hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

sábado, 26 de diciembre de 2009

Gobiernos progresisitas y movimientos ambientalistas

¿qué a cambiado con los gobiernos del cambio?

Los variopintos gobiernos progresistas que se han instalado en América
Latina, pese a que su mayor mérito es haber priorizado la inversión
social -tan venida a menos en el largo período neoliberal-, no parecen
estar sintonizando con las cuestiones ambientales tan indispensables
para salvar la vida en el Planeta. Tal parece ser la conclusión a la que
llegan algunos ecologistas del Cono Sur. “Un rápido repaso muestra que
tenemos avances en aspectos normativos como en la Constitución
ecuatoriana sobre los derechos de la naturaleza, la creación del
Ministerio del Ambiente en Perú, el nuevo marco ambiental que se discute
en Chile, pero más allá de estos pequeños casos referidos a la normativa
y el marco legal, la gestión y elaboración de políticas hay un
estancamiento e incluso un retroceso en algunos países en los que se ve
sobretodo la insistencia de flexibilizar las medidas ambientales para
permitir la llegada de inversiones y mantener las exportaciones”,
manifiesta el uruguayo Eduardo Gudynas, investigador Centro Latino
Americano de Ecología Social (CLAES).
Gudynas asevera que los gobiernos progresistas han tenido enormes
dificultades en entender la cuestión ambiental y aún más dificultades
para plantearse nuevos estilos de desarrollo de manera que no impacten
de manera negativa sobre la naturaleza. En el caso de Bolivia, el
Presidente Evo Morales, el 22 de abril de 2009 propuso en la Asamblea
General de las Naciones Unidas la necesidad de adoptar una Declaración
Universal de los Derechos de la Madre Tierra que contiene 4 puntos
básicos: El derecho a la vida, el derecho a la regeneración de su
biocapacidad, el derecho a una vida limpia y el derecho a la armonía y
al equilibrio con todos y entre todos y todo. Sin embargo, casa adentro,
“la política doméstica persiste en su desarrollo extractivo (…) el
Presidente mas de una vez ha reivindicado la necesidad de explotar los
recursos naturales diciendo de qué otra forma vamos a vivir”, señala
Gudynas. “La Constitución boliviana, en el área ambiental, tiene algunos
artículos que implican un retroceso en tanto establecen como mandato del
Estado la industrialización de la naturaleza, por lo tanto, allí se crea
una paradoja: mientras la nueva Constitución ecuatoriana es un paso de
vanguardia en el tema ambiental, la Constitución boliviana, en algunos
artículos mantiene el orden convencional y en otros artículos es un paso
hacia atrás”.
En Argentina la situación no es mejor. El argentino Carlos A. Vicente,
integrante de GRAIN y Acción por la Biodiversidad, señala que “El
gobierno sigue apostando al modelo de saqueo y contaminación que está
emblemáticamente representado por las 20.000.000 de hectáreas de soja
(soya) transgénica que se sembrará este año y por los cientos de
proyectos mineros que se están intentando imponer a los pueblos a lo
largo de toda la cordillera de los Andes”. A lo largo y ancho de
Argentina –agrega Vicente- surgen resistencias y denuncias de
movimientos sociales y comunidades locales. “Pero lamentablemente el
gobierno no supo ver que era en esta alianza con sectores urbanos y
campesinos donde podía encontrar un punto de apoyo para contrarrestar la
potente embestida de la derecha que sufrió el último año a partir del
conflicto con los grandes y medianos terratenientes rurales”. En
Ecuador, el gobierno presidido por Rafael diciembre 2009 Correa puso a
consideración de la comunidad internacional la iniciativa ITT (Ishpingo
- Tambocha Tiputini) consistente en dejar en tierra el petróleo de la
reserva del Parque Yasuní (una de las áreas de mayor diversidad del
Planeta y donde habitan pueblos libres en aislamiento voluntario) a
cambio de una compensación internacional estimada en 350 millones de
dólares. Esta propuesta constituye una iniciativa emblemática para
enfrentar el calentamiento global, un paso adelante para salir de la
lógica extractivista y una opción para construir el buen vivir,
“entendido como la vida en armonía de los seres humanos consigo mismos y
con la naturaleza”1. Sin embargo, la decisión del gobierno de impulsar
la actividad minera lo ha distanciado con los movimientos sociales y
grupos ecologistas que han organizado varias movilizaciones para
oponerse a dichos proyectos considerando que se afectarán las fuentes de
agua y se ocasionará daños medio ambientales irreparables.

- Gobiernos como el del Ecuador – preguntamos a Eduardo Gudynas – dicen
que se necesitan recursos para la inversión social, entonces que se
necesita extraer, porque no hay otra forma de obtener dinero… Eso es
cierto, el problema es que los gobiernos progresistas si cuentan con
recursos, el problema es cómo utilizan los recursos. Por ejemplo, en la
propuesta de Rafael Correa para atender la urgencia agro alimentaria
destinó un paquete de más de 400 millones de dólares, del cual más de la
mitad estaba destinado a subvencionar a los agro-químicos. Eso arroja
dos lecciones: primero que el gobierno tenía dinero y que el gobierno en
vez de utilizar ese dinero en la reconversión del sector agropecuario
hacia una producción de menor impacto y mas directamente ligada a la
alimentación local, lo utiliza para comprar productos cuyo beneficio y
cuya renta, va a terminar en un conjunto de empresas que hacen
agroquímicos, muchas de ellas transnacionales.
- Otro argumento gubernamental es que los recursos que se obtengan de la
actividad minera van a servir para preparar el terreno para llegar a
otra sociedad en la que se abandone el extractivismo y se llegue a una
sociedad de servicios y del conocimiento. Eso puede ser, el movimiento
ambientalista no postula suspender de la noche a la mañana todas las
acciones extractivas, lo que postula es cómo vamos a balancear, cuáles
de ellas van a permanecer y qué modelo de transición va a haber a otro
estilo de desarrollo. Por otro lado tenemos que tomar el ejemplo de
otros países que no tienen sector minero desarrollado, no tienen sector
petrolero desarrollado y tienen niveles de calidad de vida y de equidad
mejores que los de Ecuador, por ejemplo el caso de Uruguay que no tiene
prácticamente minería ni sector de hidrocarburos. Por lo tanto el creer
que es indispensable pasar por una fase de explotación extractivista con
daño ambiental como un paso intermedio a un futuro de desarrollo, no
tiene evidencia empírica comparando con otros países.
- En donde está la clave para desarrollar un nuevo modelo que supere el
extractivismo La clave está en cómo ir rediseñando la estrategia de
desarrollo, una estrategia de desarrollo pos material va a implicar un
plan de transición para ver cuál de esos sectores extractivistas tiene
que ser reducidos y cómo se va a compensar ese desbalance económico con
otro tipo de producción que no tenga ese daño ambiental, genera mayor
valor agregado o mayores beneficios económicos y tiene una mayor demanda
de empleo. El problema con el extractivismo, bajo los gobiernos
progresistas, es que siempre se termina en un discurso del chantaje en
que no tengo otra opción mas que hacer extractivismo hoy porque si no el
país no tiene dinero y no existe evidencia empírica de que esto suceda
porque no todos los países son extractivistas. Además, eso es aceptable
solo en algunos casos y redobla la 1) Acosta Alberto, “La maldición de
la abundancia”, responsabilidad de los gobiernos de turno de Swissaid,
Abya Yala, CEP, Quito, 2009, p. 189. 450 – 451 48 tener esquemas de
transición hacia otro desarrollo. Esto, además, requiere repensar la
integración regional, porque un país aislado no puede abandonar la
estrategia extractivista, debe ser el conjunto de países y por lo tanto
eso hay que comenzarlo a discutir en los bloques regionales, sea en la
Comunidad Andina, sea en el MERCOSUR o sea en la UNASUR no está en la
agenda coordinar políticas mineras, políticas de hidrocarburos o
política agropecuaria. Y tampoco está en la agenda, bajo los actuales
gobiernos progresistas, coordinar la producción para poder salir de la
dependencia global de exportar minerales o hidrocarburos. O sea, la
tarea de la integración es generar una integración autónoma que permita
otro estilo de desarrollo. Coincidencias y diferencias.
- ¿Cuales son las diferencias y discrepancias entre los movimientos
sociales y los gobiernos de izquierda?, preguntamos a Carlos Vicente.
“Creo que la búsqueda de una sociedad más justa y equitativa y el
cuestionamiento al modelo neoliberal son importantes puntos de
coincidencia que han permitido valiosos procesos de cooperación. “El
principal punto de conflicto con los gobiernos de izquierda justamente
es que los fundamentos económicos de los mismos siguen siendo la
explotación de los recursos naturales de nuestro continente. En ese
sentido es claro que las Venas Abiertas de América Latina siguen
sangrando. “En la actualidad se suman a los viejos mecanismos de
extracción de recursos energéticos y minerales las nuevas mercancías
globales que invaden nuestro continente con distintos rostros pero con
los mismos objetivos de alimentar al norte opulento y a quienes viven de
manera opulenta en nuestro cada vez más empobrecido sur. Entonces, ya se
trate de soja, caña de azúcar, palma aceitera, piña, eucaliptus o pinos
estamos viviendo una invasión territorial que desplaza comunidades y
destruye la naturaleza sin que los gobiernos de izquierda (con todas las
diferencias y matices que hay entre ellos) se animen a enfrentar. “En el
mismo sentido, la declarada búsqueda de la Soberanía Alimentaria de
nuestros pueblos no se encara promoviendo una agricultura local en manos
de campesinos e indígenas sino que sigue apelando a modelos de
agricultura industrial que alimentan fundamentalmente a grandes
corporaciones”. Confluencia social –ecologista Los movimientos
ecologistas de América Latina que actúan en el escenario descrito son
muy heterogéneos y muy diversos. Allí encontramos organizaciones urbanas
y rurales, grupos de académicos, líderes sociales, redes nacionales y
coordinaciones internacionales en torno al tema de la minería, la
conservación de áreas naturales, la protección de los bosques, la
defensa de las semillas criollas y contra la penetración de los
transgénicos, la lucha contra el ruido y la contaminación en las
ciudades. Una tendencia que se ha venido gestando y reforzando en los
últimos años ha sido la confluencia entre los movimientos ecologistas y
los movimientos sociales para avanzar en propuestas transformadoras. Por
supuesto, señala Carlos Vicente, existe un ámbito del espacio
ambientalista que persiste en propuestas tecnocráticas y que se ha
aliado a los grandes capitales para avanzar en procesos de privatización
y de ataque a comunidades locales con la que nosotros no solo no
coincidimos sino que permanentemente denunciamos como uno más de los
caminos de agresión a los pueblos. “Pero dentro del espectro de
organizaciones que trabajamos en el marco de la ecología social y la
ecología política no hay duda que el encuentro con movimientos
campesinos, con pueblos indígenas y con movimientos urbanos de base ha
sido uno de los hechos más importantes en la construcción social
transformadora en América latina en la última década”.
- Usted ha planteado una alianza estratégica de los movimientos sociales
y ambientalistas. ¿Cuáles deberían ser los ejes de esa estrategia? “En
ese contexto, la lucha por la Soberanía Alimentaria, por el control por
los pueblos de las semillas y la biodiversidad y contra la apropiación
de la vida a través de la patentes han sido ejes de una convergencia que
aún tienen mucho camino por recorrer. “Estoy convencido que la lucha
contra la explotación de las personas por las personas tiene todo en
común con la lucha contra la explotación de la naturaleza por los
hombres. Y en ese sentido los conocimientos tradicionales de los pueblos
indígenas y campesinos convergen también con las búsquedas de modelos de
sociedad que permitan la convivencia armónica que los movimientos
ecologistas vienen planteando las últimas décadas. Creo que las
propuestas del buen vivir de los pueblos andinos son un ejemplo concreto
de como se está avanzando en un camino común”.
- Recientemente en un taller llevado a cabo en Costa Rica se planteó una
convergencia de movimientos para luchar contra la monopolización de la
vida y el conocimiento. ¿Qué objetivos y cómo debe concebirse esa
convergencia? Esta convergencia de movimientos en la que nos encontramos
ecologistas, campesinos, indígenas, la comunidad de software libre y
diversos actores culturales de nuestra sociedad nace de encontrar que
las amenazas que se sufren en cada uno de estos ámbitos son comunes. Así
es como aparecen los Tratados de Libre Comercio y las Leyes de Propiedad
Intelectual como dos de las herramientas que buscan consolidar el
control corporativo sobre nuestros bienes comunes ya sean estos
semillas, biodiversidad, medicamentos, el patrimonio cultural o los
nuevos desarrollos tecnológicos en software.