hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

sábado, 31 de octubre de 2009

Para entender algo de este país entiéndase un poquito del problema del Perijá

Por: Roland Denis
(parte I)
Al reventar de nuevo el problema del enfrentamiento del estado y los terratenientes (orden constituido y capital) contra la resistencia del pueblo Yukpa en la Sierra fronteriza de Perijá (ese pueblo que quiere producir su propio orden de liberación) salen a flote problemas de fondo que trascienden de hecho el enfrentamiento local como tal y muestran sin querer elementos que están en el centro de los conflictos gruesos a nivel nacional. No queremos hacer ningún recuento de las cosas que muchos documentos han precisado con exactitud.
Simplemete precisemos dos cosas: existe aquí un primer problema histórico que se manifiesta fundamentalmente en la lucha por la tierra, entre el capital terrateniente expropiador y el espacio vital y ancestral defendido por los pueblos Yukpa, Bari y Wayuu.
El problema llegó al punto de convertir este despojo violento propio de toda acumulación originaria de capital en un hecho cumplido, produciendo de hecho “un nuevo orden” donde los pueblo indígenas pasaron en el mejor de los casos a ser objeto de reconocimientos y misericordias y los terratenientes los verdaderos sujetos de derecho que han de ser atendidos desde el punto de vista del respeto al productor necesario a los intereses nacionales. Estos son la nación real y hegemónica los otros la basura marginal que la historia nos ha dejado.
Esta situación comienza a variar con la caída del la IV república y el advenimiento de la esperanza que ha significada lo que llamamos “revolución bolivariana”. Efectivamente las luchas de siempre empiezan a tener nuevos bríos y la resistencia indígena, apoyando plenamente el “gobierno de la revolución”, se lanza al rescate de su espacio vital del cual ha sido despojado, contribuyendo además con un cambio radical de visión sobre la utilidad, modos de vida, perspectivas y modos productivos de una futura tierra recuperada por los indígenas. En otras palabras, los indígenas junto a quienes han acompañado sus luchas palmo a palmo, vierten todo un nuevo imaginario sobre esa tierra liberada de explotadores que no es otra cosa que la forma particular en que el pueblo indígena sueña la propia revolución bolivariana.
Aquí estamos todavía dentro de un clásico problema histórico que se repite por todo el territorio nacional y que de hecho se transformó en una de las razones principales de la ofensiva popular que comienza con el mismo siglo: la recuperación de la tierra, la creación de un nuevo proyecto de apropiación territorial y de nuestra soberanía, que logra en alguna medida ser reconocido en el nuevo sistema legal tanto a nivel constitucional como a nivel de la nueva ley de tierras (argumento por cierto que sirvió de inicio a la reacción fascista de aquellos primeros años) convirtiéndose a lo largo de estos diez años y de manera fragmentaria en conquistas reales logradas al menos por una franja del campesinado, mientras la mayoría de las comunidades indígenas aún esperan pasivas la reivindicación de sus derechos territoriales.
Sin embargo estamos todavía a nivel en un conflicto que se mueve sobre tierra, sobre el suelo, sobre aquella parte visible del territorio que se transparenta a nuestra vista y que además delata el gran conflicto por la tierra desde la conquista hasta hoy. Un conflicto que además, por lo general, no solamente en el Perijá, confronta una clase campesina o indígena con franjas relativamente secundarias del capitalismo nacional, por la poca fuerza que este tiene dentro de nuestra realidad petrolera y rentaria. Razón por lo cual, aún con mucha sangre de por medio, el gobierno efectivamente se ha dispuesto a apoyar a las clases oprimidas y expropiar con cualquier catidad de “pacíficas y lucrativas negociaciones” a los capitalistas nacionales.
La pregunta entonces es obvia ¿pero entonces si en alguna medida han habido avances a nivel campesino y el problema de la tierra agraria, porqué carajo no pasa lo mismo en el Perijá, se termina de expropiar a los expropiadores se le otorga a los indígenas los derechos que ya son constitucionales y ya?. En el discurso de ultraizquierda que se dió hace unos días nuestro tierno ministro del interior lo único que faltaba es una llamada de Chávez donde a la final, como ha hecho en otras ocaciones, el comandante decide llevar a efecto esas expropiaciones y las anuncia con bombos y platillos bajo la algarabía de todos. ¿Y porqué no se da esa llamada que estaría en perfecta lógica con el discurso “proletario”, “indigenista” y “antiterrateniente” que se estaba echando el amigo Tarek.
Es que aquí entramos en el problema sustancial. Lo que era el lugar del conflicto principal y ancestral nuestro, la tierra en su superficie, hoy en día, aún con todas las razones para avanzar en ese conflicto en todos los planos, urbano, rural, indígena, y ser de alguna manera el conflicto cardinal en la cotidianidad de millones de compatriotas: su espacio vital, su espacio de expansión comunitaria, autogobernante, productiva, sin embargo, este pasó a ser una contradicción donde todavía no estamos viendo el problema fundamental que se juega en nuestra tierra. Ese conflicto no está sobre la superficie terrestre está en el subsuelo territorial. No está directamente en los medios de producción porque no hay muchos o están muy desgastados, y pasa directemente al subsuelo, continuado lo que ha sido nuestra condición de ”tierra de saqueo desde la invasión de los Welser en el siglo XVI hasta la era petrolera, solo que ahora se extiende a gasífera, auríferera, uránica, carbonífera, etc, etc. Es un conflicto que además ya no enfrenta al capital nacional y el pueblo sino directamente al pueblo con el capital transnacional sobretodo de las neopotencias del mundo ( grandes capitales rusos, chinos, brasileños, europeos y también gringos) y su nuevo gran aliado, parido en estos años revolucionarios: el estado corporativo burocrático y militarizado que como proyecto ya domina gran parte del poder constituido incluido el gobierno.
El problema del porque entonces no le dan su tierrita, se les reconoce su derecho a su territorio nacional, a los Yukpas, tiene algo que ver con los intereses terratenientes que influyen sobre el gobierno y tuercen posiciones en favor generalmente de la reforma territorial y agraria, pero el conflicto mayor está bajo el suelo. Ese suelo que ahora lo custodian unos terratenientes o “bolivarianísimos” pequeños propietarios pero que serán igualmente barridos de allí el día en que se transparente el verdadero lío que está bajo “sus” tierras y se impogan los que realmente dominan el mundo capitalista y globalizado de hoy. El gran pecado de los indígenas en el Perijá no está entonces en haber enfrentado intereses de unos capitalistas marginales, el gran pecado es que en el medio de su lucha por la tierra sacaron a flote el problema del subsuelo, primeramente oponiéndose a la explotación de más minas de carbón y luego develando lo que son los grandes planes de explotación previstos en superplanificaciones continentales a imagen y semajanza de los grandes intereses transnacionales como es el caso del Tratado del IIRSA, ya suscrito por Venezuela.
En otras palabras, el problema sustancial o la contradicción principal se desplaza de su lugar histórico terratenientes-indígenas a ubicarse fundamentalmente en la contradicción entre ese estado corporativo y transnacionalizado en formación y aquella franja del pueblo como es el caso de los Yukpas, que aspiran construir su propio orden autogobernante.
Por ello es tan representativo del conflicto de clases planteado a nivel nacional este caso del Perijá. No hay problema para el estado de atacar ciertos intereses oligopólicos y monopólicos nacionales, convirtiéndolo en reivindicación revolucionaria y socialista, y de allí cualquier cantidad de adornos discursivos. Pero por favor no se me metan con el gran negocio del subsuelo, ese es el gran negocio de este país y la cosa está bellísima porque todos los días aparecen más riquezas. Si decimos por ejemplo que no sería nada raro que el gran proyecto “capitalista” del Perijá no tiene nada que ver con estos fascistas ganaderos y sus sicarios, sino con la posibilidad de hacer de ese terriorio el punto de partida de una burguesía ligada a la explotación de la energía nuclear, no estamos en mal camino. Para ello no tenemos ninguna prueba concreta, pero es un escenario completamente factible ratificado por los anuncios ya hechos por Chávez y su juego con Lula en la creación de un continente “nuclearizado” y dirigido por la gran burguesía brasileña.
Vaya igual con el carbón y la generación de acero, etc, etc. ¿Cómo se entiende carajo que un tipo tan requete identificado con estos intereses del “subsuelo” y tan atacado por todos los frentes populares como Martínez Mendoza, siga siendo el gran representante de gobierno en el Zulia y jefe de Corpozulia?. Porque ese es el hombre clave de estos intereses en la zona e impuesto por ellos. ¿o no es así la situación de todo estado capitalista?. Es exactamente lo mismo que pasa en Guayana y el gran gobernador “bolivariano” que dirige ese estado, perfecto traidor de las luchas del 2002, pero gran representante de los intereses del “subsuelo” en aquella zona. Imaginen lo que esto supone a nivel del problema de las reivindicaciones territoriales indígenas…sigo después