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hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

viernes, 12 de febrero de 2010

Día de la juventud, ¿Cuál juventud?¿para que seguir glorificando a los manos blancas de 1814?

* Artículo referencial: La Puerta: monumento a dos derrotas

Por: J.R.Duque

Vamos entrando a febrero y es hora de meterle el diente (y el cuchillo, y cualquier instrumento punzante y desgarrador) a las enormes referencias de la cual la historia oficial sigue rescatando hitos interesados.

Y ya que se acerca su fecha de aniversario, quisiéramos entrarle a la Batalla de La Victoria, acción ocurrida en los albores de la Guerra de Independencia (o más bien en plena Guerra Social), y a otros sucesos de febrero del año 1814.

El día 3, el ejército patriota sufrió una dolorosa derrota ante las hordas de Boves en La Puerta. Y créanlo: así mismo se les llamaba: HOR-DAS. Así llamaban a aquel hervidero de pueblo rabioso. Si usted es chavista y estaba vivo, despierto y con los oídos alertas en 2002 y 2003, seguramente sentirá y tendrá algo que decir al respecto.

Meses más tarde volvieron a enfrentarse en el mismo sitio y la horda sucia y vociferante (y realista y criminal y antibolivariana y fea y malagente: Las HORRRDAS de Boves) volvió a derrotar a Bolívar y al glorioso ejército patriota.

Esas mismas hordas, o al menos una parte de ellas, se dirigieron a La Victoria para intentar tomarla. En su contra estaba el hecho de que, herido el Taita, quedó a las órdenes de otro general europeo, pero que al contrario de Boves tenía mentalidad europea; un uniformado mitad español, mitad imbécil, apellidado Morales. La historia oficial ha querido cubrir de gloria a José Félix Ribas y a unos pocos centenares de estudiantes universitarios y seminaristas (“la flor de la juventud caraqueña”, los bautizó Bolívar) por lo que sucedió aquel día, 12 de febrero de 1814. Cada quien está en su derecho de secundar esa glorificación, pero es bueno enterarse de una parte del cuento que ha sido silenciada o deformada.

Dice la historia oficial que, a falta de tropas, José Félix Ribas reclutó en Caracas a un montón de estudiantes de 14 años para arriba (otros dicen que había muchachos de 12 años allí), que unas horas antes de entrar en batalla (la Batalla de La Victoria) les dio un curso intensivo para enseñarles a disparar los fusiles; que eran unos 1.000 estudiantes, y que en total los patriotas que defendieron la plaza fueron unos 1.500, contra la horda de 2.500 tipos.

Otras versiones dicen que esos 1.500 héroes enfrentaron a 4 mil malvados, y otras más (recogidas de una carta de salutación que envió Simón Bolívar al vencedor) que la relación era de 2 mil (buenos) contra 7 mil (malos). Por su parte, la célebre arenga que les echó Ribas a sus combatientes registra estas palabras: “He ahí a Boves. CINCO VECES MAYOR es el ejército que trae a combatirnos; pero aún me parece escaso para disputarnos la victoria”. Es la misma arenga en la que finaliza diciendo: “Ni aun podemos optar entre vencer o morir: ¡necesario es vencer! ¡Viva la República!”. Por supuesto que un general a punto de salir a matar y dejarse matar no está en la obligación de contar con exactitud a los enemigos, pero en fin. Un poquito de coherencia ayudaría con eso de la verosimilitud.

Y claro, siempre el que gana o pierde dice que estaba en desventaja. Por guacales se cuentan los episodios bélicos en que diez tipos armados con tres palos de escoba y un cortaúñas derrotaron a 150 que llevaban armas automáticas. Como la historia la escriben los vencedores entonces la versión que trasciende y se convierte en lectura obligatoria en los liceos es la del dueño del cortaúñas. Nadie cuenta nunca nada sobre el día infame en que llegó borracho a la casa y le cayó a palos a la viejita de 70 años; todos preferimos contar cómo fue que coñaceamos a aquel sujeto que medía 1 metro 90 y pesaba 110 kilos, ¿cierto? Hay un prestigio que cuidar, camarada.

La batalla en cuestión comenzó a las 7 de la mañana y fue salvaje, brutal y absurda como toda batalla. Los patriotas repelían a los “realistas” en su intento de entrar a la ciudad. A las cinco de la tarde, con el juego trancado y el glorioso ejército y la repugnante horda diezmados y ensangrentados, llegó por la retaguardia un contingente patriota de 220 soldados de caballería a cargo de Vicente Campo Elías. En presencia de este refuerzo, Morales ordenó la retirada.

Linda victoria militar para la República mantuana, cómo no. Pero funesta derrota para la verdad, para nuestro derecho a conocer nuestra Historia como Pueblo. Porque en Venezuela no se ha realizado un esfuerzo lo suficientemente serio, gallardo, humilde, honrado y justo para difundir el trasfondo social de ese episodio, ese que trasciende la simple y facilita trama cinematográfica que habla de héroes vencedores y malvados vencidos: el 12 de febrero en esta patria burguesa se celebra el Día de la Juventud en honor de aquellos muchachos caraqueños (blancos, de “familias distinguidas” –esclavistas-, con medios y recursos para ir a la universidad: “la flor de la juventud”), pero nadie se atreve a decir en voz alta que la repugnante horda de Boves estaba compuesta en su inmensa mayoría por esclavos e hijos de esclavos, a quienes por fin alguien les otorgó el derecho a ser libres y dueños de las riquezas que sus amos les habían robado, o amasado a su costa. Una horda integrada por la servidumbre, por los pardos, por los maldecidos, por los oprimidos de 300 años: por los antepasados nuestros. A menos que usted provenga de una familia aristocrática, cosa que dudo si usted está leyendo este periódico.

En ese entonces, lo mismo que ahora, llamábase “la flor de la juventud” a los niños lindos de papá pudiente: a los manos blancas, a los nalgas blancas, a los sangre azul, a los que podían estudiar. Y tal como ahora, la horda era la horda. ¿Por qué todavía en este tiempo nadie habla de los muchos niños esclavos, sirvientes e hijos de éstos que guerrearon como pueblo, y de ninguna manera por los privilegios de un rey que no les importaba ni sabían qué o quién era? Ellos también fueron empujados a la guerra y también fueron masacrados, pero el Día de la Juventud honra a los hijos de los ricos, de los blancos, de los poderosos. ¿Por qué no nos contaron eso en la escuela? Respuesta: porque, al igual que nosotros, eran HORDA. La historia de ellos desapareció de la memoria, de los libros y de los afectos, por la misma razón por la cual nosotros (los pobres, los sirvientes, la HORDA de hoy) desapareceremos, o quizá ya ni siquiera existimos, para una historia oficial acostumbrada a los héroes blancos, ricos, lindos y perfumados.



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