hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

jueves, 4 de marzo de 2010

Nosotros somos los mismos, nosotros somos aquellos

De 1814 pasando por el 27 F y 4 F, al 13 de abril de 2002...

Se están cumpliendo 21 años de un hecho, que hasta la fecha sigue siendo clandestino para las mayorías, en un país de gente muy joven y donde todos los aparatos de alienación funcionan coordinadamente para hacernos un pueblo de memoria muy corta.

Usted no conseguirá nada de lo que ocurrió un 27 de febrero de 1989 en ningún libro de texto escolar, que se refiera al hecho como lo que fue: una rebelión popular. Escuchará siempre hablar de hordas enardecidas que salieron a saquear, vándalos y delincuentes. En otros casos podrá leer que fueron las masas desorganizadas que salieron a las calles a protestar contra el gobierno del recién elegido presidente. Nadie admite lo que realmente pasó, cada quien según su óptica cada quien según su interés.

Hace más de 500 años que nosotros como clase no existimos para la historia, de vez en cuando aparecemos como anécdotas, como los extras de la película, como los utilitis, como los nadie, sólo existen los que reúnen las características físicas del clase media o el riquito de siempre aceptadas que tienen un nivel económico mínimo aceptable, para pagar por su fotografía en los legendarios libros de la historia oficial.

Toda la historia que conocemos, está conformada por héroes blancos (salvo excepciones de gente que murió fusilada), muy lindos y valientes, tipos extremadamente educados, de buen hablar, de buen comer y de buen vestir, de modales excelsos, de familias decentes, que al morir siempre dicen frases celebres. Todo lo que no reúne estos requisitos, sencillamente no aparece, porque debemos recordar que la historia la escribe quien gana las guerras, yo diría más bien que la historia la escribe quien se adjudica la victoria, porque siempre las hemos ganado nosotros, sólo que otros se las apropian.

El 27 de febrero no existe para la historia oficial como lo que es, porque no se le puede adjudicar el liderazgo de lo ocurrido a ningún blanco aristocrático y lindo personaje (ni de la izquierda venezolana, y mucho menos de derecha) y no estaba ninguno porque ninguno se encontraba afectado por el sistema económico que nos estaba jodiendo a todos los que no salimos en la foto de familia. Se encontraban demasiado cómodos en este sistema que les rendía y les rinde permanentemente grandes dividendos, y por tanto sus intereses de clase de ninguna manera tenían conexión con los que ese día salieron a las calles y a la fecha no han regresado.

El 27 de febrero de 1989, fue el despertar nuevamente de un pueblo que había sido acallado a coñazo y plomo limpio, la cadena de hechos sin aparente coordinación que se desatan en Guarenas esa mañana, fueron el grito de basta ya de una clase oprimida, explotada, humillada hasta más no poder por un sistema que los robaba día tras día y que pretendía a través de medidas aún mas brutales quitarles más. Ese día no tiene héroes ni lideres individuales, porque es de las pocas veces que este pueblo a lo largo de su historia se identificó como clase y no se movilizó como gremio.

Hay datos interesantísimos de esos días, como por ejemplo, salvo uno que otro chino, portugués, árabe o bodeguero venezolano, que salieron a tirarle plomo a la gente para proteger su propiedad, no fue contra la gente que se atentó, se atentó contra la propiedad, no hay una sola casa del este de la ciudad de Caracas o del Norte de Valencia, quemada, no hubo empalamiento de ricos, o ajusticiamiento de jueces, de políticos, no se atentó de forma directa contra la gente se atacó la base del sistema, se le fue a su yugular, conciente o inconcientemente se atacó la propiedad masivamente. ¿Cómo era esto posible, cómo un pueblo explotado, inculto, pobre en varias escalas, podía no atentar contra los dueños, contra los explotadores? Sin embargo en menos de dos días gran parte de Caracas se encontraba en llamas y el botín de la batalla quedaba resguardado en los inexpugnables barrios y cerros a los cuales los dueños les temían y les siguen temiendo. Ese día hubo sancochos carne asada, se dio la parranda, otro dato que pretenden criminalizar cuando nos dicen que los venezolanos somos parranderos y flojos. Arriba en el barrio ardía la brasa donde se iba a tirar el pedazo de carne confiscado a los ricos y abajo ardían sus carnicerías y centros comerciales.

La afrenta no podía quedar así, esos malditos no podían ganarle una al sistema, esos hechos debían ser vengados y la sociedad civil por tanto exigió sangre para lavar sus pérdidas materiales.

La más brutal represión conocida se expandió por todo el país y como el himno burgués que tenemos, todo se hizo primero en Caracas ya después los demás seguirían el ejemplo. Para la historia oficial de esos días de lo que más se habla es de la represión, trampa mediática que sólo sirve para ocultar lo que ocurrió antes de su llegada. Para el sistema existen medidas excepcionales que deben ser aplicadas para sostenerse, han sido puestas en práctica y han funcionado, el infundir terror es una de esas medidas por cierto muy efectiva. Se pensó que el pueblo venezolano se agazaparía por bastantes años, pero de nuevo irreverente y subversivo la respuesta ahora se da dentro de las mismas fuerzas armadas, mientras existen pueblos que llevan 30 años escondidos después de las masacres, aquí no pasaron ni tres años, qué pueblo tan extraño somos.

Los intelectuales, políticos y académicos, de toda ralea han intentado darle algún tipo de explicación a eso que siente la gente por Chávez, dicen que porque asumió la responsabilidad y aquí nadie se hacía responsable por nada, porque dijo “por ahora”, porque era un tipo con las bolas puestas. Sin embargo hace algunos días cuando se conmemoraban los 18 años del 4 de febrero, viendo el mil veces visto video del por ahora algo me llamó profundamente la atención. El único negro en la imagen era él, el único cara de indio en la imagen era él, el único parecido a mi era él. Otra vez Boves, otra vez el 27 de febrero, otra vez nosotros.