hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

lunes, 15 de febrero de 2010

NI LENIN NI BETANCOURT










Javier Biardeau R.

En 1931 le advertía Mariano Picón Salas a Rómulo Betancourt con relación al “marxismo” y “comunismo” lo siguiente: “Sería una tontería predicarle a gente tan arraigada al suelo y de imaginación concreta la abstracción comunista, esa especie de algebra espiritual que ellos no pueden entender”.
Llama la atención esta suerte de “consejo al futuro príncipe”, sobre la eficacia material de los discursos ideológicos y políticos. Llaman la atención dos atributos de la “audiencia popular”: “gente tan arraigada al suelo”, de “imaginación concreta”. Un tema típico de la política reaccionaria: ¿cómo “instrumentalizar políticamente” una “psicología de masas” para beneficio de una minoría dirigente? Por un lado, “intelectuales revolucionarios”, por otro, “masas depauperadas intelectualmente”. Se requieren una adecuada estrategia de anclaje de pasión y discurso.
Barthes lo decía en su lección inaugural: el problema no es solo sustraerse del Poder en mayúscula (pues hay poderes), sino colocar sobre la mesa el asunto de no someter a nadie. Hay que aligerar la carga de los llamados “intelectuales”. No podemos hacer fuerza para apalancar a los sacerdotes del “Capitalismo de Estado”, o del “Socialismo de Estado”.
Los intelectuales han sido cuna de muchas “Nuevas Clases”. Elegir desmantelar evidencias incontestables comporta riesgos, así como aburrirle la fiesta a los poderosos, a quienes aspiran en su lecho imaginario a gobernar-nos sin fin, en vez de crear las condiciones para el auto-gobierno de masas.
Si se trata de definiciones, no esperen una “línea correcta” sino una actitud de contestación, hay demasiadas curvaturas y ondulaciones en los “territorios existenciales”. Si los pueblos pueden aprender a auto-gobernarse, ¿por qué dejan que los gobiernen?
¿Anarquismo? A 100 años de la Revolución Mexicana (una auténtica revolución social indo-americana inconclusa), será hora de releer a los hermanos “Flores Magón”.
Chomsky escribió palabras polémicas: “La Unión Soviética vs el Socialismo” (http://kamita.com/misc/nc/textos/urss01.html). Hay quienes quieren reactivar la pureza del legado leninista como si por allí fuesen los tiros de nuevos socialismos democráticos, plurales y libertarios. Lo diremos sin pedido de disculpas: esta vía es una “estafa ideológica”.
También Betancourt trato de inspirarse o identificarse en una suerte de “Leninismo criollo”, como si la “ortodoxia bolchevique” (el Manual de Materialismo Histórico de Bujarin, por cierto) representara los más avanzado del pensamiento revolucionario.
¿“Betancourt leninista”?: una seria advertencia para las recientes “conversiones” de miembros de la alta dirección del PSUV. ¡Cuidado si siguen los pasos de Betancourt, hasta aterrizar en el “social-reformismo anticomunista”, con su inevitable subordinación a Washington!
Pero supongamos que se convierten más bien, en “ortodoxos post-leninistas”. ¿Donde aterrizarán? ¿En el leninismo-estalinista? El imaginario jacobino-blanquista está lleno de trampas. Allí están las semillas de los sacerdotes del Estado.
Quedémonos con Simón Rodríguez. Hay que catalizar que un aprendizaje liberador: que el pueblo se auto-gobierne. La “izquierda leninista” reclama una suerte de monopolio de la “voz revolucionaria”. Escuchemos a Chomsky:
“En la revolución Rusa, el Soviet y los comités fabriles se desarrollan como instrumentos de lucha y liberación, con varios defectos, pero con un rico potencial. Lenin y Trotsky, asumiendo el poder, inmediatamente devotos a ellos mismos destruyeron el potencial liberador de esos instrumentos estableciendo el mando del Partido, en práctica su Comité Central y sus Máximos líderes, exactamente como Trotsky había predicho años antes, como Rosa Luxemburgo y otros Marxistas advirtieron al mismo tiempo, y como los anarquistas siempre habían entendido. No únicamente las masas, sino también el Partido deben ser sujetos a ‘vigilante control desde arriba’, así Trotsky realizó la transición desde intelectual revolucionario a Sacerdote del Estado.”
El problema no era solo Stalin. Malas noticias. También Betancourt cometió el error de plantear una suerte de Leninismo sin profundizar en el “marxismo crítico” o en el imaginario libertario.
Obviamente deseaba gobernar-nos. Llevaba bajo el brazo el Manual de Bujarin como una receta. Algunos plantearon que todo esto olía a Petróleo. Y es cierto. Betancourt mismo parece confirmarlo:
“Es hora de decirle concretamente a los venezolanos de Venezuela que nuestro país con Gómez, es una factoría yanqui y sin Gómez dejará de serlo sólo a costa de un gesto heroico, de una radical actuación colectiva, semejante en la cantidad de sacrificio que reclama a la lucha por la independencia política. Que hasta ahora no hemos tenido un solo Sandino y sí que en muchos mandatarios nuestros se ha perfilado la cara aindiada de Adolfo Díaz y que mientras negociaban con los musiúes de la Standard Oil concesiones y royalties, ha bailado en los labios de nuestros innumerables vende-pueblo —abogados y capitalistas, gomecistas o seudorebeldes, aún «revolucionarios» de última hora— la misma cínica sonrisa del nicaragüense Chamorro, cuando suscribía con Bryan el tratado canalero de 1916, pacto del vasallaje centroamericano; o la del antillano Menocal, cuando gestionaba ante el cónsul Steinhart la tercera intervención de Cuba.”
Uno tiene que tener cuidado con lo que plantea. Sobre todo de escupir, como decimos en lenguaje coloquial, pa´arriba. El ejemplo de quien escupe para arriba es evidente en el anti-imperialismo de Betancourt.
Usted puede verbalizar hoy consignas rabiosas extraídas del “El Estado y la Revolución”, mañana recibirá un premio, beca o incentivo de una “Fundación” que hace engranaje con la plutocracia yankee.
El campo político e intelectual no es ajeno a un análisis de las trayectorias en el espectro ideológico. Rigoberto Lanz ha planteado las vicisitudes de una “intelectualidad radical”, que pasa por un proceso de desprendimiento para aterrizar en una conversión en el credo de Margaret Thatcher: TINA (“There is no alternative”: No hay ninguna alternativa, al capitalismo obviamente). Yo diría que son sujetos-agentes de una política transformista (Gramsci dixit), plagada de cooptaciones hacia el universo político e ideológico de derechas. Nombres sobran en nuestro paisaje intelectual y político-cultural.
Pero lo fundamental no son las biografías singulares, sino la dinámica del poder, las pasiones, identificaciones y enunciaciones (Guattari o Foucault dixit). Betancourt puede ser un ejemplo en el campo político. Pero sobran nuestros ejemplares intelectuales. ¿Quien puede comprender los procesos que llevan a furibundos “trotskistas” a convertirse en apóstoles neocons de Reagan o Bush? Prefiero seguir el consejo de Marx: evaluar a los sujetos-agentes no por lo que dicen, se representan o se imaginan, sino por lo que hacen (o dejan de hacer) efectivamente.
Un análisis de Betancourt desborda la tradicional justificación retórica: del “sarampión revolucionario” a la “madurez pragmático-conservadora”. A su vez, un análisis de Lenin nos lleva a la trágica imposibilidad de detener el burocratismo y despotismo que Lenin mismo sembró. No hay excusas, habrá que leer con pinzas críticas el legado Leninista, como aprendimos a de-construir el imaginario político del “Padre de la Democracia”.
Betancourt decía: “Que el gobierno yanqui no es «democrático» ni es «grande», sino que esa oligarquía de cuáqueros y de judíos aventureros e inescrupulosos, ha cometido, comete actualmente y está dispuesta a cometer en toda época, los peores actos de bandidaje contra nuestros desorganizados pueblos de América Latina.” Sería bueno recordarle esta frase a Manuel Caballero.
También decía: “Expondremos nuestra tesis y marcaremos la brecha que estamos resueltos a defender. La hora es de definirse. Y definiéndonos estamos. Encuadra nuestro sector su posición política, fiel al método del materialismo histórico, dentro del campo de la lucha de clases. Descubre en la raíz de todos nuestros problemas sociales sólo aspectos del conflicto universal entre las fuerzas que crean las riquezas de los pueblos —las trabajadoras— y las que explotan esas riquezas y a sus productores en beneficio de minorías parasitarias —las capitalistas—. Colocados sobre este ángulo de doctrina vemos en Gómez y su régimen a los defensores armados, dentro de las fronteras del país, de un vasto sistema internacional de explotación organizada. Derivamos como primera consecuencia —de esa concepción teórica -no apriorística ni sentimental, sino dialécticamente extraída de nuestra realidad— una activa posición de lucha no sólo contra el transitorio régimen político denominado «Gómez», sino también contra los fundamentos económicos constantes, contra los determinantes permanentes, de gobiernos de su tipo. Por eso, perseguimos por vías revolucionarias la destrucción del despotismo, mas, destruyendo al mismo tiempo su base social -la alianza capitalista-caudillista. En consecuencia, son nuestros enemigos irreconciliables, en el plano de la acción política, y contra ellos estamos y estaremos: a) La burguesía imperialista internacional, mediatizadora de nuestra economía, y su aliada nativa, la clase nacional de latifundistas y de grandes señores del comercio y de la industria, y b) el caudillaje militar.” Al parecer, hay quienes simulan seguir la retórica leninista del mismísimo Betancourt (Betancourt: Con quien estamos y contra quien estamos-1932).
¿Quieren definiciones hoy?: no le entreguemos ni una gota más de petróleo a la Chevron ni al Imperio. Nuestra alianza con las transnacionales del petróleo se parece a la hipócrita denuncia de Betancourt de la burguesía imperialista internacional.
Después de dejar atrás la trampa del populismo ventrílocuo (mimetizando los códigos de nuestras audiencias-objetivo), podremos sentarnos a hablar de la pureza revolucionaria de Lenin.
Por mi parte, y sin pedido de disculpas, planteo: Ni Lenin ni Betancourt. ¡Que viva Simón Rodríguez!

0 comentarios: