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hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

domingo, 21 de marzo de 2010

Henri Falcón y la talanquera de Chávez

Simón Rodríguez Porras

La versión de Chávez es que el gobernador de Lara “saltó la talanquera” y desertó de las filas de “la revolución”, al no estar dispuesto a enfrentar a la burguesía, con la que entabló acuerdos desde los tiempos de su gestión como alcalde de Barquisimeto. Los voceros del PSUV se han encargado de repetir esta argumentación y la calificación de “traidor” hasta la saciedad. Nada nuevo, es el mismo trato que se brindó a Luis Tascón, a Walter Martínez, a los intelectuales del Centro Internacional Miranda, y en general a toda figura pública del chavismo que se haya atrevido a cuestionar el estado de cosas en el gobierno, o a evaluar críticamente el liderazgo del presidente Chávez.

Es cierto que Henri Falcón, al igual que todos los gobernadores y alcaldes del PSUV, tiene buenas relaciones con sectores de la burguesía, al fin y al cabo estamos frente a un gobierno que promueve una “alianza estratégica con la burguesía nacional”, según la frase acuñada por Chávez en junio de 2008. Resulta tétrico escuchar a Chávez vociferar que su revolución no pactará con la burguesía, en su arremetida contra Falcón, siendo que apenas días antes era el propio Presidente quien decía sin que le temblara el pulso que la petrolera imperialista Chevron era un “aliado” de su gobierno, y que esperaba que la transnacional mediara ante Obama, para entablar relaciones cordiales con el gobierno yanqui. La comedia siniestra del presidente Chávez empleando un lenguaje pseudo clasista para evadir el debate acerca de lo que realmente significa la renuncia de Falcón al PSUV, demuestra la extrema debilidad del gobierno. Es un gobierno que ni siquiera puede debatir abiertamente con un gobernador como Henri Falcón, y por eso prefiere aplastar la posibilidad del debate con una avalancha mediática de descalificaciones sin sentido.

Henri Falcón no es revolucionario, ni lo era cuando militaba en el PSUV o el MVR. El presidente y su partido apoyaron a Falcón para su elección como alcalde y luego como gobernador, a sabiendas de que, como el resto de los gobernadores y alcaldes del PSUV, Falcón no tenía ningún mérito revolucionario y que su gestión estaría destinada a lograr entendimientos con los empresarios y a llevar a cabo unas limitadas políticas sociales, ejecutar algunas obras, en fin, administrar su parcela del Estado burgués. En lo que sí se distinguió Falcón, al parecer, es en que su gestión fue más eficiente que la media de los gobiernos locales y regionales afectos a Chávez, y se ganó un índice de popularidad del que carece la mayoría de los alcaldes y gobernadores del PSUV.

No fue por diferencias políticas o doctrinarias de fondo que Falcón abandonó el PSUV, que por lo demás es un partido que admite como militantes a burgueses y alienta que se organicen en el Frente Social Empresarial; un partido de una laxitud ideológica tal que da para todo: socialdemócratas, demócrata cristianos, estalinistas, etc.

En una carta abierta a Chávez, Falcón planteó respetuosamente que la relación entre el Presidente y los demás funcionarios electos no puede ser aquella en la que sólo se dictan y se reciben órdenes, sin que medie ningún tipo de intercambio de ideas y criterios. La misma crítica la hizo extensiva al PSUV, partido en el que está ausente el debate y cualquier vestigio de democracia interna. Más allá de las enormes distancias políticas que nos separan del gobernador de Lara, tenemos que reconocer que lo que ha dicho es inobjetable, y que además refleja las inquietudes de muchos militantes honestos en las bases del chavismo.

Y eso es lo que desesperadamente intentó silenciar Chávez, con el cuento de la “traición” de Falcón. La única talanquera que brincó Henri Falcón fue la que colocó Chávez cuando dijo que no admitía nada por fuera de la “lealtad absoluta”. Falcón no podía abandonar la revolución porque nunca militó en ella, pero al parecer no estaba dispuesto a andar siempre a la sombra del único, máximo, e iluminado líder; y eso resultó imperdonable para la dirigencia del PSUV. Chávez tolera todo, a amigos de burgueses, como Falcón, a corruptos como Acosta Carlez, a protectores de mafias policiales, como Manuitt; todo mientras que se le guarde obediencia. Lo único que convirtió en "traidores" a estos personajes, y a otros tantos, fue que salieron del carril de la obediencia total. Esto demuestra la pobre fibra moral del gobierno.

Hay que desechar las ilusiones y levantar una opción política claramente definida desde el punto de vista de clase, que milite en las luchas populares, y que por lo tanto no esté alineada con el gobierno o con la oposición proimperialista. La lealtad absoluta debe ser hacia las luchas del pueblo por salario, por salud, educación y vivienda, pues la verdadera talanquera no es la que inventó Chávez, sino más bien la que divide a la sociedad entre explotadores y explotados. Chávez, Henri Falcón, y la derecha opositora, más allá de sus diferencias tácticas, todos se han colocado del lado de los explotadores, unos a nombre de las “alianzas estratégicas” y la conciliación de clases, otros a nombre de la libertad capitalista, en fin. Unos y otros ya tuvieron su oportunidad para fracasar. Ahora le toca al pueblo apostar a sus propias fuerzas y creerse capaz de realizar una revolución verdadera.