hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

martes, 2 de febrero de 2010

Las rebeliones de verdad; las rebeliones idiotas

J.R.Duque

El sifrinaje venezolano sueña con un sacudón o 27-F antichavista, y hace y seguirá realizando intentos para que éste ocurra. Pero se quedará esperándolo. La razón: el 27-F, ese estallido que protagonizamos los pobres en Venezuela en 1989, fue una insurrección del pueblo contra la alianza monstruosa Gobierno-Poder económico-Comerciantes especuladores. Ante semejante enemigo por supuesto que el Pueblo tenía que terminar reprimido, aplastado y vituperado por los medios, como en efecto lo fue. Pero hoy esa poderosísima alianza ya no existe. La correlación de fuerzas ahora es distinta. Eso que llamamos El Poder está dividido y ya no caerá íntegro sobre el pueblo.
La clase media lo sabe o lo intuye. Pero no pierde las esperanzas de lograr que estos demonios se desaten: ahora andan soñando con que las llamadas “redes sociales” de internet (Facebook, Twitter, otras) socavarán al rrrégimen y harán que se caiga. ¿Son unos güevones? Lo son. El problema es que hasta en eso queremos hacerles competencia: ellos juegan a la rebelión cibernética y muchos de nosotros creemos que la rebelión es de verdad. Parece que hubiera una voz diciéndonos: “Tú puedes ser más sifrino y gafo que los gafos sifrinos. ¡No permitas que te aventajen!”.
Y verga, Chávez dijo la semana pasada que había que pelear vía Twitter…

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La estupidez de las clases medias (las únicas que, a falta de pueblo, pudieran intentar algo en las calles a favor del poder económico, como en abril 2002) las ha llevado a fabricarse rebeliones de mentira, a alimentar espejismos, a confundir navegación web con activismo, a creer que recibir un saludo de Carla Angola vía Twitter es señal de que somos políticamente activos. Es un síndrome del que se ha hablado largo y denso: la sensación que tiene el enchufado crónico a internet de que todo cuanto está en su computadora está afectando y captando la atención de todo el mundo. El que no vio el beso de Sandra Bullock a Meryl Streep es un güevón y el que no tiene Facebook y Youtube es raro, campuruso o sospechoso. En esta corriente de santificación de lo idiota florecen y se desmoronan campañas, celebridades y leyendas con una facilidad pasmosa, y no es difícil comprender que las discusiones del mundo real encuentren aquí fácil reproducción y transmutación. ¿Chávez? ¿Venezuela? Sí hay, cómo no.
Esta emocionalidad nerd (donde también vociferan y se enfrentan chavistas y antichavistas) ha producido fenómenos sicológicos que sólo pueden detectarse (y disfrutarse) si uno se pasa cinco horas seguidas o más pegado a internet. Me tocó en estas semanas, a causa de un accidente que me atornilló largos ratos frente a la computadora: los bichos DE VERDAD creen que una campaña en Facebook puede hacer tambalear a Chávez, comprometer su estadía en el poder. He visto a sujetos inteligentes (aunque de derecha) llenarse de un regocijo infantil porque una categoría llamada “Tas Ponchao” entró (agárrense de sus asientos, traten de no gritar) ni más ni menos que en el TRENDING de Twitter-USA. Y ¿qué mierda es el trending de Twitter-USA? Bueno, chico, una expresión o palabra clave que en un cierto momento es muy usada en Twitter en Estados Unidos, y por lo tanto entra en un ranking de popularidad. Traducción: la expresión “Tas ponchao” fue muy buscada en Estados Unidos el domingo pasado, lo cual le permitió el enorme privilegio de aparecer en las fachadas de todos los Twitter personales en EEUU. ¿Entendieron la hazaña?
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¿Estamos queriendo decir que es malo o estéril tener blogs y usar las herramientas disponibles en Internet? No. Siempre que usted no pierda el sentido de la realidad y entienda que lo que haga en internet no es lo más importante, grave, relevante o hermoso en su vida, ni en la del país. Un reciente post de Reinaldo Iturriza en su Saber y Poder aporta una clave increíble de esta disociación que llama “conocimiento” a estar enterado de lo que sucede en Malasia, mientras se ignora lo que pasa en la esquina. Un cura (¡un cura!) que le escribió a Reinaldo destapa un síntoma social que sería muy gracioso si no fuera tan desesperadamente trágico: la gente considerada hoy “inteligente” y en sintonía con la época sabe el nombre de la penúltima bacteria que se le metió en el culo a Paris Hilton, pero ignora o le sabe a mango que bajo las torres de el Silencio se están botando (ahora, en este preciso momento, 9:36 de la noche del martes 2 de febrero de 2010, en pleno drama por la escasez de agua en Caracas) millones de litros de agua limpia, porque una tubería está rota hace meses.
Y ah verga, para qué hacerme el pendejo a estas alturas: yo, que me jacto de saber que jode de comunicación, medios y dinámicas ciudadanas, paso varias veces a la semana por ese lugar y quien vino a informarme de la gravísima noticia fue un cura. Nosotros, materialistas dialécticos o neoliberales, chavistas o antichavistas, pero pragmáticos todos, nos pasamos horas fajados en trances ideológicos y en discusiones metadiscursivas, mientras el representante de Dios anda haciendo contraloría social.
Ya confesé mi pecado, padre; veremos si sale alguien a admitir que tiene la mirada demasiado puesta en internet como para fijarse en detallitos de la vida real por el estilo.
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Un análisis en el diario español El Mundo, de principios de esta semana, se titula: “Presidente Chávez se enfrenta al poder de las redes sociales”. Todo un banquete para semiólogos, lingüistas, analistas o simples ejecutores de eso que llaman sentido común: el festín comienza cuando uno se pregunta por qué a una concatenación de idiotas escondidos detrás de sus respectivas computadoras se les llama “redes sociales”, y continúa cuando uno indaga en el real sentido que se le da al verbo “enfrentar”. Los carajos creen, o así quieren hacerlo entender, que Chávez está preocupado por lo que dicen de él en Twitter y que por eso le ordenó al Ejército acabar con ese pajarito de mierda.
¿Lo peor de todo? Que una parte del enunciado es cierta. Es decir: los carajos no están equivocados cuando perciben preocupación en el chavismo. Es verdad que Chávez se ha mostrado molesto por las campañas y provocaciones plasmadas por los ciberadictos, y que cierto chavismo se ha dejado contagiar por esa preocupación y cree su deber invertir energía, tiempo y talento en participar en batallas de embuste, esas que (suponen los nerds de este bando y el otro) harán detonar las otras. Por ahí apareció el tal Roberto Alonso promoviendo otra vez las guarimbas, esta vez desde Twitter; y cierto chavismo ya anda desvelándose tratando de contrarrestar la presunta peligrosidad de este marico triste aislado en Miami.
Nosotros sabemos (cualquiera que no esté en un siquiátrico o a punto de salir lo sabe) que los misiles de los que debería cuidarse el chavismo no son los del Imperio, ni los de Colombia, ni los de Twitter o Facebook, sino los lentos y laboriosos misiles que están sembrando descontento en las comunidades pobres de Venezuela. Las alarmas no deberían prenderse cuando Obama diga: “Estamos evaluando la necesidad de una acción militar en Venezuela”, sino cuando nuestras viejas le escupan la cara a Aristóbulo y le caigan a besos a Ledezma. Cuando en Petare sea peligroso declararse chavista y los pobres comiencen a ver con simpatía al patiquín de ultraderecha. No se preocupen, es normal. Los franceses lo llaman Deja-vú.
Otra vertiente de nuestra verdadera tragedia: el seguir creyendo que para derrotarlos tenemos que ser como ellos. Que para desmontarles su constructo de leyes tenemos que ser abogados, y que para mostrar la buena música hecha en estos años hay que buscar al “maestro” Abreu y que para hacer ciudades socialistas necesitamos arquitectos y urbanistas (burgueses todos), y que para avanzar hacia una racionalidad alterna necesitamos fundar “universidades bolivarianas y socialistas”, y que para callar a Ricardo Sánchez hay que buscarse a un Serra que habla igualito a él, es decir, que es su copia pero chavista. Y que para enfrentar la rebelión idiota de Twitter tenemos que convertirnos también en idiotas.
A repetirlo y creérselo, camaradas: los misiles de los que debería cuidarse el chavismo son los lentos y laboriosos misiles que están sembrando descontento en las comunidades pobres de Venezuela. Los twiteros y ciberenfermos del mundo que se pudran en su guerrita imbécil de mensajes. En el mundo real hay cosas de que ocuparse.
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