hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

miércoles, 10 de marzo de 2010

Crear comunidades de l@s diferentes luchas

El Zenzontle.org

La unidad de lo diverso es un concepto del pensamiento político y filosófico críticos, de lo que en la sociedad ocurre y en cada uno de sus grupos y segmentos, a partir de la lucha por encontrar formas de enfrentar los absolutismos y unir (aliar, coordinar, articular) a los que el Estado, la iglesia, el dictador, el patriarca, el partido único divide, aísla y aniquila o controla bajo la forma de compra-venta de intereses, el dominio de las conciencias y de corazones y el terror. Fue en los movimientos juveniles y sociales alrededor del 68 del siglo XX , donde se reconocieron en los debates públicos a diversos «sujetos» que se expresaban como movimientos sociales alternativos, con sello propio en cuanto a espacios temas o ejes de lucha y formas de organización y acción múltiples. Los movimientos sociales -como se empezó a llamar a luchas a veces muy antiguas que contradecían a la ideología dominante, a las normas sociales en uso y hasta al Estado (y no sólo el gobierno)- no se sentían representados en las propuestas de unidad (desde arriba, de una clase jerárquicamente concebida como «más» revolucionaria que las demás de por sí, o un partido, o un estado burgués reformado y maquillado como «Estado del bienestar» y/o «revolucionario»).

Sin embargo en esas revueltas y movimientos por el mundo, la expresión unitaria se daba en las acciones multitudinarias como insubordinados al orden social. Pero no tardaba mucho tiempo en que, resuelta o no la demanda común (más bien lo segundo), los frentes, coordinaciones y movimientos caían bajo la represión o bajo la inercia de dirigentes, masculinos, acaudillados o burocratizados y casi siembre dogmáticos y sectarios, quienes mantenían las banderas en alto, pero debilidades de convencimiento, acción y disponibilidad en declive. No obstante, la presencia directa, sin representaciones externas a esos «movimientos sociales, sobrevendría primero como una autodefensa contra la represión a esas luchas, con reflujos del movimiento macro social y guerras de contrainsurgencia contra los movimientos armados. Se empezó a vivir sin mayor teoría una búsqueda de autosolución o autosuficiencia frente a la mencionada incapacidad de movilización desde las propuestas dogmáticas y caudillistas. En paralelo, la fuerte ofensiva del capital frente a la organización de los trabajadores trajo la fragmentación de la fuerza de trabajo, la flexibilidad de las formas de su explotación y la debilidad de sus organizaciones sindicales o gremiales. Surgieron expresiones dentro y fuera del mundo del trabajo que buscaron respuesta en la parcelación de las luchas: por empleo, por reinstalación, por defensas de contratos colectivos, por basificación, por libertad sindical frente a las centrales corporativas, por la defensa de la seguridad social, por el no acoso y abuso laboral y sexual a las mujeres y un largo hilo de luchas en las que cada fragmento de la clase trabajadora expresaba además su condición de edad, sexo, escolaridad, tipo de contratación, cultura.

Aún en las luchas cargadas de rabia y negatividad, la resistencia persistió y muchas veces desequilibró, descontroló o rompió con formas de subordinación al capital y el poder político ideológico. No obstante ese poder, a través de su reestructuración, del papel de los medios y de los espacios de representación social, se dio a recuperar las diferencias para amoldarlas a sus controles: primero proclamó la ciudadanía liberal de una sociedad civil sin rostro definido, tratada como masa de votantes, luego fomentó programas focalizados en grupos «vulnerables» y finalmente atrajo mediante cooptación y control a organizaciones no gubernamentales, ONG, que al poco tiempo se hicieron dependientes, si no del gobierno, sí de los estados o de su fachada de organismos y redes de ayuda.

El pensamiento propio, los territorios o espacios de libertad, las formas de organizarse y actuar con autonomía, otros modos de convivir y solidarizarse expresaron sus ejes de acción en jornadas locales y globales, muchas de ellas esparcidas por las redes informáticas como revueltas desde abajo y en contra de lo establecido, aunque otras fueron absorbidas como expresiones cultural y económicamente adecuadas a la maquinaria del consumo capitalista. Las metáforas de los mosquitos o las hormigas que hostigan al monstruo de los Estados Nación y al poder transnacional de monopolios económicos, políticos, ideológicos o eclesiales, se hicieron comunes, a veces sin saber cuánto tiempo antes ya se utilizaban entre los pueblos originarios. Los esquemas de pensamiento dogmáticos de una izquierda que no entendía al mismo Marx o a Lenin, y la caída del bloque soviético de los países con socialismo realmente inexistente en la Europa del Este así como el fin de otra oleada de la insurgencia con los acuerdos de paz en centro América, abrieron una brecha entre el decir de la izquierda tradicional -e incluso la revolucionaria- y la acción en las calles, los centros de educación , los barriales, los comunitarios y dentro de las mismas familias. Feminismo, ecologismo, movimientos de las sexualidades, y el andar con sus propias piernas de pueblos y comunidades originarias, tomaron su lugar en territorios y espacios locsales y regionales, se empezaron a articular sin esperar que los sindicatos, partidos o guerrillas los representaran o los dirigieran. Estamos aún en esa situación en México, desde 1994 de manera notoria y, sin embargo, actualmente el grito más frecuente es: ¡Ni una lucha aislada más! cuando el poder aterroriza, oprime, divide, y desprecia cargando de agravios la vida de las mayorías.

Se presenta la tarea relevante y más sentida: crear una comunidad de las diferentes fuerzas en la lucha, que ensaye un proyecto donde quepan los conflictos y las propuestas diversas y se construya desde abajo y desde ya el poder del pueblo de las mil voces.