hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

jueves, 29 de abril de 2010

El poder: ejercicio práctico

J.R.Duque

Hace unas pocas semanas tuvo lugar una reunión algo extraña y uno supone que inusual en estos tiempos: tres ministros del Gobierno y altos gerentes de las empresas de la familia Mendoza. El testimonio es directo y de alguien que estuvo ahí, no es un rumor ni un chisme abstracto: es un chisme verídico. El objeto de la conversa era que se aclararan las causas y el alcance de la reciente escasez de harina en el país. Ustedes la recuerdan: fue cuando Chávez decretó que no se trabajaba la semana santa completa, de modo que la paralización del proceso de distribución durante tres días más de lo previsto hizo desaparecer la harina de los abastos, supermercados y otros expendios. Los empresarios explicaron el mecanismo que había originado la perturbación. Los ministros quedaron convencidos y les preguntaron en cuánto tiempo habría de quedar solventado el rollo. “Mañana mismo”, dijo uno de los supergerentes. Entonces se produjo el instante sublime o maldito en que operó el misterioso influjo de la superioridad clasista (alguna vez fue racista también), ancestralmente impuesta, de un grupo humano sobre otro. Déjenme coger impulso, que cada vez que me acuerdo de esta mierda me entra como un enfogonamiento. Ahí voy.

Uno de los ministros (no me dijeron cuál) se dirigió al capo mayor de las empresas Polar, un marico mafioso de apellido Anzola, en estos términos: “Caramba, caballero, y ya que está aclarado el punto queríamos solicitarle algo. Quisiéramos que sean ustedes quienes anuncien a través de los medios que no hay escasez de harina en el país. Afuera está la prensa esperando”. El Anzola levantó la barbilla, ensayó media mueca o sonrisa, y dijo, con el aire prusiano del que estuvo esperando durante mucho tiempo este momento:
--No, yo no puedo hacer eso.
--¿Y esa vaina? –brincó otro ministro--. ¿No quedamos en que está explicado y solventado el problema de la escasez?
--Sí, mañana estará resuelto el problema. Pero hoy no. Yo no voy a decir que no hay escasez, porque mañana no habrá, pero hoy sí.
Yo no sé si será falta de ubicación en el tiempo histórico de mi parte; no sé si será que uno puede imaginarse lo que sea desde afuera de esos escenarios pero desde adentro es distinto, pero voy a decirlo tal cual me hierve en las venas: en una Revolución de verdad al gerentico de mierda se le hubiese echado una pela en la plaza más concurrida de la ciudad, con una verga e toro, echándole sal y vinagre en la carne viva, y en transmisión a todo el país en cadena nacional.
Y a esos tres ministros, dejarles rezar un padrenuestro o cualquier poema de esos que rezan los católicos y después fusilarlos. ¿Qué se revolvería con eso? Seguramente nada. Pero tanta vanidad y prepotencia (de un lado) y tanta docilidad y sumisión (del otro) deberían ser castigadas. No es justo que esos cuatro hijos de puta hayan dormido tranquilos esa noche.
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La forma en que se ejerce el poder es un asunto de clases. Clases de esas que se imparten en los planteles y de esas otras en las que uno nace y crece. La expresión: “Se te salió la clase” se refiere al instante sublime o maldito (también) en el cual uno trató de parecer un sujeto correcto, educado, respetuoso, ordenado, y de pronto ya no aguantó más y mandó al otro a lavarse el paltó y después el hueco del culo. Pudiera darse el fenómeno a la inversa: el tipo que anda entre nosotros y se adapta a nuestros ritmos, faltas de respeto, desajustes y malamañas, y de pronto un día “se le salió” y terminó mostrando sus debilidades pequeñoburguesas. Pero esto último al final no cuadra del todo, porque desviaciones pequeñoburguesas las tenemos todos. Para eso fuimos educados, entrenados, adoctrinados, moldeados por un lento, largo, sostenido y tenebroso proceso de adecuación pragmática: los esclavos rara vez nos damos cuenta de que lo somos, pero sentimos el hondo impulso de comportarnos como dueños. De tener lo que tienen los dueños. De disfrutar como disfrutan los dueños: de ser propietarios cuando en realidad la sociedad está diseñada para que seamos unos malditos esclavos.
Una de las proezas del capitalismo y de la sociedad burguesa se dio mediante el uso inteligentísimo del poder y sus herramientas: hacer que los esclavos sintamos que tener privilegios es un derecho. Que usted puede alcanzar esos privilegios si traiciona a su clase, si empieza a acumular, a esclavizar y sacar provecho del trabajo de otros; a perder su identidad y su conciencia de clase. Usted le echa bolas (las bolas forman parte importante de la actitud que lo hará abandonar el estado de pobreza), se convierte en un pobre con plata (porque usted tiene plata pero por origen y estructura mental usted sigue siendo un pobre, usted no es como ellos, los que nacieron ricos) y aparece un día en plan nuevo rico, mudándose a una urbanización de desclasados (de clase media), ejerciendo un oficio de desclasado (usted ahora es un profesional) y mirando por encima del hombro a los pobres que no pudieron acumular plata: “Yo pude y este güevón no pudo: flojo de mierda, no aprovechó las oportunidades que le ofrece el capitalismo”.
Como si en el puto planeta hubiera recursos para que todos seamos millonarios…
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¿Hace falta decirlo o recordarlo? Sí, hace falta: los Mendoza, entre otras pequeñas demostraciones de su inmenso poder, pueden llenarse el hocico proclamando una hazaña secular: ellos decidieron qué cosa es una arepa y cómo comemos arepa los venezolanos. Antes que estos bichos acuñaran su estafa de la harina precocida de maíz (que ni siquiera es maíz sino un mezclote de sus residuos y bagazos), la gente pilaba o molía maíz de verdad y esa era su dieta. Hasta que "apareció" en el mercado la fulana harina Pan y todo el mundo a modificar sus hábitos: una familia necesitaba hacer millones, la burguesía necesitaba íconos y que viva la "libre" empresa amparada por el Estado burgués, y que mueran las arepas artesanales.
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El que tengamos a un aliado al frente del Poder Ejecutivo (la jefatura del Estado) no nos hace poderosos, pero tiene algunas ventajas. Por ejemplo, el poder experimentar a hacer una revolución o revoluciones en pequeño, sin que nos caigan los cuerpos de “inteligencia” y “seguridad” a volvernos mierda.
La otra ventaja: aunque todavía tienen el poder, los Mendoza y sus compinches y adulantes sienten algo de la incomodidad y la inquietud de no tenerlo. Y ver a un rico asustado no tiene precio.
O más bien sí lo tiene: como los carros de lujo, es una delicia pero sale caro.