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martes, 26 de enero de 2010

LA VENERACIÓN SUPERSTICIOSA DEL ESTADO Y EL EXTRAVIO BUROCRÁTICO

Javier Biardeau R.
Si se analiza a profundidad la posición de Marx y Engels sobre el Estado (sobre cualquiera, por cierto) se llegara a la frase: “veneración supersticiosa del Estado”.
Pocos se detienen a pensar porqué Lenin colocó en su análisis de Kaustky y su veneración supersticiosa del Estado (El Estado y la Revolución), la siguiente frase: "fe supersticiosa" en el burocratismo.
El devenir de la revolución bolchevique mostró paradójicamente los rostros duros del “burocratismo”, lo que posteriormente se denominará como “contra-revolución burocrática”.
Si la restauración del capitalismo es la amenaza que desde el pasado le llega a la revolución socialista, el extravío burocrático es el fantasma que le llega del despliegue de su imagen de futuro. Y es que el estatismo ha colonizado el imaginario socialista.
La contra-revolución burocrática estalinista y las construcciones políticas e ideológicas del Estado a las que dio lugar siguen siendo un lastre que afecta la “crisis de alternativas al capitalismo”. Sin hacer un verdadero balance de inventario crítico del estalinismo, y de toda la “veneración supersticiosa del Estado” que se deriva de las estructuras mentales de la ortodoxia bolchevique, será prácticamente imposible la reconstrucción y relanzamiento de un proyecto emancipador.
El colapso del socialismo real entre 1989-91 mostró como los trabajadores y las trabajadoras del campo socialista, consideraron a la “propiedad estatal”, lo que hasta para las corrientes trotskistas definía la naturaleza obrera de la URSS y la de los Estados del mismo tipo, como algo totalmente ajena, extraña y hostil. La doxa de los espiritus del Estado había marchitado el propio "marxismo".
La lección era clara: propiedad social, recuperando el sentido marxiano hasta llegar a la crítica al “comunismo grosero” en los Manuscritos de 1844, no equivalía a propiedad estatal. Esto se revela de una lectura atenta del pensamiento marxiano de cabo a rabo, y no de los filtrajes e imposturas de los aparatos políticos y sus funcionarios orgánicos.
La ideología estalinista diseminó por todos los medios a su alcance, que el carácter “socialista” del Estado, provenía de que, cuando:
“(...) los ‘medios de producción’ pertenecen al Estado no capitalista, la plusvalía adquirida en el curso de la producción retorna a este Estado, quien la reparte según un plan dirigido a mejorar las condiciones de existencia de las masas trabajadoras, a ampliar el aparato de producción, a desarrollar la instrucción y la cultura públicas, a reforzar la defensa nacional” (Declaraciones de Hilary Minc, ministro polaco de Comercio e Industria, en agosto de 1947).
Nada distinto dicen hoy los repetidores de los manuales de “comunismo científico”, descartando por "anarquista", "pequeñoburguesa" o "confusionista", la gestión directa de los trabajadores y la autogestión social de la multitud. Para ellos, Marx sería el más profundo y perspicaz "confusionista".
Lo que no dicen quienes encarnan lo espíritus estatistas del estalinismo, es que la burocracia era quien controlaba al Estado en la URSS, y no como planteaba Marx, que era el proletariado como “clase gobernante”, el que tenia que ejercer directamente el poder del Estado y el poder económico; es decir, la conducción directa del proceso económico. Habra que recordar que significaba la autoemancipación de los trabajadores por los trabajadores mismos. De allí que en la URSS, y su sistema de dominación, la explotación del proletariado se materializaba en una distribución extremadamente desigual.
Según el propio Trotsky, desde el punto de vista de la desigualdad de los salarios, la URSS de 1936 ya había “alcanzado y largamente sobrepasado a los países capitalistas” (La revolución traicionada. Trotsky hablaba de “retribución del trabajo”, comparando las cifras del salario obrero medio y los salarios otorgados a los obreros “stajanovistas”.).
Otros estuidos señalan que para 1949, el 15% de la población soviética (la burocracia) consumía el 85% del producto consumible; mientras que el otro 85% de la población (proletariado, campesinado) consumía el 15% restante.
Lo que se perdía de vista era la diferencia entre dos conceptos: propiedad y apropiación. El hecho de que legalmente los burócratas no fueran, ni personal ni colectivamente, propietarios, era la burocracia quién decidía sobre las condiciones y el reparto de la producción. En resumen: la burocracia dirigía la economía.
Fue Cornelius Castoriadis uno de los primeros en revelar la importancia de la diferencia entre propiedad (concepto jurídico) y apropiación (lo que regía efectivamente), con el fin de caracterizar las relaciones sociales en la URSS:
“La existencia de la plusvalía o la existencia del sobre-producto no definen ni el carácter de la clase dominante en la economía, ni el hecho de que esté basada sobre la explotación. Pero la apropiación de esta plusvalía por una clase social en virtud de su monopolio sobre las condiciones materiales de la producción basta para definirla como una economía de clase basada sobre la explotación. El destino de esta plusvalía, su reparto entre la acumulación y el consumo improductivo de la clase dominante, determinan el carácter específico de la economía de clase y diferencian históricamente a las clases dominantes entre ellas”. (Castoriadis: La sociedad burocrática).
En el socialismo real existía una capa social no sólo privilegiada por su función sino explotadora por su apropiación, que fundaba su dominio sobre un sistema desprovisto de legitimidad histórica.
A parecer, pocos “recién llegados” al marxismo desconocen porque Trotsky tenía razón cuando insistía en el carácter transitorio del “Estado soviético”, porque la idea de “Estado revolucionario” es un oxímoron; es decir, una contradictio in terminis, por tanto, un absurdo.
Tal vez cuando algunos terminen de leer el Capital y las teorías de la plusvalía, caigan en cuenta que Marx no redactó finalmente como obras acabadas los tomos II y III del mismo, pasarán a recordar la importancia de los Grundisse o de los Manuscritos de 1844 (y su cada vez más actual critica del "comunismo grosero"), y por fin comenzarán a saber que existió gente como Castoriadis, Grandizo Munis o Tony Cliff, quienes desplegaron una crítica radical a la teoría desastrosa según la cual el Estado es “obrero” porque la economía está "nacionalizada". Tal vez entonces habrá alguna esperanza para enterrar los extravios burocráticos.
Engels lo decía con una ironía sutil, de la cuál carecen por completo los nuevos filosofastros del "Estado Socialista":
"(...) desde que Bismarck emprendió el camino de la nacionalización, ha surgido una especie de falso socialismo, que degenera alguna que otra vez en un tipo especial de socialismo, sumiso y servil, que en todo acto de nacionalización, hasta en los dictados por Bismarck, ve una medida socialista. Si la nacionalización de la industria del tabaco fuese socialismo, habría que incluir entre los fundadores del socialismo a Napoleón y a Metternich. Cuando el Estado belga, por razones políticas y financieras perfectamente vulgares, decidió construir por su cuenta las principales líneas férreas del país, o cuando Bismarck, sin que ninguna necesidad económica le impulsase a ello, nacionalizó las líneas más importantes de la red ferroviaria de Prusia, pura y simplemente para así poder manejarlas y aprovecharlas mejor en caso de guerra, para convertir al personal de ferrocarriles en ganado electoral sumiso al gobierno y, sobre todo, para procurarse una nueva fuente de ingresos sustraída a la fiscalización del Parlamento, todas estas medidas no tenían, ni directa ni indirectamente, ni consciente ni inconscientemente nada de socialistas. De otro modo, habría que clasificar también entre las instituciones socialistas a la Real Compañía de Comercio Marítimo, la Real Manufactura de Porcelanas, y hasta los sastres de compañía del ejército, sin olvidar la nacionalización de los prostíbulos propuesta muy en serio, allá por el año treinta y tantos, bajo Federico Guillermo III, por un hombre muy listo."(Del Socialismo utopico al Socialismo científico)
Para Marx y Engels, obviamente la propiedad estatal no era propiedad social. Tal vez algunos filosofastros de la "propiedad estatal", no hayan leido las notas a pie de pagina del tan citado trabajo de Engels.
Lo que no es seguro es que todavía haya "tiempo político" para hacerlo.

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