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domingo, 14 de febrero de 2010

“Quien apuesta por la extracción de recursos no logra el desarrollo”

Entrevista a Alberto Acosta, ex ministro de energía y minas en el gobierno de Rafael Correa

Por: Héctor Rojo Letón/diagonalperiodico.net

Economista, ex ministro de Energía y presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Alberto Acosta se alejó del Gobierno con críticas a diferentes puntos de la política de Rafael Correa.

ALBERTO ACOSTA: La fórmula que se ha aplicado desde hace muchos años, sustentada en la explotación de los recursos naturales con miras a financiar la economía y conseguir el desarrollo, no ha dado los resultados esperados. Éste es el punto de partida de diferentes países pobres, pero ricos en recursos naturales. Si repasamos la historia ecuatoriana nos daríamos cuenta de que el crecimiento económico –esquivo muchas veces– no se ha transformado en un desarrollo social equitativo, ni se ha consolidado una democracia. Frente a esa realidad, la pregunta es: ¿se pueden esperar cambios sustantivos haciendo lo mismo con algunos ajustes formales? No. En términos más concretos, Ecuador extrae petróleo, exporta petróleo, pero importa derivados del petróleo, es la irracionalidad llevada a su máximo exponente. Además, los derivados del petróleo que importa –como gasoil– los utiliza para generar electricidad en plantas térmicas. Todo ello en un país que dispone de importantes reservas de energías renovables, una auténtica barbaridad... Como si un campesino que produce y vende maíz, después compra tortitas de maíz en el mercado. Luego le faltan esas tortitas y pasa hambre. La alternativa, en primer lugar, sería utilizar los recursos naturales, que ahora son totalmente indispensables, de una forma muy racional. Esto implica autoabastecernos de derivados de petróleo, pero a la vez generar fuentes alternativas para no realizar procesos contaminantes y construir una nueva matriz energética sustentable.

D.: Esto último también entra en conflicto con la última ley de Minería...

A.A.: En Ecuador, como en gran parte del planeta, se mantiene la creencia de la Ilustración. Desde entonces se postula que la acumulación de bienes materiales es el camino adecuado para el desarrollo económico. No existirían más fórmulas para la financiación de la economía y, por ello, tenemos que utilizar los recursos minerales. Hace más de 200 años, cuando la mayoría de los actuales Estados no existían, pasó por tierras americanas un célebre geógrafo y científico alemán, Alexander von Humboldt, quien hablaba de forma metafórica de que estos pueblos eran pobres sentados encima de sacos de oro. Esta misma figura sigue utilizando el presidente Correa. Sin embargo, hoy sabemos que quién apuesta por la sola extracción de recursos naturales para el crecimiento de su economía no consigue el desarrollo. Además conocemos los graves efectos contaminantes que esto provoca. En cualquier lugar donde hay minería a cielo abierto a gran escala, los impactos ambientales son enormes. Por esa razón es preocupante la decisión de dar paso a la minería metálica a gran escala en Ecuador, en donde los recursos minerales se encuentran en zonas de una enorme biodiversidad e incluso de gran densidad de población. Los impactos que provocarían pueden ser enormes: para extraer una tonelada de cobre se necesitan hasta 80.000 litros de agua, para una onza de oro, 8.000 litros. Esto nos llevará a una importante disputa por el agua, además ésta también se contaminará y en zonas de alta biodiversidad puede provocar graves problemas.

D.: ¿Hay relación entre estas prácticas y las presiones empresariales?

A.A.: Se juntan varios factores. Las empresas acumulan grandes beneficios. Los gobiernos obtienen ingresos fiscales. Y algunos trabajadores encuentran allí la posibilidad de atractivos salarios. Por cierto, los gobiernos ofrecen mantener, e incluso ampliar, los servicios sociales financiándolos con la explotación de los recursos naturales. Todo esto genera una euforia generalizada por las riquezas que se avizoran... La llegada del primer barril de petróleo a la costa del Pacífico en Ecuador, se transformó en una fiesta nacional. Después fue trasladado a Quito, al palacio presidencial, y de allí con un gran desfile cívico-militar al templete de los héroes en el colegio militar Eloy Alfaro. Esta fanfarria no se repetiría en la actualidad... Sin embargo, la ilusión por la extracción de los recursos naturales despierta similares entusiasmos en determinados segmentos de la sociedad, incluyendo el Gobierno del presidente Correa. Y esto a pesar de que se sabe que la explotación del petróleo no fue el camino para el desarrollo...


D.: ¿Por qué Correa no ha tenido en cuenta estos cuestionamientos?

A.A.: Por desgracia, no ha tenido la capacidad de abrir la puerta al debate y al dialogo sobre la minería. No se trata de organizar muchas o pocas reuniones, si no de escuchar la opinión, las propuestas, las críticas de quienes no piensan igual. Así se hace un proceso participativo. La ley de Minería no se debatió. Aunque Correa apuesta por superar el extractivismo, éste se mantiene en la práctica. Este mismo Gobierno plantea la posibilidad de dejar el petróleo en el subsuelo, una quinta parte de las reservas nacionales. Recogiendo una propuesta construida colectivamente desde la sociedad civil desde hace varios años, se quiere proteger la vida de pueblos indígenas en aislamiento voluntario, así como una de las zonas más biodiversas del planeta. La iniciativa Yasuní-ITT, que la presenté públicamente cuando era ministro entre enero y junio de 2007, generó desde el inicio una abierta pugna con los intereses petroleros. Una y otra vez ha estado a punto de fracasar. Las dudas e incoherencias del presidente Correa constituyen la mayor amenaza para su cristalización. Y en los últimos días, tras las inoportunas declaraciones presidenciales del 9 de enero, la iniciativa ha perdido mucha credibilidad internacional, aunque, por la disputa desatada, ha ganado mucha fuerza interna. Para rescatar nuevamente esta iniciativa, el presidente debe demostrar mucha coherencia y consistencia. Debería incluso comprometerse a no explotar el crudo de dicha zona durante su mandato, impidiendo toda actividad petrolera en los márgenes de dicha zona. La gran tarea ahora es recuperar estas iniciativas que conllevan, en lo esencial, la necesidad de superar las visiones extractivistas. Un llamamiento a la comunidad mundial para construir otra forma de vida.

POLÍTICA ESQUIZOFRÉNICA

“Como otros proyectos de infraestructura, las carreteras son importantes para estimular la economía, interligar localidades lejanas y proveer el acceso a servicios públicos, como escuelas y hospitales”, reconoce el geógrafo Arnaldo Carneiro. Sin embargo, Carneiro recuerda que las carreteras también han permitido y facilitado el robo de madera, el surgimiento de la minería informal y la apropiación ilegal de tierras indígenas. Según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), cerca del 75% de la tala se produce en una franja de hasta 100 kilómetros alrededor de los caminos abiertos en la selva. “El Estado brasileño está presente en la Amazonía, pero de manera esquizofrénica”, evalúa Carneiro, subrayando que mientras el gobierno se esfuerza para reducir la deforestación, financia proyectos que ayudan a destruir la jungla.

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