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hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

domingo, 25 de octubre de 2009

Lusbi Portillo y la dignidad vista como delito

Por:María de los A. Peña

La dignidad, ya lo sé, trae consecuencias. La dignidad es esa luz del alma que nunca se apaga. Es esa voz interior que te acompaña con autonomía como una fuerza que sostiene y conduce. Y desde esta dignidad es que no te perdonan quienes creen tener ese derecho…buscan acusarte porque el poder sin conciencia, el poder que decreta que quien no está conmigo está contra mí, solo admite una forma de mirada, la sumisa, la resignada.

No te perdonan mi estimado Lusbi, que no puedan encerrarte en una caja ya sea porque eres de un partido o de otro y desde allí acusarte de Malinche, escuálido lacayo o de cualquier otro calificativo. No te perdonan que seas de palabra firme y sin concesiones. No te perdonan que no te conformes con los discursos y que hayas reclamado acciones concretas, materializadas. No te perdonan que seas compañero de años de la lucha por la recuperación de los territorios de comunidades hermanas indígenas. No te perdonan que como aliado hayas apoyado en la tarea de ayudar a comprender las lógicas externas para construir respuestas internas. No te perdonan que hayas hecho tuya y nuestra la pelea de esos indios , “incivilizados, brutos y malandros” [1]. No te perdonan que hayas tenido el “atrevimiento” de denunciar el latigazo del poder sobre la espalda de los Nadies. Estos Nadies que hoy hablan de tierras para la vida, son anulados y juzgados como indios manipulados. Y es que para el poder, venga de donde venga, los Nadies no tienen derecho a pensar por sí mismos. No tienen derecho de articular en verbo lo que su piel ha sufrido por años. No te perdonan que no te hayas prestado para entregar bolsas de comida en los potreros de haciendas para tratar de hacer ver que todo está bien. No te perdonan que no puedan demostrar que tienes carros, propiedades, casas bonitas, cuentas en dólares. No los tienes, jamás los tuviste y nunca los tendrás. No te perdonan que no puedan decir que tu lucha es porque la Patria sea vendida al mejor postor. No te perdonan que tu verbo incendiario haya sido para evidenciar las garras ocultas de las trasnacionales mineras, las alianzas entre ganaderos y poder militar, la mentalidad racista y colonial de funcionarios. No te perdonan que tu única alianza sea con la verdad, con esa dura verdad que le ha revelado a la opinión pública nacional, quienes han sido y son los enemigos de la Sierra de Perijá: minería, carbón, terrofagia, narcotráfico, poder.

Pero somos muchos y somos muchas quienes sabemos al menos un poco de lo que tus ojos han visto: esas indias desnutridas que cargan a sus hijos casi muertos desde las montañas de la Sierra por una simple gripe; la denuncia de los barí electrocutados por el alambre aleja ganados de las haciendas; las lagrimas de esa mujer indígena yukpa (hoy por cierto viceministra en la zona) quien fue imputada por ganadero por “invadir” su rancho y que salió libre luego de las denuncias que hicieras, y del abogado aliado a quien le dijiste; el testimonio de los hijos de esos indígenas desaparecidos, sus cuerpos jamás hallados ni buscados en los caminos que dejan las haciendas. Somos muchos y somos muchas quienes nos hemos solidarizado con la Sierra y sus guardianes, porque la primera vez que subimos lo hicimos de tu mano. Yo te conozco en los espacios de lucha y en las conversas que surgen de la confianza cuando una se permite decir, llorar, gritar de rabia ante las injusticias, de discutir nuestros desacuerdos, de reflexionar nuestros errores… Te conozco de hacer juntos caminatas de horas a pie en la sierra, caminatas donde lo único que podíamos entregar era un intento de presencia solidaria en comunidades aisladas por el discurso y la condena de funcionarios, ganaderos y militares. Te conozco y profundamente te quiero y respeto.

La dignidad tiene sus consecuencias: mas somos las y los indignados de que sea criminalizada la solidaridad y más somos quienes estaremos acompañando a los indígenas, a los campesinos y campesinas, a los obreros y obreras. QUE VIVA PUES LA REVOLUCION, LA SOSTENIDA POR LA FUERZA INDOMITA DE LA CONCIENCIA Y DE LA DIGNIDAD.



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