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hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

domingo, 11 de abril de 2010

Las mujeres que no le piden permiso a la vida

Ana H. Borbolla desde Nablus (Palestina)

Los acontecimientos ocurridos a principios de marzo en Cisjordania con motivo de la inauguración de una sinagoga en la ciudad vieja de Jerusalen, desataron por unos días protestas encendidas entre los palestinos y el ejército israelí en varias zonas de los territorios ocupados.

En la ciudad de Nablus y en algunos puntos de sus alrededores se produjeron también serios altercados cuando soldados israelíes irrumpieron en las calles disparando con balas de caucho a los chicos que lanzaban piedras en protesta por los detenidos en la capital. El resultado, hasta la fecha, cuatro muertos, dos en la ciudad de Irak Boreen, al sur de Nablus y dos en el puesto de control de Awarta, al sureste. Ésta no es la primera vez. Ni será la última. No es extraño ver a los soldados en las calles de esta ciudad de más de cien mil habitantes. Rodeados de asentamientos ilegales, la población palestina se enfrenta cada día a los temidos puestos de control, a los registros, a la humillación y a la arrogancia superlativa de los colonos y del brazo armado que los protege, el ejército israelí.

Khirbit Tana es uno de los pueblos que viene sufriendo, desde enero del presente año con más virulencia si cabe, constantes amenazas contra sus habitantes, propietarios de las tierras que el gobierno de Israel se niega a reconocer. Muchos de estos campesinos provienen del pueblo de Beit Forik. A mediados del mes de marzo, algunas de las mujeres de esta localidad, conocida por su resistencia activa a la ocupación, se sumaron a la marcha de las mujeres en el checkpoint de Qalandya, cerca de la ciudad de Ramallah, en un acto de protesta y visibilización de la lucha de la mujer frente a lo que consideran una invasión lenta y organizada. Hubo agresiones, detenciones pero también muchas ganas de contar, de expresarse, de reivindicar su día, a pesar de los efectos perversos de la ocupación.

La voz de la tierra palestina
Las mujeres de Beit Forik no acudieron en masa. Muchas se quedaron con sus hijos, con sus tareas, con sus compromisos familiares o políticos, en una cotidianeidad, a veces, difícil de entender. Otras, las demás, se acercaron para gritarle al ocupante que resisten, que son la voz de la tierra palestina, y que son y creen en un futuro. Con una dignidad asombrosa, cuentan, entre risas, las anécdotas de un día cargado de tensión. Y es que a estas mujeres de esta zona de Nablus parece que no se les pone nada por delante. Hamda Hanany reconocía en una entrevista para Diagonal, que ha perdido todo el miedo posible, que le apenan sus hijos y teme por ellos pero que no pierde la esperanza de ver un día los olivos crecer a lo largo y ancho de Palestina, “sin los colonos ni el ejército amenazador”. Esta mujer, delgada, con la sonrisa y la palabra siempre dispuesta frente a las preguntas constantes de quién necesita saber un poco más, se pone seria cuando dice “muchas mujeres nos reunimos después de la demolición de las casas en Tana…ya sabes –interpela- un pueblo donde destruyeron las casas y las tiendas de campaña donde se alojaron los dueños de las tierras de cultivo que se quieren apropiar”. Y añade, “No, no…no vamos a permitir más destrucción”. Esta mujer, luchadora de base, se siente cercana a lo que ella define como los problemas de las mujeres que viven bajo la ocupación, y afirma, como para ella misma, “tengo claro que yo lucharé hasta morir”. Después recoge a sus hijos y con un apretón sincero, se aleja con un poco de prisa hacia la mezquita.

No es un caso aislado, hay muchas mujeres Hamda a lo largo y ancho de este país dolorido. Unas han optado por la acción directa, otras por la propia lucha interior. “Hay que quererse por dentro y por fuera” insiste Nayat, otra mujer del pueblo de Beit Forik, que viene con el pan recién hecho y se acerca para comentar, junto con las demás, la foto de su vecina en pleno forcejeo con soldados israelíes. “Esto es muy digno” dicen, “ésta es nuestra forma de lucha, ya tenemos muchos años de experiencia” advierten hablando a la vez, atropellándose en las palabras, y con el guiño y la complicidad tan manifiesta, tan necesaria.