hOY ATARDECÍ PENSANDO...

hOY ATARDECÍ PENSANDO... el cacique SABINO ROMERO es el niño que grita "el rey está desnudo...el rey está desnudo..."

sábado, 20 de junio de 2009

¿A CUÁL MARX SE REFIERE UD.?

El pasado mes de junio escribíamos un artículo que titulamos ¿De cuál Gramsci hablamos? motivados al uso y abuso de los aportes del kamarada italiano a la construcción de una teoría revolucionaria, encaminada a superar el planteamiento liberal de la lucha por la libertad (de expresión, de información, etc) para ubicarse en la búsqueda de la liberación de los pueblos, vista ésta como la supresión de todas las opresiones (racial, de género, étnico, adulto-centrismo, etc).
Resaltábamos como en forma errada se le atribuye a Gramsci propuestas como ´ partido de masas formador de cuadros ´ o de una ´ hegemonía comunicacional ´ conformada por burócratas manejando todos los aspectos de la vida nacional. Ahora consideramos necesario volver a escribir cuando escuchamos calificar al viejo Marx como un determinista y como aplaudidor del coloniaje, esto no sería preocupante sino fuese porque se trata de la palabra presidencial, la cual inmediatamente es repetida por una clase social que se ha constituido a la sombra del chavismo, a la cual por consideración no nos atrevemos a descalificar, sino que la calificamos tal cual la vemos: jalabola, acomodaticia y repetidora de cuanto se le ocurre decir a nuestro presidente.

El pasado mes de junio escribíamos un artículo que titulamos ¿De cuál Gramsci hablamos? motivados al uso y abuso de los aportes del kamarada italiano a la construcción de una teoría revolucionaria, encaminada a superar el planteamiento liberal de la lucha por la libertad (de expresión, de información, etc) para ubicarse en la búsqueda de la liberación de los pueblos, vista ésta como la supresión de todas las opresiones (racial, de género, étnico, adulto-centrismo, etc).
Resaltábamos como en forma errada se le atribuye a Gramsci propuestas como ´ partido de masas formador de cuadros ´ o de una ´ hegemonía comunicacional ´ conformada por burócratas manejando todos los aspectos de la vida nacional. Ahora consideramos necesario volver a escribir cuando escuchamos calificar al viejo Marx como un determinista y como aplaudidor del coloniaje, esto no sería preocupante sino fuese porque se trata de la palabra presidencial, la cual inmediatamente es repetida por una clase social que se ha constituido a la sombra del chavismo, a la cual por consideración no nos atrevemos a descalificar, sino que la calificamos tal cual la vemos: jalabola, acomodaticia y repetidora de cuanto se le ocurre decir a nuestro presidente.
Si esta opinión la emitiese cualquier otro ciudadano de este país le diríamos algunas cosas, pero por tratarse del máximo conductor de este proceso y por respeto a eso, nos eximimos de decirle: “Perdone hermano, pero Ud. nunca ha leído a Marx”.
¿Qué planteamiento de Marx puede llevar a un estudioso de su teoría a calificarlo como determinista? ¿Será tal vez en los Grundrisse, donde justifica la esperanza comunista sin engañarse sobre la inminencia del proceso, pero acentuando su necesidad subjetiva? ¿Quizás en El Manifiesto Comunista, donde asume su militancia política? ¿O acaso en El Capital, la mejor crítica a la economía política hecha desde la ideología y el compromiso político, caracterizado por el Che como monumento de la inteligencia humana? Querer reducir la teoría marxista, a un artículo sobre Bolívar, es como pretender rechazar ideas porque no me gusta el color de la piel del articulista, o porque es un tipo que le pega a su mujer.
Marx planteó en todo momento la lucha de clases para lograr la liberación de los pueblos. Asumirlo dentro de las ideas del llamado socialismo real, con la figura de Stalin a la cabeza, es realmente ridículo por decir lo menos. Fueron Kaustky y el marxismo ortodoxo de la II Internacional quienes pregonaron que el pasaje a una sociedad no capitalista se lograría de una forma automática, casi evolutivamente y que indeteniblemente después del capitalismo el mundo todo se dirigirá al socialismo.
Este supuesto durante muchos años fue asumido por los diferentes partidos comunistas del mundo, a través de la teorización de Louis Althusser y que en Nuestramérica se nos presentó con infinitos manuales donde Martha Hanneker, destacada teórica de nuestra revolución bolivariana, traducía a Althusser. Este manualismo trajo como consecuencia la suspensión del estudio de diferentes pensadores que asumieron el marxismo en forma crítica, pero sin renegar de él (Gramsci, Lukács, Mariátegui, etc).
Se subestimaron las luchas contrahegemónicas. Se menospreció el gran sueño del Che, la batalla cultural por la creación del hombre nuevo. A través de dichos manuales convertidos en ideología oficial el mercado se transformó en el demiurgo mágico cuyo desarrollo y expansión posibilitaría alcanzar al capitalismo y disputarle en su mismo terreno, dejando a un lado la lucha por la creación de una nueva subjetividad.
Fue sólo a partir de la Revolución Cubana cuando se abrió una puerta que nos alejó del dogma soviético, de la revolución del proletariado, luego apareció la Revolución Sandinista, el Movimiento Sin Tierra, el Movimiento Zapatista, la FARC y el ELN, cada uno respondiendo a su propia realidad y asumiendo la resistencia a un nuevo capitalismo, no salvaje sino caníbal, bajo cuya sombra los pueblos no quieren seguir muriendo. Esto tampoco encierra contradicción con Marx ni con el método marxista, Marx planteó que la solución era el socialismo, pero no nos dijo como hacerlo, cuando le preguntaron respondió: “… no, yo no soy cocinero para elaborar recetas para el futuro…”, es decir no hay una metodología sistematizada, cada pueblo deberá crearla de acuerdo a sus propias realidades.
Para quienes fuimos amamantados en las ubres del marxismo nos resulta difícil de entender que una persona se asuma revolucionario, socialista, pero no marxista. Si el socialismo debe direccionarse hacia las relaciones de producción y no existe en la historia de la humanidad un método más claro y profundo para su análisis que el método marxista, como podemos construir ese socialismo sin tomar en cuenta al marxismo. ¿Será que lo que llaman Socialismo del siglo XXI no es más que una mezcla de conceptos sin definiciones que tiene como axioma lo que decía el filósofo Eudomar Santos: “como vaya viniendo vamos viendo”? Tampoco se trata de ser dogmáticos y plantear que Marx está fuera de toda discusión, al contrario el método marxista sirve hasta para cuestionar a Marx, en cosas que han perdido vigencia, sin quedarse apegado a la letra. El marxismo reconoce su historicidad por lo tanto no tiene axiomas eternos. No hay historia lineal en el marxismo. Es simplemente la unidad indisoluble entre teoría y práctica.
No es la primera vez que alguien trata de matar a Marx, en 1989 como tantas otras veces muchos lo dieron por muerto, la burguesía y la oligarquía festejaron el fin de la historia, cuento que se creyeron los traidores y renegados, pero una vez más volvió con su melena blanca acompañando al pueblo de Caracas, de Chiapas, de Brasil, apareció en las calles del norte al lado de los movimientos antiglobalización y nos acompaña ahora en este proceso bolivariano. Nosotros no somos ni seremos militantes del ´ chavismo sin Chávez ´, tal vez si del ´ Chávez sin el chavismo ´, caracterizado éste en toda esa caterva de manipuladores, embusteros, ineficientes y corruptos que medran al amparo del proceso revolucionario. Ahora bien, menos vamos a ser partidarios del marxismo sin Marx, no vamos a plantear un sistema de transformaciones profundas en la sociedad bajo los aportes de Gramsci, Mariátegui, el Che, Rosa o Lenin dejando a un lado a Marx bajo el absurdo argumento de un supuesto determinismo. Una cosa es el llamado marxismo-leninismo construido después de la muerte de Lenin, para auto legitimarse el stalinismo, y otra muy diferente el pensamiento vivo de Lenin y Marx.
El gran aporte de Marx, y que de ninguna manera debemos despreciar, es el llevar el método dialéctico hegeliano al estudio de la sociedad, estructurándolo a partir de la totalidad, de las contradicciones y también de la historia. El método marxista no ha sido derrotado, la derrotada fue la ortodoxia soviética y su deformación del marxismo, que por cierto entre otras cosas planteaba que había que desarrollar las fuerzas productivas para lograr un alto nivel de vida y cubrirle todas sus necesidades al hombre, para que luego adquiriera conciencia. Ésta idea hoy en día muchos la compran en Venezuela. Nosotros nos quedamos con el Che: «si el comunismo olvida los hechos de conciencia, puede ser un método de repartición, pero no es más una moral revolucionaria. La revolución «se hace a través del hombre, pero el hombre tiene que forjar día a día su espíritu revolucionario». No pretendemos dictar un taller sobre marxismo en este ensayo, sólo llamar la atención sobre la inconveniencia de hacer afirmaciones que puedan influir en que nuestro pueblo deseche su estudio como herramienta metodológica para el análisis de la sociedad.
En un proceso como el que se desarrolla en Venezuela, sui generis por demás, donde se da un golpe de estado y el pueblo sin más armas que una férrea voluntad por recuperar a su líder, derrota a los golpistas en menos de 48 horas, y donde la palabra presidencial es asumida por gran parte de ese mismo pueblo como indiscutible, es necesario que esa palabra se asuma con toda la responsabilidad que ella encierra. Vemos por ejemplo que se menciona a Rosa de Luxemburgo sólo por el título de su ensayo Socialismo o Barbarie, en forma abstracta; sin embargo, en ese ensayo Rosa, marxista convencida, expresó: “No vamos indeteniblemente hacia el socialismo ni la crisis del capitalismo es ineluctable (algo contra lo que no puede lucharse), ni vamos hacia la eternidad del capitalismo, la historia está abierta, lo que decide el rumbo es la lucha de clases”, para ella efectivamente la alternativa es Socialismo o Barbarie, pero no está predeterminada.
Si solamente leemos pequeños resúmenes de la obra de todos estos kamaradas, entonces cuando Rosa de Luxemburgo indica: “La utopía va dirigida a que en el futuro cuando se estudie el capitalismo este sea visto como un breve paréntesis entre el comunismo primitivo y el comunismo del futuro”, podríamos concluir erróneamente que Rosa era determinista. Lo misma pasa cuando estudiamos a José Carlos Mariátegui o a Antonio Gramsci quienes evidentemente fueron más allá de Marx pero dentro del marxismo, interpretándolo cada uno de acuerdo a la realidad de cada región en particular.
Hablamos de cada región y no de cada país, en forma expresa para plantear desde el punto de vista marxista, una idea contraria a lo que hemos venido escuchando en los últimos meses sobre un supuesto socialismo a la venezolana. Se pretende que el socialismo puede construirse y perdurar en un solo país rodeado de países capitalistas. Nosotros creemos que nunca será posible construir el socialismo en forma aislada, por lo que no puede hablarse de Socialismo del siglo XXI, sino de Socialismos en el siglo XXI.
No se trata de simple semántica sino que observamos en la actualidad dos planteamientos sobre un mismo objetivo, construir el socialismo. Una de ellas es el Socialismo Bolivariano que pareciera convertirse en un socialismo burocrático, construido desde el poder. La otra es el Zapatismo, el cual no se plantea la toma del poder como objetivo.
El subcomandante Marcos nos refiere:” “Nosotros apostamos a una premisa fundamental: no a la toma del poder, no a los cargos gubernamentales, no a los puestos de elección popular, y vamos a ver qué tipo de políticos produce una organización de esa naturaleza”.
Sobre estas dos concepciones habrá que generar la polémica y no el debate, a través de la crítica reflexiva y no de la apología acrítica, para construir una nueva subjetividad, antimperialista, antiburguesa, anticapitalista, antiautoritaria y antipatriarcal, es decir, socialista, la cual jamás fue ni será fruto de un decreto administrativo. Sobre polémica y no debate escribiremos más adelante por ahora cerraremos con la ayuda de Rosa de Luxemburgo:”No pensemos también nosotros en adoctrinar al pueblo, mantengamos una buena y leal polémica. Demos al mundo el ejemplo de una sabia y previsora tolerancia, pero, dado que estamos a la cabeza del movimiento, no nos transformemos en jefes de una nueva intolerancia, no nos situemos como apóstoles de una nueva religión, aunque ésta sea la religión de la lógica”. La revolución no es un concepto sino un proceso que involucra acción; es decir, la revolución es un verbo y no un sustantivo. Lo negativo, la destrucción, puede decretarse; lo constructivo, lo positivo no.
24 de julio de 2007

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