hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

lunes, 15 de marzo de 2010

GUATALLARIN POLÍTICO

MILTON CASTILLO MALDONADO

La comicidad y la culinaria populares bautizaron como Guatallarín un plato de aquellos que el pueblo llano come bajo la modalidad de “agachaditos” (a escondidas y jorobados) cuando, ya por exceso de fiesta o trabajo se trasnochó y el crepúsculo exige aplacar el hambre. Guatita que cubre al tallarín con refuerzo de un huevo duro, potaje que, aparentemente desde la sierra, llegó a competir contra la tradicional “Bandera” (nunca entendí bien porqué un símbolo patrio para un plato tan extravagante), plato éste oriundo de la costa consistente en dos ceviches, uno de concha y otro de camarón, separado uno del otro, más, abundante guatita que se entremezcla con una generosa porción de arroz y eventualmente un pedazo de aguacate. Ambos aplacan el hambre más voraz por un bajo precio.

En ambos casos, las consecuencias digestivas son de pronóstico reservado, pero cumplen un objetivo indiscutible: satisfacen el hambre sin importar si alimentan bien o no (a excepción del huevo duro que tiene mucha proteína).

Si pensáramos que el tallarín es lo jurídico, la guatita lo político, los ceviches la “vista gorda" y el huevo duro el Buen Vivir, diríamos que el Ejecutivo y el Legislativo son expertos chefs. Mezclados estos ingredientes, aparentemente aplacan el hambre de equidad, justicia y democracia que los ciudadanos jamás encontramos en la llamada partidocracia; al tallarín lo pueden mover por debajo dependiendo del gusto, por ejemplo, cuando los amigos están siendo investigados por sus actos de corrupción, éstos gozan de la presunción de inocencia y todo debe quedar a manos de la “justicia”; y, cuando los “amargados” y descalificados no afectos para el régimen hacen algo invocando la Ley y la Constitución entonces se lo mezcla con Guatita y todo es de otro sabor. A ese guatallarín nadie lo entiende.

En materia fiscalizadora, la guatita prevalece sobre el tallarín, a ella hay que moverla permanentemente antes de comerla para que su sabor predominante le haga sentir a los comensales (el pueblo) que el tallarín sólo es relleno para saciar el hambre y que lo sustantivo en sabor es lo político. La Asamblea recomienda nunca mezclar los ceviches con la guatita. Por ejemplo, a pesar de que supieron siempre quién era el Fiscal, invocaron un “concurso de méritos” para nombrarlo, ahora que dicen haberse equivocado, la vista gorda tiene que servirse sola por un lado y por otro, la política. ¿En dónde quedará lo nutritivo de investigar a profundidad Angostura, Invermun, el nuevo Aeropuerto de Quito, en definitiva, el huevo?. El huevo duro nos lo hicieron comer al inicio de la Constituyente y ya se les acabó. La indigestión democrática que estamos sintiendo nos está saliendo carísima y es, sin duda, de pronóstico reservado.