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hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

lunes, 8 de febrero de 2010

¿Puede ser un empresario socialista?*

Ricardo Chirinos Bossio

“La manera en la cual los individuos manifiestan su vida refleja exactamente lo que ellos son.Lo que son coincide con la producción, lo mismo con lo que producen que con el modo de producirlo.Lo que son los individuos depende pues de las condiciones materiales de su producción”. La ideología alemana. Karl Marx:

Pensar en el advenimiento del socialismo, es decir, la libre asociación de productores en una sociedad sin clases, sin propiedad privada de los medios de producción, sin mercancías, sin moneda y sin Estado; mediante una política de colaboración con los empresarios, sin duda alguna, no puede catalogarse más que de simple superchería.

“Toda la contradicción no es otra cosa que el movimiento de las dos partes de un todo…”, decía Marx, al referirse a su concepción dialéctica de la evolución de las sociedades. La propiedad privada de los medios de producción y la fuerza del trabajo representan el lado positivo y el negativo de esta antinomia. La solución a esta contradicción no se encuentra en la conciliación de ambas partes, sino en la victoria del “lado negativo”, que suprime la antinomia “cuando el proletariado haya desaparecido al tiempo que su contrario, que le condiciona la propiedad privada”. (Marx, Karl,. “La sagrada familia”. p. 47).

No es por la atenuación de los antagonismos de clase, que se resolverán las contradicciones de este sistema explotador, sino por la acentuación de las oposiciones. La historia demostrará, tarde o temprano, que ella sólo avanza por su vertiente negativa. Hecho que no termina de ser comprendido por muchos “afectos” a este proceso

Es cierto, que en el conflicto de clases en el que vivimos, al individuo se le puede intentar liberar de una forma puramente “abstracta”, por medio del “pensamiento” (a través de consignas o slogans). Sin embargo, no basta con abolir las representaciones de un conflicto para hacer creer que ya se ha abolido la realidad, y que por tanto, se puede enseñar al pueblo que: “han dejado de ser asalariados cuando en su pensamiento han superado la idea del trabajo asalariado… y que asimismo ellos han suprimido el capital real dominando por el pensamiento la categoría de capital, y que ellos se transforman realmente y llegan a ser hombres reales transformando en la conciencia su yo abstracto y desdeñando como una operación contraria a la Crítica toda transformación real de su existencia, y toda transformación real de las condiciones reales de su existencia, es decir, de su yo real” (Marx, Karl., “La sagrada familia”, p. 66.).

Si bien es cierto, que esta liberación del pensamiento es necesaria, está no puede dejar de ir a la par con una liberación real (material) cuya necesidad viene dada de las condiciones reales de la vida social, no como un “ideal” a priori de la libertad, sino como Conciencia de una necesidad objetiva (lo que en términos marxistas llamaríamos el paso de una conciencia de clase en sí a una conciencia de clase para sí)*.

La superación de las contradicciones, la supresión del conflicto entre capital y trabajo, entre empresarios y trabajadores, entre burguesía y proletariado, entre individuo y sociedad (relaciones sociales) no llegará a ser sino a causa de un dominio real de tales relaciones sociales por los individuos. Como bien lo afirmaba Marx: “La transformación de las potencias personales (relaciones) en relaciones objetivas mediante la división del trabajo no se puede abolir por el hecho de abolir del cráneo esta representación general, sino únicamente mediante el hecho por el cual los individuos someten a tales potencias objetivas aboliendo la división del trabajo” (Marx, Karl., “La ideología alemana”, p. 93-94.).

La liberación reside pues en la supresión de las relaciones sociales existentes, en el hecho de que los individuos “pongan bajo su control todas las condiciones de su existencia (para Marx, recuérdese, la principal era el trabajo) y la de todos los miembros de la sociedad”. Sólo así, puede desaparecer “la subordinación de los individuos a las clases determinadas”, la contingencia de los individuos, la alienación, la explotación del hombre por el hombre, pudiendo aparecer la Libertad real.

Los hombres, afirmaba Marx, son “lo que ellos hacen”. Son “lo que ellos producen”, tanto en el plano material como en el de la conciencia. Por lo tanto, el “ser del hombre” se encuentra en sus “relaciones sociales”, tal como afirmaba Marx en sus Tesis sobre Feuerbach. Si las relaciones sociales son capitalistas, tales relaciones (con sus esquemas de valores, ideas, imaginario, etc) se “reflejarán” en la conciencia de los hombres. Pues, “la conciencia es pues un producto social” (Marx, Karl, “La ideología alemana”. P. 59.)

En este sentido, dada la etapa de transición en la que nos encontramos -característica de toda sociedad en transición del capitalismo hacía el socialismo, y en absoluto socialista-, o bien subsiste un modo de producción explotador dirigido a fortalecer la lógica de acumulación privada del capital, o bien, se presiona para que la dinámica socio-económica (con una buena dosis de coerción política como factor de aceleración) opere en el sentido de suprimir, eliminar, hacer cada vez más insignificante la acumulación de capital (aunque todavía existan sectores privados en la economía).

Poner, por tanto, un signo de equivalencia entre las dos situaciones y dinámicas socio-económicas, sólo puede ser obra de ignorantes o sofistas. ¿Hay acaso el menor signo de que los empresarios de este país evolucionan hacia el abandono del régimen de propiedad privada de los medios de producción, la apropiación de la plusvalía o la eliminación de monopolios? ¿Dónde hay el menor argumento teórico de que es posible concebir unas “relaciones de producción socialistas” sin la supresión del “mercado de trabajo”, la gestión de la producción por los productores libremente asociados, o la extinción de la división social del trabajo? ¿Quién puede creer semejante cuento de hadas?

Vemos con profunda preocupación como esta confusión económica puede peligrosamente extenderse al terreno de lo social y político y acarrear irreparables consecuencias para este proceso. ¿Cuáles? La pérdida de los importantísimos espacios hasta ahora conquistados.

Es comprensible que algunos empresarios de este país ante su muy debilitada y frágil condición política e inferioridad militar, tiendan a buscar un acercamiento con el gobierno, no en aras de sustituir el sistema explotador existente, sino para garantizarse su supervivencia ante las dificultades de acumulación de capital (producto de las políticas económicas hasta ahora implementadas) y repeler cualquier eventual asalto de las masas que los amenazan.

Este “maquiavélico” acercamiento entre gobierno y empresarios puede contribuir a desviar las aspiraciones anticapitalistas de nuestras masas hacia formas y programas de gobierno compatibles con la supervivencia de la propiedad privada de los medios de producción, la acumulación de capital y el orden burgués.

No es necesario recordar que no se juega impunemente a aprendiz de brujo con la teoría. Si suponemos que aquí se intenta crear las condiciones subjetivas –pues las objetivas siempre están presentes dentro del capitalismo- que permitan acelerar el camino a la transición a una sociedad superior, libre de explotación del hombre por el hombre, donde el trabajo sea realmente un fin en sí mismo, es decir, un acto creador, libre de toda forma de enajenación; se impone, de forma cada vez más imperiosa, rectificar el peligroso rumbo que se está siguiendo.

Pensar, como hasta ahora se ha hecho, de que es posible “transformar” gradualmente la sociedad burguesa sin tener que derribarla, que el “Estado” podría eliminar progresivamente las leyes del desarrollo del capitalismo sin expropiación del capital, o que esta “transformación” no sería posible más que con el “consentimiento” de los empresarios, o por lo menos de importantes sectores de ellos; o bien es un espejismo, o bien es un mito propagado deliberadamente para engañar a las masas.

Si algo nos ha enseñado el marxismo revolucionario es que, dentro de una economía capitalista, los empresarios jamás podrán ser socialistas, serán siempre un instrumento de subvención y estímulo para la valoración del capital. Por lo tanto, cualquier política de colaboración con los empresarios corre el riesgo de terminar convirtiéndose en una cortina de humo detrás de la cual se lleve acabo la consolidación de las relaciones sociales de producción capitalistas y del poder del gran capital.



(*) ¿Tendrán claro, muchos de nuestros “revolucionarios”, la distinción entre estas dos categorías? Categorías, por cierto, un tanto subestimadas por muchos de ellos, considerando que son factor determinante en toda revolución. En este sentido, es importante dejar claro, que cuando Marx exigía el paso de una conciencia en sí a una conciencia para sí, no se refería simplemente al aspecto histórico-político, sino al necesario desarrollo filosófico en la conciencia de los sujetos, que permitiese un verdadero salto en un sentido evolutivo y existencial en la vida de ellos. En otras palabras, Marx exigía (no sólo a las masas, atrapadas aún en esa indiferenciación radical de la conciencia en sí, sino a los mismos revolucionarios) una sensibilidad más fina y acabada de la conciencia, como efectiva garantía para un verdadero cambio.



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