hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

sábado, 9 de enero de 2010

Imaginar otros mundos, una conversación sobre ciencia ficción

El jueves primero de octubre la profesora Berta Vega inauguró el espacio de discusión y reflexión titulado “Poéticas encontradas” con su conferencia titulada: Imaginar otros mundos, una conversación sobre ciencia ficción.

Después de precisar algunos términos y categorías claves de este género literario sumamente fascinante, la profesora Berta Vega promueve un acercamiento a estos textos (y a todo discurso, realmente) que esté alejado de toda inocencia, ya que este género literario es, por lo general, una fuerte crítica al mundo del cual trata de diferenciarse, bien para construir un ideal (utopía) o para hacer una proyección negativa de sociedad actual (distopia).

Algunos de los autores mencionados o, incluso, leídos en esa noche, fueron: Elizabeth Moon, Michael Marshall Smith, Philip K. Dick, William Gibson, Stanisław Lem, Philip Farmer, entre otros.

Quisiéramos dejarles un fragmento de la primera parte de la lectura con la que finalizó esta conferencia del libro Ciberiada de Stanisław Lem, que dejó a más de uno con una enorme sonrisa en los labios y con la esperanza de toparse con él en los mesones de las ofertas:


“Una vez Trurl construyó una máquina de calcular que resultó ser capaz de una sola operación: multiplicaba únicamente dos por dos, dando, encima, un resultado falso. La máquina era, empero, muy ambiciosa y su disputa con su propio constructor casi termina trágicamente. Desde entonces Clapaucio le amargaba la vida a Trurl con sus pullas y sarcasmos, hasta que éste se enfadó y decidió hacer una máquina que escribiera poemas. A este objeto Trurl reunió ochocientas veinte toneladas de literatura cibernética y doce mil toneladas de poesía, y se puso a estudiar. Cuando ya no podía aguantar más la cibernética, pasaba a la lírica y viceversa. Al cabo de un tiempo se convenció de que la construcción de la máquina era una pura bagatela al lado de su programación. El programa que tiene en la cabeza un poeta corriente está creado por la civilización en cuyo medio ha nacido, la cual, a su vez, ha sido preparada por la que la precedió; esta última, por otra, más temprana todavía, y así, hasta los mismos comienzos del Universo cuando las informaciones relativas al futuro poeta daban vueltas todavía caóticas en el núcleo de la primera nebulosa. Para programar la máquina hacía falta, pues, volver a repetir antes, si no todo el Cosmos desde el principio, por lo menos una buena parte de él. La magnitud de la tarea hubiera hecho renunciar al proyecto a cualquier persona que no fuera Trurl, pero al valiente constructor ni se le ocurrió batirse en retirada.”