y se supone que nuestra sociedad avanza hacia un tiempo de participación protagónica del pueblo. ¿Para qué entonces seguir eligiendo representantes o voceros en una institución cuyo concepto estamos demoliendo a mandarria, o al menos intentándolo?
Así vamos: está bien que el chavismo controle la Asamblea pero solamente para que el antichavismo no se apodere de ese espacio. Sólo por eso. Pero creer que desde esa institución en estado de putrefacción se puede hacer algo por la Revolución, es un error.

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Las elecciones parlamentarias del 26 de septiembre se llevarán a cabo con varios estigmas a cuestas. Estigmas reveladores de la profunda crisis de esa instancia ciudadana (que, repetimos y volveremos a repetirlo, era pertinente, necesaria e importante para la construcción del Estado burgués, pero absolutamente inútil para el avance del proyecto venezolano, fundación de un proceso que ha de llevarnos a una Revolución), y cuyo enunciado más fácil puede resumirse así: el 26 de septiembre tanto el chavismo como el antichavismo votarán por gente que detesta o que no la representa. Uno se asoma a los espacios de discusión de la oposición y se encuentra con centenares de expresiones de rechazo a la gente por la cual irá a votar. Pero por ellos ha de ir a votar. La consigna del momento (o quizá la consigna histórica en estos diez o doce años) en el antichavismo dice: es mejor votar por cualquier mierda siempre que me ayude a salir de Chávez. ¿Y los chavistas? Pues más o menos lo mismo pero desde la otra acera: detesto al sujeto equis pero si Chávez me manda a votar por él, pues ni modo. Y ese "ni modo" significa, en muchos casos, recoger la cantidad de tierra que algunos precandidatos derrotados echaron sobre los ahora ganadores: llamé corrupto y antirrevolucionario al sujeto Tal, y ahora debo llamar a votar por él. A este paso y con estos antecedentes, la Asamblea que resultará de las elecciones de septiembre será la más impopular, la más odiada de la historia de Venezuela. Lo cual no es preocupante sino absolutamente esperable y lógico: esa Asamblea está en crisis.
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No he tenido tiempo de investigar caso por caso a los electos en las primarias del PSUV, pero hay unos datos aterradores. En Yaracuy el candidato será un señor (hermano del gobernador hoy chavista, y antes gobernador de Acción Democrática) cuyo expediente incluye los mismos argumentos y despropósitos que hoy mantienen en la cárcel al hermano de Jesse Chacón: un nuevo rico con afición por la compra y manutención de caballos de carreras, a quien le resultaría muy difícil o imposible demostrar que el centavero que ostenta se lo ganó legalmente. En Guárico resultó electo un Cordero que participó en la masacre de Cantaura, del lado de quienes bombardeaban y despedazaban a la gente nuestra. Y en el circuito de Caracas donde votó la gente del 23 de Enero, ganó Robert Serra.
Este último es el caso menos dramático o repungnnate, pero tenemos la tarea o necesidad urgente de preguntarnos cómo, por qué, mediante qué mecanismo involutivo, nuestra gente sigue votando por gente sólo porque la ve activa en la televisión o en los medios. En lo personal, yo me contento de que el camarada Juan Contreras no haya sido electo (aunque sí sería suplente porque llegó de segundo), porque al ganarlo como diputado lo perderíamos como activista popular, pero uno compara la trayectoria de Juan con la del joven Serra y la conclusión a la que llega es desgarradora: a nuestra gente como que le sabe a mierda lo que un líder haya hecho por la comunidad, lo que importa es que salga por televisión.
¿Nos quedamos con esa interpretación o es que acaso hay otra disponible? Esto es lo que hay: Juan ha construido un tejido de activadores y muchachos poolíticamente activos o en proceso de formación; Serra lo único que ha hecho en la vida es comportarse como Ricardo Sánchez pero a favor de Chávez.

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¿Conviene decir y discutir estas cosas abiertamente o hay que guardárselas o amoldarse a las tendencias de moda, sólo por temor a que el enemigo use estos argumentos?
Respondan ustedes. Yo reflexionaré al respecto. Ya lo he hecho bastante, pero lo haré de nuevo.